Sabemos desde la historia que la ciudad de La Paz fue fundada sobre otra ciudad llamada Chuqiyapu Marka, otrora aglutinadora de ayllus ancestrales de origen aymara y quechua, principalmente. Los actuales nombres de muchos barrios o zonas de esta ciudad aun están en aymara y quechua, a pesar de la castellanización, por ejemplo Qalaqutu o Calacoto, que significa “pila de piedras” o Munaypata, que significa “loma del amor” en quechua, son una muestra de toda esa gran riqueza citadina e intercultural del pasado.
Está claro que, desde la Colonia hasta la actualidad, La Paz siempre quiso imponerse sobre Chuqiyapu Marka. Sería largo enumerar los momentos de profundos desencuentros entre estas dos ciudades que tienen legados civilizatorios distintos.
Hace pocos días circula el “Proyecto de texto en consulta de la Carta Orgánica Municipal de La Paz” elaborada y publicada por el Concejo Municipal de La Paz. Nos llama la atención la idea de cambiar el nombre de Nuestra señora de La Paz a La Paz-Chuquiago Marka, que en términos de reconocimiento histórico a la ciudad ancestral de Chuqiyapu Marka es altamente plausible. No sé si el cambio de nombre permitirá la construcción real de la interculturalidad; pero al menos en el orden símbolo puede coadyuvar en esa tarea. Creo que es tiempo de cambios de nombres de varias ciudades de nuestro continente Abya Yala o América, es el caso de México, que cambio de Distrito Federal a la ciudad de México o en Colombia de Bogotá a Santa fe de Bogotá, o Ecuador Kitu Kara que busca su reconocimiento a Quito, en fin.
También nos llama la atención otros aspectos del indicado Proyecto. La ausencia de pueblos, como del pueblo quechua habitantes en la ciudad de La Paz, el ejemplo es de Munaypata, hoy un barrio muy conocido. El Proyecto, hace énfasis en el reconocimiento a los símbolos de La Paz como “el nevado Illimani, la kantuta roja, la chola paceña y las apachetas”. Uno se pregunta ¿por qué no están los símbolos de Chuqiyapu Marka?; pero ¿cuáles son sus símbolos? Está claro que uno es el Apu Jillimani (hoy reducido a Illimani de La Paz), la Wiphala, el Año nuevo andino. Porque aquí se gestaron su re significación contemporánea. El idioma aymara (en el Proyecto se dice que el aymara es “prioritariamente oral”), dando a entender que sólo será oral y ¿con ninguna posibilidad de ser escrita o mejor dicho de convertirse en lengua también escrita? Incluso el Cerco, como estrategia anticolonial es un símbolo de las luchas y rebeldías de los pueblos aymara y quechua de Chuqiyapu Marka. Además, ¿las wak’as? las apachetas mencionadas en el Proyecto, no tienen gran significado, pero si las wak’as que cada vez se intentan extirparlas.
Sugerimos corregir algunas palabras escritas en aymara, como qilthataniwa por qillt’ataniwa, uytthaytana por uyt’aytana, en fin. Está claro que el intento de interculturalidad que plantea el Proyecto se debería tener una versión del Proyecto en aymara y otra en quechua y no quedarse en las traducciones de fragmentos como esta en aymara en el citado Proyecto.
* Es aymara-boliviano. Dr. en Estudios Culturales Latinoamericanos y es Docente en la UMSA.

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