agosto 27, 2026

Cercanía geopolítica entre Siria y Venezuela

por: Gonzalo Omar Zambrana Ávila

A pesar de los grandes esfuerzos de la guerra sicológica y la cruzada mediática internacional, para estigmatizar negativamente al Gobierno de Maduro y promover movilizaciones sociales en favor de las “libertades democráticas”; la “crisis humanitaria por el desabastecimiento”; etc.es necesario develar el entramado político internacional dirigido por EE.UU., que está generando la situación de Venezuela.

Para efectuar un acercamiento epistemológico adecuado a la crisis de Venezuela requerimos de un imprescindible abordaje geopolítico. Es evidente que en la actualidad las guerras tienen un carácter imperialista y responden a intereses económicos de grandes corporaciones que, en el caso específico de los Estados Unidos, son el denominado complejo industrial-militar que tiene una influencia determinante en las decisiones geopolíticas de los EE.UU. y el impulso a las guerras en cualquier parte del mundo, seguidas obedientemente por Europa y la OTAN.

Una temprana identificación del carácter económico e imperialista de la guerra ya fue sistematizada por V. I. Lenin, al referirse a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, en sus tesis de Abril de 1917, donde definía con precisión que las guerras internacionales tenían su origen en los intenses capitalistas e imperialistas y que era deber revolucionario oponerse a las guerras imperialistas y las prácticas anexionistas. La guerra imperialista y anexionista, que nos planteaba Lenin a comienzos de siglo, hoy día es una práctica común de la geopolítica imperialista, como la creación del Estado Sionista de Israel en territorios palestinos ola disolución de la ex Yugoeslavia y la creación de Kosovo.

En Venezuela como en Siria, existen dos factores fundamentales que definen la importancia de estos dos territorios y que explican el interés imperialista en estos territorios. Por una parte la importancia económica de estas regiones, que concentra las mayores reservas de recursos naturales, especialmente hidrocarburíferos del mundo (Venezuela es el país de mayores reservas petrolíferas del mundo) y por otra, su situación geopolítica que en Siria define las relaciones de poder entre las principales potencias del mundo y en Venezuela, donde Hugo Chávez ha convertido a este país en un potencial pivote geopolítico regional, con capacidad de influencia antiimperialista en toda Latinoamérica.

En Siria y en todo el Medio Oriente las intervenciones norteamericanas han tenido un énfasis militar, por el fracaso de sus intentos de intervención pacifica a través de la primavera árabe. En el caso de Venezuela, mientras no se opte por una intervención militar directa, se están aplicando y experimentando las formas más depuradas de intervención pacifica en el marco de la guerra de IV generación.

Las bases de la guerra de IV Generación, fueron descritas en 1989, en la Revista del Cuerpo de Marina de los EE.UU. por William Slind y otros militares con “El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación” y “De la Dictadura a la Democracia. Un sistema conceptual para la liberación”, de Gene Sharp. El mismo fundamenta la teoría del Golpe Suave que demostradamente se ha empleado en las “revoluciones de las flores y colores” de Ucrania, Georgia, Kirgistan y sin éxito en la denominada primavera árabe.

Estas intervenciones han empleado en forma intensiva a fundaciones internacionales y nacionales, financiadas por diferentes fuentes norteamericanas privadas y públicas, como el IIR del Partido Republicano y el IND del Partido Demócrata, que fueron creados para ejecutar las acciones “democráticas” de la CIA y complementariamente se ha creado Fundación Nacional para la Democracia (NED), que actualmente es un financiador principal de las actividades de la oposición venezolana para derrocar a Maduro a través de más de 300 ONGs, como lo afirmo Arlenin Aguillón.

La diferencia entre las intervenciones imperialistas en Siria y en Venezuela es que en Siria no lograron establecer una plataforma “democrática” y para derrocar a al-Assad optaron por una serie de atolondradas alternativas militares, desde la creación del Ejercito Libre Sirio hasta la creación del Califato Islámico de Siria e Irak (ISIS) conjuntamente con Israel y Turquía, incluyendo la acción militar directa de los EE.UU. Por su parte, en Venezuela se están empleando todavía las formas pacificas de intervención, como el boicot económico interno y externo, el uso intensivo de las operaciones sicológicas a través de las redes sociales y de medios de comunicación que están empleando intensivamente esquemas discursivos de desprestigio sistemático al gobierno de Maduro, con frases pre establecidas como “Dictadura chavista”; “desabastecimiento y crisis humanitaria” y últimamente, con los muertos provocados por las movilizaciones opositoras y la acciones disuasivas del Gobierno, se le acusa directamente como “gobierno asesino”. Los medios difunden estos mensajes ni siquiera plantean dudas sobre la autoría de las muertes culpando directamente al Gobierno de Maduro.

También es necesario considerar como factor determinante los procesos políticos en Sudamérica, que aparentemente están quebrando la tendencia del retroceso de los procesos emancipadores y progresistas de nuestra región: el triunfo y continuidad del partido Alianza País en el Ecuador que asegura a continuidad de un proceso liderizado por Rafael Correa que se ha enraizado profundamente en los sectores más vulnerables de la población y que han sido el factor de su triunfo; por otra parte las declaraciones de Michel Temer en Brasil, donde ha reconocido el impeachment que destituyó a Dilma Rousseff fue un acto de venganza del extitular de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha después de que el PT le quitara su apoyo en el Comité de Ética; también se debe resaltar el amplio triunfo de Daniel Ortega en Nicaragua y en Bolivia a pesar de los permanentes ataques opositores, el liderazgo de Evo Morales continua bordeando el 50%.

Ante esto se ha observado una sistemática escalada de acciones imperialistas que tuvo como punto destacado cuando Barack Obama declaro a Venezuela como “una amenaza extraordinaria e inusual para los intereses de EE.UU.”, autorizando implícitamente a todos los mecanismos democráticos y encubiertos de EE.UU. para derrocar a Maduro, “para proteger los intereses de los EE.UU.”. Asimismo en el mes de abril de este año, el almirante Kurt Tidd, a cargo del Comando Sur de EE.UU., declaró ante el Congreso que “aunque la región se mantiene estable, la situación en Venezuela está empeorando y podría provocar una crisis humanitaria que requeriría una intervención a nivel regional (…) la enorme inestabilidad económica que ocurre en Venezuela afecta toda la región dijo este personaje a la Comisión de Servicios Armados del Senado indicando además que “tanto China como Rusia tienen una participación económica significativa y sería difícil imaginar que no tratarían de aprovecharse de un aumento de la inestabilidad en ese país”.

El problema del manejo de la guerra psicológica y la desinformación como estrategia de intervención imperialista y la posibilidad de una intervención militar externa es que en el momento de la sustitución de Maduro, por algún personaje de confianza de los EE.UU., la mayoría del país que en sucesivas veces eligió a Chávez y Maduro va a asumir la defensa de la revolución bolivariana con el peligro real de sumir al país en una verdadera guerra civil, como ha sucedido en Irak, Libia, Yemen, etc. lo cual será alimentado por el imperialismo, pues en las regiones donde EE.UU. no ha podido establecer un gobierno títere como en Irak, Libia, etc., su estrategia ha sido dejar desorden, enfrentamientos, violencia y desgobierno, lo cual favorece a los intereses imperialistas, por lo que se puede esperar que en Venezuela, donde existe una clara polarización de la población, la estrategia de intervención de EE.UU. sea dejar al país en enfrentamientos y guerra civil. 


*     Economista.

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