por: H. Ernesto Sheriff B.
La historia general y económica entre Chile y Bolivia está marcada políticamente por el conflicto. Sin embargo, a pesar del problema marítimo y otras cuestiones históricas no resueltas, existen elementos como la cercanía geográfica, las dotaciones de recursos naturales, las vinculaciones físicas y la importancia de los puertos chilenos pertenecientes otrora a Perú, que tornan en inevitable una relación de largo plazo entre ambos países. El rol del sector privado en estos países es tan o más importante que el rol jugado por los diferentes gobiernos en Chile y Bolivia.
El rol del sector privado
La dinámica empresarial, ha dado a la relación Chile – Bolivia un matiz de complementación que asegura una relación de largo plazo. Sin embargo, el resultado de esta relación es que ambos sectores privados (el chileno y el boliviano) han sido funcionales secularmente hablando y la Guerra del Pacífico no fue más que una manifestación (dolorosa) del acrecentamiento de dicha funcionalidad. Bolivia ha sido importante siempre para Chile desde el punto de vista económico y Chile, para Bolivia, es más imprescindible desde que éste le arrebatase su salida a los puertos peruanos.
La relación entre los sectores privados de estos países se hizo notoria a mediados del siglo XIX a partir de los descubrimientos de guano y salitre en el litoral boliviano y sur del Perú y, el renacimiento de la minería de la plata en las zonas de Oruro y Potosí. Mientras que el guano y salitre pertenecían a Bolivia, el sector privado chileno hizo un lobby a todo nivel para poder explotar dichos yacimientos con total libertad, entendiendo ellos libertad a la no existencia de impuestos ni trabas al comercio. El impuesto decretado por Hilarión Daza provocó, desde el simple cálculo privado, que la relación costo beneficio en presencia del impuesto determinaba que le era más favorable al sector privado chileno pertenecer a Chile que entenderse con Bolivia, y la invasión ya no era una posibilidad sino una necesidad, mucho más si se toma en cuenta la alianza con el sector minero boliviano que en el corto boom de la plata, necesitaba una infraestructura económica que le permitiese aprovechar dicha coyuntura y que la empobrecida Bolivia era incapaz de crearla, haciendo de la guerra, especialmente perder la guerra, una oportunidad imperdible. Fue decisión de las élites empresariales bolivianas, en franca coordinación con sus similares chilenas, el no aceptar la cesión de Tacna y Arica en las negociaciones ya que ello no les garantizaba la infraestructura para una pronta exportación de los minerales. No sólo se necesitaba un puerto, también se necesitaba un ferrocarril, estabilidad política, capital de operaciones y compradores y eso, Chile e Inglaterra lo ofrecían.
Así, el Tratado de 1904, de todos los escenarios posibles, era el mejor para Chile, y en ello, las élites de ambos países jugaron un rol muy activo. Firmado el acuerdo, los años venideros habrían de ver un hermanamiento de ambas élites en un contexto de libertad económica, gobiernos afines y complementariedad a todo nivel.
Desde 1904 hasta nuestros días las relaciones comerciales entre los sectores privados de ambos países se desenvolvieron en un marco de normalidad y desconocimiento de los problemas políticos, históricos y militares, en una conexión dinámica no afectada por roces de índole político, tal como anota el investigador Quitral Rojas (1).
La complementariedad es integral, no limitada solamente al comercio de bienes, cuya balanza comercial es ampliamente favorable a Chile, si no también, al movimiento de capitales cuyo balance es inverso, es decir, fuertes ingresos de capital chileno a Bolivia. En ese contexto, siempre fue alentada por Chile la existencia de acuerdos comerciales (alcance parcial) que acuerdos integrales. Estos acuerdos parciales son preferiblemente desgravación de aranceles para listas limitadas de productos bolivianos con escasa probabilidad de finalmente ser exportados a Chile. Las restricciones para-arancelarias por parte de Chile inviabilizaron la exportación de muchos productos incluidos en las listas negociadas, especialmente en el rubro de alimentos y textiles.
Lo político y lo económico
No existe evidencia científica sobre el rol que jugó Chile en la suerte política de Bolivia. Pero se tiene evidencia de que ciertas tendencias políticas eran alentadas y bienvenidas (como el caso de los gobiernos liberales hasta 1928, los regímenes militares y los gobiernos neoliberales entre 1985 y 2002). Lo concreto es que Chile hizo un esfuerzo en acrecentar la dependencia boliviana aprovechando la presencia de gobiernos afines en largos tramos de la historia. Baste citar los importantes encuentros políticos y empresariales que se dieron con el advenimiento de Pinochet al poder en 1973 quien se acercó prontamente a Banzer ante la urgencia de dinamizar la economía chilena que se encontraba en situación de desastre ante una coyuntura creada por sus propias élites además del aislamiento internacional. Banzer continuamente se quejaba de que fue utilizado por Chile, y dado este análisis, era verdad, fue utilizado a todo nivel. La fugaz presencia de Siles Zuazo entre 1982 – 1985 no alteró el hermanamiento empresarial que finalmente sería ya incorporado en el código genético empresarial boliviano con los gobiernos neoliberales instalados desde 1985.
Con la liberalización económica iniciada en Bolivia en 1985, la afinidad económica que llegaba a nivel de modelos de desarrollo, determinó una fuerte presión para la normalización de relaciones diplomáticas, por lo que el acercamiento no tardó en producirse en 1987. Las delegaciones de negociadores estaban compuestas mayoritariamente por empresarios de ambos países. El fracaso del acercamiento diplomático no alteró la agenda comercial que se venía desarrollando.
