junio 19, 2021

¿Quién acusa a Nemesia?

El proceso descolonizador despierta las más abyectas pasiones en los colonizados, especialmente cuando la imagen del otro considerado inferior emerge como poder, eso fue lo que pasó con el sujeto “pueblo originario” en todas sus variantes.

Los ministerios que antaño eran cotos de caza de las élites regionales, se vieron inundados de ponchos y polleras, lo que irritó a los colonizados de siempre que, agazapados, esperaban el momento oportuno para salir de sus madrigueras y dar los zarpazos del odio acumulado.

El cuerpo de Nemesia Achacollo es ahora presa de la inquisición colonial, todos los representantes de las mentes atravesadas por los viejos complejos señoriales afilan sus garras para mutilar, desollar y matar ese cuerpo que los humilla y demuestra su decadencia e incapacidad.

Por la silla que ocupó Achacollo pasaron ingenieros, banqueros, empresarios que nunca dieron soluciones para mejorar la producción agropecuaria del país; ahí también estaba Alejandro Almaraz, como Viceministro de Tierras, fuerte cuestionador de las políticas agrarias de hoy que usufructuó del poder y ahora se rodea de los nuevos patrones.

Esa silla les permitió a otros quebrar al Estado, como cuando se gastaron toda la plata del Banco Agrícola y todos los bolivianos subsidiamos a lo que hoy conocemos como “agroindustria”, en lo que fue un saqueo frontal de la oligarquía terrateniente y, por supuesto, en esos tiempos nadie se atrevía a llamarlos por su nombre: ¡ladrones! Las bayonetas mantenían las bocas cerradas y las plumas hipotecadas.

La falsa demanda acuñada en la frase “se robaron nuestro dinero”, encierra un engaño típicamente colonial, hacer creer que ese dinero era “de todos”, tamaña mentira no ha sido aclarada por quienes debieron hacerlo en su momento, ese dinero era y es de las comunidades y pueblos originarios, les pertenece por Ley, exactamente como el dinero que hoy día gastan las universidades sin rendir cuentas a nadie ¿Alguien cuestiona a la universidad y sus gastos? Ese sí es el “dinero de todos”.

No faltan los “felipillos” modernos que se compran el discurso del colonizador, porque tienen el colonizado muy adentro, por eso no les importa torturar el cuerpo de la hermana ni ser la mano que ejecuta por orden de los otros.

Estamos en tiempos interesantes, de contradicciones, donde la niebla colonial se va disipando poco a poco para divisar en toda su plenitud el arcoíris del futuro/pasado, la paciencia es nuestra fuerza, no tenemos desesperanza, no estamos apurados, cinco siglos son testigos de nuestra tenacidad.

Los argumentos que califican de ladrones a los dueños de esta tierra, causa risa, esos adjetivos son los ecos de los viejos encomenderos que buscan estar vigentes, son los ecos de los viejos patrones de hacienda que no soportan que sus pongos sean ministros, pero también son las voces de los “rosca wawas”, de aquellos que alguna vez pensaron como “revolucionarios” y terminaron en sus viejas cunas de plata, añorando volver a esos días, cuando tenían imillas para jugar. Esas son las voces que dicen: “Nemesia ladrona”, “Nemesia a la cárcel”.

Durante muchos años el llamado feminismo tuvo como bandera el “empoderamiento de la mujer”, y cuando la mujer de carne y hueso indígena se empoderó, ese feminismo le volvió los ojos y se aferró a la diferencia de esa “otra” que no era igual, en los términos sociológicos del darwinismo social.

Ese cuerpo de Nemesia-pueblo indígena, mal trecho y ya vilmente torturado, es la imagen que debe recordarnos que estamos en una batalla muy singular, donde el enemigo se encuentra en los cerebros colonizados –como en la mente de María Galindo que se compara con Bartolina Sisa–, en mentes racistas que persiguen el poder, estén donde estén.

Es por ello que no es fácil lidiar con este enemigo invisible que circula por los pasillos escolares, reza en las naves de Iglesias Católicas, se escurre en las aulas universitarias y desayuna en los más selectos locales de nuestros centros urbanos.


* Escritor e historiador potosino.

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