octubre 28, 2026

Elefantes blancos

El presidente Morales demandó a los alcaldes del país pensar e invertir en obras productivas y no en “elefantes blancos”. ¿A qué se refiere con esto? El manejo de los recursos públicos en Bolivia corre riesgos tan peligrosos como la corrupción, con el agravante de que estos otros riesgos suelen ser menos visibles. Así, aunque el desvío del dinero del pueblo o su uso personal y arbitrario deben estar entre las primeras preocupaciones de la sociedad, a través de los mecanismos de control social consagrados en las diferentes normas que rigen el modelo autonómico boliviano, también debe estarlo el uso irresponsable o no planificado racionalmente.

Se trata de un peligro más que inminente, en vista de que muchos de los gobiernos municipales del país no cuentan con planes de desarrollo actualizados, y a veces ni eso. Es decir, la gestión pública, la administración de los recursos públicos, a veces es guiada más por criterios políticos e inmediatistas a través de los Programas de Operación Anuales, en vez de responder a un esquema mayor de las cosas. Y esto lleva, muy comúnmente, a que las autoridades municipales “inviertan” los recursos de su localidad en obras vistosas, conmovedoras y capaces de asegurarles votos o apoyo político para una próxima elección.

Es lo que el Centro de Documentación e Información de Bolivia (CEDIB) alguna vez llamó “la mentalidad de cemento”, en una excelente investigación llamada Presupuestos Urbanos: De la ritualidad participativa a la imposición del concreto. Y es lo que los bolivianos denominamos popularmente como “elefantes blancos”. Grandes obras palpables, reales, visibles, pero inútiles, o con una utilidad que no beneficia a la población en la misma medida que lo harían, por ejemplo, la contratación de una mayor cantidad de personal de salud o educación con capacidad y compromiso social. Es mucho más fácil la construcción de la escuela o el hospital. Así, lo más visible no siempre es lo más útil para una comunidad.

Esperamos que los oídos de los alcaldes hayan sido receptivos, pues se trata de 50 millones de Bs. que fueron repartidos entre los 330 municipios del país. Afortunadamente, esta transferencia tiene sus condiciones, como la inversión en educación, afortunadamente. No obstante, será necesario acompañar estos recursos con un buen proceso de planificación que permita a los gobiernos locales enfrentar los retos de estos tiempos, que incluyen desde cambio climático hasta violencia de género o seguridad ciudadana. Los gobiernos locales tienen sus propios espacios de deliberación, como las Asociaciones Municipales Departamentales, que a su vez se organizan en la Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia, o FAM – Bolivia. Tienen, además, espacios de control social interno que ejercen organizaciones sociales de base o de otro tipo.

Con todo esto queremos decir que existen herramientas para conducir la inversión pública por buen puerto, aunque también se avizoran serias falencias que podrían dar un destino no tan a esos recursos entregados y que no son tan efectivos como los que se hacen en el marco del programa “Bolivia Cambia”.

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