El descubrimiento de reservas gasíferas a mediados de la década de 1990 en Bolivia imprimió una renovada dinámica en la relación entre las élites iniciándose casi de inmediato un acercamiento para determinar un mercado de exportación de los nuevos recursos que tenga al menos como vía de salida a Chile. Los encuentros empresariales al respecto fueron intensos a pesar de que ni siquiera se había iniciado la explotación de los nuevos yacimientos.
Bajo el segundo gobierno de Banzer y especialmente bajo el gobierno de Quiroga, los actores no estatales habían negociado un importante número de ventajas para ambas partes (chileno-boliviano) para el caso de que el mercado de exportación del gas boliviano sea norteamericano o asiático y tenga salida por puertos chilenos. El debilitamiento y posterior descalabro del régimen político boliviano de democracia liberal pactada dio paso a una fuerte inestabilidad política donde el tema central (o bandera de lucha) estuvo alrededor de la salida del gas por Chile. La violencia con la que actuó el último gobierno pro chileno (Sánchez de Lozada) estuvo explicada en la defensa de la posibilidad de concretar el negocio gasífero. Para aplacar a las masas insurgentes, en las primeras horas de su gobierno, Carlos Mesa tuvo que prometer que no se exportaría “ni una molécula de gas” por Chile, pero a cambio, tanto su gobierno como todos los que vinieron después, mantuvieron el esquema descrito anteriormente, sin siquiera darle matices soberanos.
Los puertos relevantes para Bolivia
Antofagasta y el resto de puertos del Departamento del Litoral fueron secundarios en la geopolítica boliviana y las razones fueron siempre económicas. El puerto de Arica en el siglo XIX era el más relevante en términos comerciales y fueron muchas las oportunidades de que Bolivia incorpore los territorios del sur peruano, baste recordar tras la victoria de Ballivián en Ingavi, la petición (rechazada) de los pobladores de dicha zona para ser incorporados a la definitiva Bolivia.
La invasión chilena de 1879, que no se detuvo hasta llegar a Lima, determinó que la posesión del puerto más importante para Bolivia quede en manos chilenas, asegurando para este país un vínculo con el país altiplánico que habría de ir reforzando en las décadas posteriores a la guerra con el desarrollo del puerto de Iquique que habría de dinamizar más la proliferación de relaciones comerciales. No se puede concebir hoy, el desarrollo del norte chileno sin la existencia de una relación con Bolivia, a pesar de los importantes asentamientos mineros existentes en la zona ocupada tanto peruana como boliviana.
La gran culpa política en el lado boliviano fue siempre mirar a Arica en todas las negociaciones territoriales y nunca fijarse seriamente en Antofagasta aún después de haberla perdido. Las razones son y serán siendo estrictamente económicas. Antofagasta no juega rol relevante en el desarrollo boliviano, Arica sí, Iquique sí aunque menos.
Así, a pesar de que Chile siempre miró al Norte en su visión de desarrollo, los puertos de Arica e Iquique están diseñados para Bolivia, no para mejorar las condiciones bolivianas obviamente, sino para sacar máximo provecho comercial en bien de Chile a partir de la dependencia boliviana de dichos puertos.
La dinámica secular de una relación estable
La relación económica Chile – Bolivia puede ser considerada “normal” aunque paradójica tomando en cuenta el irresoluto tema marítimo. Las agendas comerciales han sido activas en todo el periodo posterior a 1904, la cooperación entre ambos países ha estado a un nivel similar que con los otros países fronterizos tomando en cuenta la no existencia de relaciones diplomáticas. El juego económico es de suma cero, con fuertes saldos positivos en la balanza comercial a favor de Chile, es decir, Bolivia compra más de lo que vende a Chile y, con fuertes saldos positivos de capital a favor de Bolivia, es decir, los inversionistas chilenos invierten más en Bolivia de lo que los bolivianos invierten en Chile.
Así, en 2013 las exportaciones de bienes chilenos a Bolivia alcanzaron 1.658 millones de dólares; las exportaciones desde zona franca a Bolivia alcanzaron 1.154 millones de dólares y, las exportaciones de servicios chilenos a Bolivia fueron de 104 millones de dólares. En tanto, las importaciones chilenas de bienes y servicios bolivianos solamente fueron de 141 millones de dólares (2).
Hay hechos estilizados que ponen en evidencia el vínculo:
En sus respectivas crisis económicas, ambos país acuden uno donde el otro. Chile acudió a Bolivia en 1973. Bolivia inundó con productos chilenos su hiperinflación de 1984-1985. En el cambio de modelo económico, Chile invadió con consultores (facilitados por los propios organismos internacionales) a la naciente economía de mercado en 1985. Era política chilena instaurar en nuestro ADN la visión de Chile como un país próspero y eficiente. No son casualidades.
En sus bonanzas económicas, ambos países miran a otros rumbos. Exploran otros mercados. Con la dependencia, Chile se aseguró que aún en sus bonanzas, Bolivia no pueda sostener su crecimiento sin Chile. Ahí está la asimetría.
Existe evidencia de que esta íntima relación entre los actores no estatales de Bolivia y Chile no fue producto de un diseño, si no más que todo de una necesidad dada la cercanía de los puertos a las urbes bolivianas, las dotaciones diferentes de recursos naturales y de capital y, las vinculaciones físicas.
Dado el vínculo casi genético entre ambas economías, toda negociación política hoy, deberá tomar en cuenta el tipo de participación de las élites no estatales que en el pasado determinaron la pérdida de soberanía marítima, y que en la actualidad y desde mucho antes, han mostrado una neutralidad respecto del tema político en tanto el mismo no las afecte.
* Economista
1 Quitral Rojas, Máximo. El modelo económico chileno y su relación con Bolivia.
Revista Latinoamericana de Desarrollo Económico. Número 11. La Paz. Abril. 2009.
2 Fuente: Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales de Chile.

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