por: Silvia Eugenia Huanca Calle
“Crecimiento económico es el más bajo de los últimos siete años” y “El crecimiento es de 3,3%, el nivel más bajo en siete años”, fueron los titulares de los medios de prensa El Deber y Página Siete” tras la declaración del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia de 3,3% por el ministro de Economía Mario Guillén el pasado miércoles 23 de agosto del presente año.
Al respecto, algunos opinadores señalaron que esto se debe a la reducción de la cantidad de dinero que ya no ingresa a la economía por los altos precios de materias primas que se presentaron en los pasados años, demostrando claramente una gran dependencia con la demanda externa y no así por la demanda interna que señala el ministro que reflejó un incremento en 7,2%.
Observando los datos históricos, el crecimiento del PIB real acumulado al primer trimestre de cada año, se aprecia que en promedio desde 1994 a 2005, creció en solo 3,6% en tanto desde 2006 a 2017 creció en 4,8%, esta comparación permite demostrar que la economía no se encuentra en proceso de desaceleración como muchos medios manifiestan al evaluar el periodo de gestión gubernamental, por lo que debe tomar en cuenta que no es igual gestión gubernamental con gestión fiscal al momento de analizar el concepto “desaceleración económica” al analizar el periodo de siete años y cuando debería ser de 11 años.
Así también, las tasas de crecimiento del PIB al primer trimestre de cada año que han estado por debajo de 3,3%, fueron en el año 1999 que registró 0,7%; 2000 con 2,1%, inclusive en 2001 fue de 0,0%; 2002 1,4%; 2007 2,5%; 2009 2,9% y para 2010 a 3,2%.
Por otra parte, para refutar que la demanda externa es motor del crecimiento, observando los datos de la incidencia de la demanda interna y exportaciones netas en el crecimiento acumulado del PIB al primer trimestre de cada año, nos permite evidenciar que bajo el modelo de libre mercado en el año 2000 el crecimiento económico solo fue de 2,1% cuando se tenía una incidencia de 4,2% en las exportaciones netas y -2,2% en la demanda interna, peor aún para 2001 cuando la economía redujo a 0,0% de crecimiento a pesar de que las exportaciones netas estaban en su auge con 5,6% y la demanda interna con -5,6%. Con ello verán que la economía aun dependiendo del sector externo no creció al ritmo de hoy.
Por otra parte, sin dejar de lado al contexto externo, es necesario manifestar que frente al discurso de que existe un efecto precio y producción en la economía, esta situación se contradice con lo que aconteció en el sector minero. En el caso de minería, el PIB creció en 4,7% en la gestión 2016 respecto a 2015. No obstante, los precios de los minerales registraron cotizaciones muy bajas desde 2015, según los reportes de London Metal Exchange (MB) en promedio en el año 2015 el plomo cotizó 0,81 dólares por libra fina ($/LF), estaño 7,29 $/LF, zinc 0,88 $/LF, cobre 2,51 $/LF, oro 1.160,14 dólares por onza troy ($/OT) y plata 15,69 $/OT. En 2016, los precios tendieron a incrementarse levemente el plomo registró un precio de 0,85 $/LF, estaño 8,12 $/LF, zinc 1,05 $/LF, cobre 2,22 $/LF, oro 1.251,52$/OT y 17,19$/OT.
Trasladando esta relación al primer trimestre de 2017, se observó que el sector de minería refleja una reducción de -1,6% pero los precios de los principales minerales que produce Bolivia al mismo periodo empezaron a subir significativamente respecto a la gestión 2015, el plomo en promedio cotizó al primer trimestre de esta gestión en 1,04 $/LF, estaño 9,08$/LF, zinc 1,26 $/LF, cobre 2,64 $/LF, oro 1.219,28 $/OT y Plata 17,21 $/OT. Queda claro que el efecto precio no siempre puede ser significativo en el crecimiento.
Por todo lo citado, se aclara que el crecimiento de la economía no solo obedece a efectos de precios internacionales como los analistas señalan, tal es el caso de la minería que muestra un comportamiento distinto a la clásica alusión que citan los opinadores. Es evidente que el estado participa y utiliza al mercado para que los agentes económicos interactúen y tomen sus decisiones.
El modelo económico tiene como objetivo principal la redistribución de la riqueza tras al fortalecimiento de la demanda interna, como el motor del crecimiento de la economía nacional, impulsado por la inversión pública que para esta gestión el PGE considera una programación de 6.188,8 millones de dólares.
Es necesario recordar que el crecimiento económico no es un patrimonio heredado por los anteriores gobiernos de turno sino por la aplicación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo implementado desde la gestión 2006.
* Economista

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