El modelo económico vigente es la antítesis del anterior en varios aspectos:
Uno de ellos se refiere al objetivo mismo en relación a la distribución de los frutos del crecimiento de la economía, una torta que debería de crecer, para luego proceder a su distribución. Mientras tanto, el país debería soportar el incremento de bolivianos que pasen por debajo de los límites de la pobreza y concentrar la riqueza en élites minoritarias que, compartirían lo que se habían apropiado en un futuro, mediante la reinversión de los excedentes. Nada más que esas élites estaban conformadas por extranjeros, los propietarios de las empresas privatizadas y capitalizadas, a quienes les importa un comino el bienestar de los bolivianos. En tanto que los empresarios nacionales se conformaban con las migajas de la renta petrolera y algunos contratos de servicios que les proporcionaba el Estado o las empresas transnacionales.
Frente a esa propuesta que empobrecía a la población boliviana, obligándola a migrar a otros países, se encuentra el objetivo explícito del actual modelo económico, que es: “la erradicación de la pobreza por medio de una eficiente redistribución de los excedentes que se generan en la economía”, en eso consiste su carácter comunitario, social y productivo.
Para lograr el objetivo redistribuidor del modelo, social comunitario y productivo, en los últimos once años, el Estado asumió el control de los recursos naturales, mandato de la Constitución Política del Estado Plurinacional, para decidir el uso de los excedentes en la redistribución, la industrialización y el fomento a los sectores creadores de empleo. Los sectores económicos de los cuales se hace cargo el Estado se denominan también, “estratégicos”, entre ellos se puede citar a: los hidrocarburos, la minería y la generación de energía eléctrica que, repercute en una mayor expansión de los ingresos públicos para la aplicación de políticas económicas que fomenten el fortalecimiento de la demanda agregada.
Desde el 2006 el Gobierno Plurinacional de Bolivia ha implementado un conjunto de políticas redistributivas como: la mayor expansión del Salario Mínimo Nacional, incrementos del salario básico por encima de la tasa de inflación, además de la implementación de bonos o transferencias condicionadas como: los bonos Juancito Pinto y Juana Azurduy y no condicionadas, como la Renta Dignidad en efectivo. A las que habría que añadir las políticas de subvención a varios servicios básicos, alimentos y a los combustibles.
En el actual modelo económico de Bolivia, en el marco de la demanda interna, uno de los aspectos fundamentales es el referido al consumo privado, puesto que explica entre el 80 y 90% del crecimiento económico promedio de los últimos años. Esto debido, entre otros factores, a los incrementos en los niveles de ingreso disponible en los hogares a través de la política salarial del modelo, en su aspecto social. La gráfica 1 expones esta realidad.
(ver gráfica en PDF de este númerop en:
https://www.la-epoca.com.bo/portada/1494274029/digital/#/21/zoomed)
El gráfico muestra que el mayor aporte al crecimiento proviene de la demanda interna. El 2016 el crecimiento pudo haber llegado al 4,6%, sin embargo -0,3% de la demanda externa hizo bajar el 4,3% al crecimiento del PIB, con los que se cerró el periodo anterior. Por otro lado, la composición de la demanda interna que, el consumo es el que mayormente aportó al crecimiento. Así mismo, en modelo boliviano las estadísticas económicas dan cuenta de que la demanda interna (Consumo Privado + Formación Bruta de Capital Fijo + Gasto de Gobierno) es el componente por el lado del gasto que más explica el crecimiento en la última década. Esta evidencia empírica otorga una validez, lo suficientemente justificada, a la política salarial.
Por otro lado, en necesario destacar es el impulso del gasto público y los niveles sostenidos de inversión en infraestructura, además de la implementación de diversos programas de transferencias monetarias condicionadas y no condicionadas, para incrementar el ingreso de las familias, los cual brindó un mayor empuje a la demanda agregada, repercutiendo en una importante expansión de la producción. Estos resultados justifican, por demás, la intervención del Estado en la economía boliviana. Todo lo contrario, con las políticas de achicamiento del Estado que se ejecutaban en el modelo del neoliberalismo.
Comprender el consumo interno y su relación con el incremento al salario mínimo nacional y al salario básico es fundamental, a partir de mostrar la estructura del consumo y la ponderación que tiene el índice de precios al consumo (IPC), que es el que mide los niveles de la inflación durante todo el periodo correspondiente. El gráfico 2 nos muestra esta ponderación:
(ver gráfica en PDF de este númerop en:
https://www.la-epoca.com.bo/portada/1494274029/digital/#/22/zoomed)
De acuerdo a esta ponderación, el 66% de los ingresos de la mayoría de los bolivianos y bolivianas se dedican a los alimentos 39%; transportes y comunicaciones 16% y vivienda el 11%.
El incremento salarial para el 2007 apoya al consumo interno de los bolivianos. A su vez, la demanda interna tiene mayor peso en bienes que se producen a nivel nacional. El consumo de bienes del exterior representa el 10,6%. En tanto que: el 90,4% es consumo de bienes nacionales, ver gráfico 3:
(ver gráfica en PDF de este númerop en:
https://www.la-epoca.com.bo/portada/1494274029/digital/#/22/zoomed)
El dato de la ponderación del consumo nacional es la interpelación a la empresa privada nacional en todos sus estratos. El empresariado boliviano tiene que aprender a analizar desde el fortalecimiento de la demanda interna y responder a estos requerimientos. La reacción de oponerse a este objetivo proviene de análisis de la economía ortodoxa y de ideologías conservadoras.
* Docente investigador titular de la UMSA, Economista de profesión, subversivo de convicción.

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