por: José Galindo
El pasado martes 27 de junio, la reconocida economista Ana Esther Ceceña visitó la ciudad de La Paz para presentar la última publicación de la vicepresidencia del Estado, Geopolítica e Integración Regional: América Latina en el Sistema – mundo., que contiene ensayos de José Gandarillas, Alfredo Jalife, Atilio Borón y Mónica Bruckmann, en el marco del curso del mismo nombre implementado en 2015.
A pesar de que la hegemonía de los EE.UU. está notablemente mermada, tal como lo reconocen no sólo académicos de izquierda sino incluso reconocidos intelectuales conservadores como Zbigniew Brzezinsk, también se vislumbra un agotamiento de los procesos emancipatorios del continente latinoamericano. Por eso, señala Ana Esther Ceceña, “estos procesos, con sus contradicciones, deben ser defendidos”
Esta reflexión y afirmación de la investigadora la hizo en el marco de la presentación del último volumen de una trilogía que busca analizar el lugar de nuestro continente en estos tiempos caóticos e impredecibles, buscando un camino para rescatar el avance de los pueblos de este continente logrado durante los últimos años.
Un objetivo ambicioso
En el caso particular de su trabajo, titulado La Dominación de Espectro Completo sobre América, la autora le plantea al autor los resultados de una larga investigación que lleva conduciendo por años como directora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, proyecto perteneciente a la Universidad Autónoma de México (UNAM), y que parte de un complejo análisis de documentos provenientes del Departamento de Estado de los EE.UU., pesquisa geográfica e interpretación de los hechos más relevantes en la geopolítica mundial.
Y el planteamiento es el siguiente: Por primera vez en la historia de la humanidad un imperio buscar alcanzar y preservar su hegemonía sobre su área de dominación de manera total y completa. En este caso, debido a la naturaleza globalizadora del capitalismo, dicha área de dominación es el planeta entero, en todas sus dimensiones y latitudes. Se trata, indica, de un objetivo deliberado y declarado, proveniente del Comando Conjunto de los EE.UU., cuya tenebrosa conclusión-objetivo es el Full Spectrum Dominance, o Dominación de Espectro Completo.
La autora indica que dicha estrategia, en plena implementación y por los indicios demostrados, busca controlar los territorios del planeta, directa o indirectamente, en todos sus niveles: desde el subsuelo, dónde se encuentran los recursos naturales más preciados por el mercado mundial como minerales y combustibles; superficie, extendiendo su manejo a tierras y mares, donde se encuentran otras riquezas y también mercados; e incluso espaciales, donde yacen las posibilidades de control a través de las telecomunicaciones y nuevas tecnologías. En suma, una ambición totalizadora.
Una estrategia, además, que busca consolidar la hegemonía lograda luego de la Segunda Guerra Mundial en niveles territoriales así como culturales, partiendo justamente del concepto de Hegemonía propuesto por el reconocido Gramsci a principios del siglo pasado. Incorporando los intereses del dominado en los del dominante, “ganando los corazones y mentes” de todos los habitantes del planeta. Hegemonía alcanzada por los EE.UU., sí, pero gradualmente disminuida desde inicios de este siglo debido a un conjunto de factores abordados en el ensayo de Borón en esta misma publicación.
Lo que hizo singular a esta presentación, sin embargo, es el reconocimiento de que a pesar de que la hegemonía de los EE.UU. está notablemente mermada, tal como lo reconocen no sólo académicos de izquierda sino incluso reconocidos intelectuales conservadores como Zbigniew Brzezinsk, también se vislumbra un agotamiento de los procesos emancipatorios del continente latinoamericano. Una realidad que se planeó ya no cómo una consigna o siquiera un objeto de análisis, sino como una realidad a ser enfrentada.
Las estrategias del control total
“Estos procesos, con sus contradicciones, deben ser defendidos”, fue su sentencia durante su exposición, partiendo justamente de sus hallazgos en la mencionada investigación. La derrota electoral del peronismo de izquierda en argentina y los golpes “suaves” de Honduras, Paraguay y Brasil, serían así las señales de un contraataque que busca consolidar el imperio de los EE.UU. sobre el mundo como parte de su búsqueda de una Dominación de Espectro Completo. La meta de este plan tiene un doble objetivo, nos dice la autora: controlar de riquezas, recursos y mercados, por un lado; controlar y disciplinar resistencias e insurgencias, por el otro.
Las estrategias empleadas para alcanzar la meta: Las estrategias empleadas para lograr estos objetivos son tres:
Primero, mantenerse como la vanguardia tecnológica del planeta mediante el financiamiento de agencias de investigación con fines militares como la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, traduciendo sus siglas al castellano) y DARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa)
Segundo, mediante el manejo exhaustivo del territorio mundial a través del establecimiento de bases militares en todo el globo, implementando cuatro tipos de planes: control económico, control militar, desarrollo de infraestructura y comunicaciones y, finalmente, planes de seguridad, como los que se ejecutan con el Plan Colombia o el Plan Mérida, ambos apuntando a amenazas señaladas como el narcotráfico o el terrorismo, pero que en realidad hacen poco para neutralizarlas pero sí mucho para someter la soberanía de otros pueblos. En Bolivia la expresión de estos planes vino de la mano de la Drug Enforcement Agency (DEA), con la represión del movimiento cocalero y la influencia directa sobre los gobiernos de aquel entonces bajo la consigna de lucha contra el narcotráfico.
