diciembre 5, 2021

El contenido reaccionario de la masa

La sociedad boliviana es una que vive sus crisis políticas hasta las últimas consecuencias. Aquel espíritu maximalista, subestimado por anteriores gobiernos, fue el que hizo posible el nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia. “Hasta las últimas consecuencias” era la frase que acompañaba los estribillos de las marchas que dieron al traste con el antiguo régimen y bien podrían ser las palabras que coloquen la última piedra sobre un sector cuya legitimidad se ha visto seriamente cuestionada durante los últimos años.

Que las organizaciones sociales pasaron de un momento de ebullición y movilización con resultados políticos efectivos a una fase más concentrada en sus intereses sectoriales no es una novedad para nadie. No obstante, ningún sector había llegado tan lejos. El costo, los tres cuatro muertos, ya hace dudar a Bolivia entera sobre la justicia de su causa. Sobre todo cuando las banderas se presentan como populares, pero en contra de los sindicatos.

La masa también puede tener contenidos reaccionarios. Zavaleta apuntó dicho carácter reaccionario en el pueblo y en la propia democracia ejemplificándolo con el caso de Hitler. El pueblo boliviano es capaz de mucho, desde lo sublime hasta lo atroz.

Pero la necesidad de regular la actividad de las cooperativas va más allá del imperativo de formalizar, en lo posible, la actividad económica de Bolivia. Expresa que el Estado Plurinacional debe sobrepasar sus propios límites si es que quiere que los cambios de las últimas décadas sean permanentes y no sólo un momento de progresismo destinado a extinguirse, como tantas veces nos ha sucedido.

Bolivia entro con mucha gloria al siglo XXI, producto de la política de las calles, de la voluntad popular. Pero no toda movilización social expresa aquel sentido popular y democrático. Podrías haber millones de cívicos en las calles, pateando indígenas y humillando campesinos. Aquel elemento cuantitativo difícilmente podría sellar como democrática a una movilización.

Por ello, no debe haber dudas de que las demandas y los métodos de Fencomin y los cooperativistas no son democráticos, no son populares ni mucho menos revolucionarios. Son la expresión de la reacción, tan poderosa y fatal como puede serlo, cuando los intereses de un pequeño grupo de personas tratan de imponerse ante el desarrollo de una sociedad.

Poca reflexión merecen las palabras de muchos dirigentes y activistas de oposición que tratan de culpar al gobierno por las muertes acontecidas en Panduro, tratando de conseguir réditos políticos hasta de las más calamitosas situaciones. Es muy probable de que su oportunismo impulse sus desfallecidas carreras partidarias, por lo que sólo queda condenar con repugnancia a aquellos que desean levantarse sobre muertes que afectan a todo el país.

Bolivia se democratiza todos los días. La sindicalización de las cooperativas tendrá resultados de largo plazo que beneficiarán las vidas de muchos trabajadores. La sociedad boliviana debe expresarse, de forma auténtica, a favor de todo paso que vaya hacia adelante y no hacia atrás.

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