diciembre 4, 2021

Abogados y jueces son los soldados de la nueva “Escuela de las Américas”

Los Estados Unidos, la mayor potencia militar de la historia de la humanidad, capaz de mantener simultáneamente dos guerras y media en cualquier parte del mundo, motor e impulso de intervenciones asociadas a la OTAN, sede del mayor complejo industrial militar del planeta, se encuentra de pronto envuelto en una contradictoria problemática: su sociedad civil cuestiona a su estado por conducir al fracaso y a la muerte a sus jóvenes como resultado de sus aventuras guerreristas.

Ante el problema la solución capitalista es lógica: “si necesitamos soldados para ofrendarlos ante el dios de la guerra, pero no pueden ser nuestros hijos, el camino es contratar a otros soldados”. Luego por medio de agencias intermediarias, camufladas tras empresas de seguridad, reclutan a mercenarios con habilidades técnicas para el arte de la guerra, pero sin la moral que otorga una formación militar sistemática y por tanto académica.

Esa es la razón por la cual en nuestros días los Estados Unidos tiene un ejército de asalariados dispuestos a cumplir horrorosas tareas en cualquier parte del mundo. Ha resuelto así su contradicción: invade y actúa ya no con tropas profesionales salidas de sus aulas de formación, sino con tropas contratadas bajo el mando de los estrategas de la guerra: sus oficiales profesionales.

Por tanto, los Estados Unidos y su complejo industrial militar siempre están preparados para actuar cuando así lo necesite. Para ellos, la posibilidad de la intervención y la guerra siempre serán una variable a usar. Por eso la hipótesis de invasión a la República Bolivariana de Venezuela, hoy no sólo es una hipótesis sino un suceso con un alto grado de posibilidad en su realización.

Pero hasta tomar una decisión de esa envergadura, ¿el imperio está cruzado de brazos? Obviamente que no.

Hoy, por lo menos en nuestra región, los Estados Unidos han apostado formalmente por “su particular concepción de democracia”. Y no nos equivocamos al hacer referencia a esa “particular forma” que ha instrumentalizado la institucionalidad democrática y su normativa jurídica y constitucional, para hacer de ellas una nueva arma de gran poder destructivo de gobiernos y procesos de transformación más a la izquierda de la socialdemocracia.

Para el logro de estos fines, el imperialismo ha constituido un “nuevo ejército de ocupación” compuesto por abogados, jueces y magistrados formados para hacer injerencia y subversión política valiéndose de una interesada y mañosa utilización de las normas del Estado de Derecho.

Ellos, al igual que los militares de la Escuela de las Américas, reciben cursos de formación especializada en temas como corrupción, narcotráfico, lavado de dinero para usar esos argumentos contenidos en toda una estructura de instrumentos ratificados durante los gobiernos neoliberales.

Desde allá arremeten contra gobernantes y personas allegadas a ellos para generar mediante las TICs, y principalmente las redes sociales, realidades virtuales produciendo “falsas verdades” con el objetivo de subvertir el orden y en muchos casos lograr su procesamiento o al menos acusación que los inhabilite para nuevos actos electorales, como es el caso de Lula da Silva.

Sergio Moro, quien sentenció a Lula es un juez federal de extensa relación con organismos de inteligencia estadounidenses de quienes recibió por años capacitación para generar productos como el conocido.

Queda claro que para el imperialismo norteamericano la democracia y su institucionalidad y normativa, son otro instrumento o mecanismo de dominación pues ya ha develado el manejo político que hacen de las mismas.

Esta situación nos lleva a concluir que en Latinoamérica debemos estar atentos a que los gobernantes de procesos progresistas y revolucionarios no sufran ataques de esa naturaleza.

Evo ya es un blanco que busca ser impactado para impedir su reelección. Renunciar a la primera magistratura para habilitarse puede dejarlo en manos de una acción de la naturaleza descrita.

Debemos estar atentos para que eso no ocurra, pues está claro que la técnica de la post verdad, tiene en el trabajo de los abogados y jueces pro imperiales, materia prima para producir esas “falsas verdades” para convertirlas en “verdades universales” manipuladas y elevadas a Cortes Regionales como la Interamericana o incluso la propia a Corte Penal Internacional.

El caso Zapata puede resultar siendo una anécdota si el gobierno de Evo, no toma el control de ese nuevo escenario diseñado por el imperio.

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