Fue emocionante el tener entre manos un libro que recupera probablemente no todos, pero seguramente en su conjunto, los más importantes documentos que hicieron la historia del ELN y el PRTB.
Esa tarea que ya la iniciara Héctor Udaeta en el libro Negro y Blanco y que ahora es apoyada en la compilación por Boris Brito y Javier Larraín en una bien cuidada edición de la Vice Presidencia del Estado Plurinacional, es sin duda un aporte a la historia de una de las organizaciones de izquierda más golpeadas por la derecha militar y civil.
Más allá de los documentos que sin duda están preñados de historia pues analizan coyunturas, exponen estrategias y líneas programáticas, los compiladores exponen un ensayo histórico con el que no todos los militantes y combatientes que fueron parte de la organización, seguramente compartirán las mismas visiones.
Y no estamos hablando de terceras voces que no fueron parte de la organización, sino de miembros que contribuyeron orgánicamente a la misma.
Es que escribir la historia de organizaciones político militares nunca fue tarea fácil.
La estructura vertical y compartimentada que las caracterizaba, donde cada miembro era militante de una organización regida por el centralismo democrático de corte leninista, y al mismo tiempo era combatiente, es decir, partícipe de una estructura vertical en la que se cumplían órdenes en torno a misiones y por tanto no había discusión en torno a las tareas militares asignadas, generaba una militancia radicalizada.
Por eso, sobre una misma acción puede haber ópticas o puntos de vista diferentes entre los militantes/combatientes de células u organismos especiales. Sólo la Dirección y su Estado Mayor tenían la imagen del “rompecabezas” completo.
Por eso es más o menos lógico que ocurra esta mirada un tanto fragmentada y que merece ser más profundamente debatida.
Pero esa no es la mayor crítica al ensayo histórico y la orientación del libro.
Preocupa que al ELN se lo identifique idílicamente como parte del pasado, como una organización que fue y dio sus frutos y que cumpliendo su ciclo vital feneció.
Sin embargo, queda claro hasta hoy el aporte del ELN al proceso de cambio fue muy significativo.
Y una de esas expresiones es la concepción de la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, impulsada por el Movimiento Campesino de Bases. El concepto del Instrumento Político y la concepción de lo Plurinacional, como matriz de interpretación de la formación económico social y cultural de Bolivia son otros ejemplos del aporte de los militantes elenos que actuando en democracia, construyeron instancias políticas de diversas denominaciones, pero teniendo como alma de su propuesta política, el pensamiento del Che.
Y en esta nota también se quiere incorporar a esa historia a los elenos y elenas que les tocó vivir en el silencio su militancia. Aquellos que no fueron figuras de medios masivos. Compañeros y compañeras que nunca dirán nosotros fuimos o hicimos. Nuestro homenaje a ellos y ellas, que aún en silencio, en su vida cotidiana y sus actos, siguen coherentemente el pensamiento del Che. Ellos son los imprescindibles. Nuestro homenaje a ellos.
El ELN no es historiografía. Es historia viva.
* Es sociólogo, ex Embajador del E.P de Bolivia en la R.P. China y dirigente del Movimiento Guevarista (MG).

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