diciembre 2, 2020

Más sobre el nuevo gabinete

El nuevo gabinete, en muchos aspectos fue una sorpresa. El Presidente dio la característica del mismo y dijo: “este es un gabinete político”; importante declaración cuando todos bien sabemos que uno de los objetivos es la industrialización. ¿Es una contradicción? Desde nuestro punto de vista es más bien una afirmación del interés que el Presidente ha puesto al hecho político.

Nos explicamos. Las elecciones de gobernadores y alcaldes, para el mes de marzo, han sacado a luz todo lo podrido de las ambiciones personales –típico de los políticos tradicionales– afectando a todas las organizaciones sociales que no han crecido en su solidez ideológica y mantienen la mirada del poder como una oportunidad de hacer negocios, en contra de lo que el propio Presidente recuerda en todo momento: “la política no es para servirse del pueblo, sino para servir al pueblo”; este es un primer aspecto que destacamos del nuevo gabinete y su contexto.

Un segundo aspecto es la señal, inequívoca, que hemos dejado atrás la tecnocracia, señal clara de que la política define la economía y no al revés, como fue en los tiempos neoliberales. Por supuesto, esto no significa que no se aumenten las becas para que nuestros mejores bachilleres o profesionales se formen científica y técnicamente, aquí o en el exterior, porque son una pieza fundamental para lograr el bien común.

Respecto a la economía debemos decir que desde finales del siglo XX existen miradas que se salen de las posturas dogmáticas del mercado y buscan devolver el rostro humano a la economía, algunas de ellas son las de Bernardo Kliksberg, el indú Amartya Sen y recientemente Christian Felber (La Economía del Bien Común).

En el modelo boliviano, la redistribución de la riqueza es el eje central de la política económica. Para los economistas neoliberales la redistribución es un “derroche”, por supuesto, esa era la riqueza que se concentraba en pocas manos transnacionales, dejando migajas para sus técnicos locales y el famoso “derrame” del que no llegaba ni una gota al pueblo.

La alternativa económica y social, para superar la crisis mundial, se encuentra en los pasos que estamos dando, con tropiezos naturales en toda construcción histórica. Los soportes fundamentales de este proceso son las organizaciones sociales aunque muchas de ellas se han dejado atrapar en la comodidad de una burocracia inactiva.

Las palabras de Evo Morales son una interpelación a todos los componentes del campo político, incluidos los partidos opositores, para devolverle a la política su característica de constructora de futuro, con líderes capaces e ideológicamente comprometidos con la comunidad, con líderes sindicales orientadores en el camino del Suma Qamaña.

Frente a los neoliberales que viven de la política, pero que esconden la política en sus discursos de “progreso y modernidad”, nos parece muy acertada la afirmación de que el Ejecutivo, a través de su gabinete, vaya a hacer más política.

Es innegable que en este proceso de afirmación democrática se haya avanzado, hemos dejado atrás la inestabilidad social y económica, y no es como algunos opinadores declaran que se trata simplemente de la “suerte” por los precios favorables de nuestras materias primas; su miopía no les permite ver el modelo que se ha desarrollado, la decidida idea de cambio en los máximos dirigentes de este proceso y la confianza que el pueblo ha depositado en este modelo.

Devolver a la política su sentido (el bien común) es devolver al pueblo la capacidad creativa, muy necesaria en los días que corren, porque para nadie es desconocido que nuevamente los intentos destabilizadores tomarán forma. Venezuela y la Argentina son los espejos en los que debemos ver estos intentos claramente identificados por esa derecha que no duerme. Y para salir airosos solamente podemos decir: ¡más política, más revolución!


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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