Y tercero, con la creación de normativas e instituciones internacionales que garanticen el orden mundial, como ocurre con la Organización del Atlántico Norte (OTAN) desde una perspectiva militar; o cómo el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM) o la Organización Mundial del Comercio (OMC), desde una perspectiva económica y financiera.
Una nueva geografía del campo de lucha
Horas antes de la presentación de la compilación de ensayos, Ceceña compartió un almuerzo con estudiantes del curso también llamado Geopolítica e Integración Regional: América Latina en el Sistema – mundo. Durante el coloquio, la autora, acompañada del Doctor en Economía de la UNAM, Juan Carlos Arancibia Córdoba, y expuso uno de los últimos proyectos de su Observatorio, consistente en un mapa interactivo que revelaba diferentes cartografías mundiales en capas de recursos naturales, conflictos armados en el planeta, espacios cercanos al conflicto armado o en situaciones similares, y alianzas estratégicas de los EE.UU.
Territorios como Siria, Venezuela o Irak coincidían con la ubicación de recursos naturales o posiciones geográficas estratégicas, o con la presencia de estados relevantes en el juego geopolítico mundial. Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol, tomando en cuenta la probada aspiración hegemónica de los EE.UU. y su necesidad de disponer de recursos naturales. No obstante, Ceceña indicó que, “el caos también es una estrategia de control”, refiriéndose así no sólo a los países citados, sino también al suyo propio, víctima de la violencia producida por la guerra contra el narcotráfico, que hipertrofió la presencia de los EE.UU. ya considerable desde mucho antes. La autora coincidió, así, con otra publicación de este medio del autor Gonzalo Zambrana, donde se planteó que posiblemente los EE.UU. ya no buscan solamente establecer gobiernos títere en países de su interés, sino sumirlos en caos bajo otras circunstancias, sin perder control sobre ellos o haciendo funcional a sus intereses la incertidumbre de dicho caos.
La geografía estudiada por Ceceña puede ser encontrada en el portal del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, y permite identificar detalladamente información estratégica global. Entre otro tipo de datos, contiene también un mapeo de no solamente los puntos de interés estratégico en cuanto a riquezas, mercados, mercados o influencia, sino también de presencia de movimientos sociales antisistémicos que responden a las estrategias de los EE.UU. en la región, donde, por supuesto, está Bolivia.
Y es ahí donde Ceceña nos lleva reflexionar, “no sólo de la geografía de los territorios, sino también de las mentes y los cuerpos”. Nuevamente usando el concepto de hegemonía, la economista pasó del campo estratégico militar, económico y político, al campo político cultural, donde experiencias de reafirmación de la soberanía de los pueblos sobre su organización política, su territorio y sus recursos naturales crean una disrupción en el avance de la estrategia imperial, estableciéndose como lugares de no-orden, de nuevas posibilidades para alcanzar el Vivir Bien, tema también analizado profundamente por Ceceña en otros trabajos.
El campo cultural, así, se adhiere a esta geografía del conflicto, como un nuevo escenario de lucha donde el capital parece ser el factor dominante y determinante. Los medios de comunicación con posibilidades de alcance global demuestran así tener la misma eficacia que los proyectiles y los Tratados de Libre Comercio que conquistan tierras y mercados, y contra los cuales los movimientos emancipadores aún no parecen haber encontrado una respuesta eficiente. Cada época tiene su propia estrategia de lucha, y la desatada por el manejo de la mente humana, aunque no reciente, es hoy una de carácter definitorio. Posiblemente próximos trabajos de Ceceña y los autores que forman parte de esta compilación profundizarán más al respecto. Lo cierto es que estas publicaciones, de entre las cuales esta trilogía es un aporte urgente, coinciden en que las contradicciones internas de los procesos de transformación política como los latinoamericanos son parte de un conjunto de eventos que se desarrollan de forma interconectada donde el nudo central del problema reside en el control de unos Estados sobre otros, y sobre esta lucha, el control del capital sobre las relaciones humanas.
Ceceña concluyó su presentación abriendo un nuevo debate. La hegemonía de los EE.UU. sobre el planeta es impresionante, pero en decadencia. Nuevos actores emergen en el escenario internacional, mientras otros apuntan a direcciones de autodeterminación. ¿Estamos presenciando el fin de una era signada por la supremacía estadounidense? O, más que la crónica de una muerte anunciada, ¿es un momento sin una conclusión visible, caótica, en la cual incluso el imperio más grande que ha conocido la humanidad también tiene posibilidades de perder? Y, en este desorden global, ¿qué rol juega Latinoamérica? ¿qué rol juegan los gobiernos progresistas? Y, finalmente, ¿que posibilidades tienen los movimientos sociales de estos países?
* Politólogo de la UMSS.

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