Decir que para los bolivianos el tema del mar es muy importante es posiblemente caer en una subvaloración. No es muy importante, sino fundamental en la formación de nuestra conciencia nacional. Para algunos ensayistas fue el punto de partida de una pedagogía nacional con una fijación en la protección de nuestras fronteras. Para otros, una prueba más del andinocentrismo prevaleciente en el Estado boliviano hasta nuestros días. Sea cual sea su interpretación histórica, se puede afirmar que ésta herida es parte de lo que significa ser boliviano.
El problema del mar es también un discurso, uno donde hay culpables y victimarios. Diego de Portales, Chile, el capitalismo anglosajón, las élites políticas nacionales incapaces o negligentes, etc. Esto generó sentimientos de odio y frustración a lo largo de nuestra historia, de los cuales el Estado chileno siempre ha sido el objeto predilecto. Estas emociones negativas, a su vez, se vieron fortalecidas con posteriores violaciones territoriales del Estado chileno hacia el Estado boliviano, como el desvío de las aguas del río Lauca o de las aguas del Silala.
Es tan hondo el resentimiento generado por este trauma que cuando se descubrió la pretensión del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada de vender gas a EE.UU. a través de puertos chilenos, una gran parte de la población boliviana se volcó a las calles y derrocó al entonces presidente, motivada por el mal recuerdo de la Guerra del Pacífico y otros problemas irresueltos.
Esta aversión popular hacia Chile probablemente se ha agudizado en los últimos años y meses, con los ataques selectivos del Estado chileno contra el comercio boliviano y, últimamente, con la injustificada detención de súbditos bolivianos supuestamente acusados de contrabando. Súbditos bolivianos que además, se debe añadir, son funcionarios gubernamentales o efectivos militares que cumplían con su trabajo y que muestran, por las imágenes difundidas por los medios, indiscutibles formas de maltrato físico y psicológico a manos del Estado chileno.
El Estado boliviano, por su parte y como es de esperar que se haga en estas situaciones, no escatima recursos ni desperdicia oportunidades para denunciar esta violación a la Declaración Universal de los Derechos Humanos ante la comunidad internacional.
Desde un punto de vista diplomático, el Estado boliviano está cumpliendo con su deber hacia sus ciudadanos encarcelados arbitrariamente en el extranjero. Desde un punto de vista más integral, sin embargo, se debe exhortar a la sociedad civil a pronunciarse masivamente, tal como lo hizo el pueblo cubano cuando sus cinco héroes anti terroristas fueron encarcelados injustamente por los Estados Unidos.
El antiimperialismo es un rasgo también fundamental en la formación de la conciencia nacional de los cubanos, razón por la cual reaccionaron de forma tan solidaria y unida como pueblo frente al mencionado caso de los cinco o el pequeño Elián a finales del siglo pasado. Si el problema del mar también lo es para los bolivianos como grupo de personas pertenecientes a una comunidad política específica, entonces no deberíamos tener problemas para lanzarnos a las calles, en defensa de nuestros compatriotas, víctimas de la prepotencia chilena.

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