por: Edmundo J. Nogales Arancibia
¿Es normal que se cometan violaciones?, si la respuesta es afirmativa algo está mal en nuestra sociedad por creer que una enfermedad es natural.
Varias semanas salieron en distintos medios, en especial en periódicos que fueron los que pude revisar, casos aberrantes de agresiones cometidas por sujetos que hicieron de otra persona un objeto para satisfacerse a costa de ellos.
En un hogar de menores en La Paz hace unas semanas adolescentes abusaron de unos niños que recién llegaron allí, otro caso es el de un funcionario de un centro de atención a casos de violencia del municipio de La Paz que fue encontrado violando a dos jóvenes que buscaban ayuda escapando de casos de violencia y en el lugar donde esperaban ayuda encontraron un infierno. También se presentó el caso una concejal en Cochabamba quien fue golpeada mientras un concejal intentaba violarla y cuando apareció el alcalde este le alentó al agresor a continuar con la tortura a la concejal y el caso de una bebe de casi dos años que fue abusada por su padrastro en Cochabamba con lesiones que le provocaron la muerte.
Imaginen cuanto dolor han sufrido convertidos en objetos por sus agresores y estos son los casos que se conocen, preguntémonos cuántos casos han sucedido y suceden sin que nadie más que el agresor y la victima los conocen, cuántos casos de los que nadie se enterará.
El único consejo que la sociedad da a la víctima es que en ese momento lleve su mente lejos, que trate de no arriesgar su vida porque quien agrede muchas veces también mata.
¿Es normal que todo esto suceda?, ¿no deberíamos salir de este círculo que parece no tener fin?
La reacción social ha sido hablar de penas mayores y es cierto que el actual sistema de administración de justicia no soluciona esto, pero tampoco se podrá evitar que se repita esta cadena si solo vemos la aplicación de penas, no basta con discutir qué se le debe hacer al agresor, porque la lógica de la ejemplarizacion penal no es suficiente para evitar que la cadena siga se repita.
No hemos razonado las causas que producen al agresor, si este es resultado de una violación que ha sufrido, si su vida se ha desarrollado en un ambiente de violencia y abuso, si es producto social de millones de personas que no entienden el daño que provoca la cosificación de las personas, del acoso y tantos males que la sociedad piensa que son naturales por estar acostumbrada a ellos.
El sistema de vida que llevamos, basado en la comercialización y cosificación de todo para convertirlo en mercancía funcionaliza el desprecio del otro para el disfrute del individuo egoísta que no le interesa el dolor ajeno.
Nuestra sociedad entiende por violación a la agresión que vulnera la libertad sexual de otra persona… pero no entiende que antes de la violación ya se comete un crimen que no es considerado delito, que es la cosificación del otro y de ahí nace el abuso que comete el agresor usando al otro como un objeto. Necesitamos entender que la cosificación del otro es uno de los primeros crímenes, sin embargo esto también esta naturalizado en las propias relaciones sociales que cosifican a los demás para satisfacerse uno mismo, cosa que se da desde las propias relaciones de trabajo cuando el empresario compra a otro como mercancía, como fuerza de trabajo o cuando alguien compra servicios del cuerpo de otra persona como si fuera un objeto. Este sistema funcionaliza la cosificación de los demás, valiéndose de la pobreza, cosifica la vida y eso nos hace demasiado daño.
Necesitamos mejorar nuestra administración de justicia, mejorar las medidas correctivas y preventivas, se necesita presupuesto en las cárceles para que exista una separación de las personas según el delito que han cometido, y se necesita hacer trabajar a quienes se encuentran allí adentro y aplicar programas de reeducación y rehabilitación, pero también necesitamos entender cuáles los males estructurales, ver el daño que la violencia y el sexismo provocan en toda nuestra sociedad, repensar la ética de nuestra forma de vida, entendernos como comunidad y actuar desde la educación, desde el arte, desde el hogar, para recuperar el sentido de unidad con los demás, de sentir el dolor ajeno como propio y en especial enseñar con el ejemplo a no servirse ni aprovecharse de nadie y no convertir a nadie en objeto.
* Integrante de la Escuela Nacional de Formación Política.

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