Un grupo de intelectuales, paceños en su mayoría, presentó públicamente una agenda, denominada 21F, en clara referencia al referéndum de aquella fecha, en la que muestran a la sociedad boliviana sus deseos de un cambio de gobierno y una suerte de programa de “transición”, delo que ellos llaman un “régimen autoritario y corporativo”, hacia un régimen distinto, que sería un estado social, democrático, de derecho”. La presentación pública de dicha agenda es algo digno de ser analizado, nos solo por la debilidad de las “verdades” que intenta posicionar, sino por la profunda colonialidad de su puesta en escena.
Para empezar, nuestros intelectuales democráticos presentan una lectura errónea de los resultados del 21F, en el que la población efectivamente votó rechazando una enmienda a la Constitución, pero en ningún momento lo hizo por un cambio de gobierno distinto al del MAS, deducir automáticamente eso de los resultados del 21F es hacer una interpretación hipotética y arriesgada a la que le falta una verificación en la realidad.
El documento presenta una caracterización muy mal lograda del actual gobierno, al que califican de “régimen corporativo y autoritario”. Habría que decir al respecto que se ha vuelto un lugar común en la oposición latinoamericana calificar a los gobiernos de izquierda como “regímenes”, no así a los de derecha, nunca veremos por ejemplo a la CNN calificar al gobierno de Macri como “régimen”, pero si al de Morales y Maduro. Esto porque la famosa palabra tiene una historia en América Latina y se asocia a los gobiernos dictatoriales, a ellos se los llamaba “regímenes”, entonces la agenda oculta tras esta palabra es decir que son gobiernos de ese tipo. Afirmación que cae por su propio peso, pero que la oposición usa con la mayor soltura, la misma presentación de la agenda es prueba de que no vivimos en este tipo de “régimen”.
El documento hace también un uso abusivo de la palabra corporativo, ya que lo que menos existe son corporaciones que estén en o detrás del Gobierno, si con ello quieren insinuar que son las organizaciones sindicales las que toman decisiones, es que no conocen en absoluto la dinámica establecida en la última década entre Estado y organizaciones sociales, que en cualquier caso, es mucho más democrática que gobiernos anteriores, en los que escasamente los presidentes abrieron las puertas de Palacio a un solo sindicato, organización indígena o campesina.
Pero más interesante de analizar es la puesta en escena de la presentación. Huelga decir que en su lectura pública participaron representantes de antiguos regímenes de dudosa vocación democrática y de indudable corporativismo y corrupción. El documento fue leído colectivamente, por turnos sucesivos, a la manera escolar, para demostrar la profunda convicción democrática de sus autores. Pero no deja de llamar la atención la presencia impostada de tres indígenas en el panel, pues claro, hubiera sido incómodo y poco atinado presentar un documento de esa naturaleza sin la presencia de indígenas a estas alturas de la historia.
Guillermo Mariaca los presenta como el compañero” Félix de Potosí, el “ciudadano” Bailer de Sucre, y el compañero Vladimir, no menciona sus apellidos, a diferencia de Gonzalo Rojas, José Luis Quiroga, Loyola Guzmán, Cecilia Requena, a los que llama “ciudadanos” y son nombraos por sus nombres y apellidos. Los indígenas son invitados a leer tres párrafos de un documento que claramente sienten ajeno. Claro está que se sumaron a la agenda de los intelectuales que condescendientemente les dan voz e incluso les dicen qué leer. Triste avance de tan ilustrado grupo.
Como no podía ser de otra manera, la lectura pública del mentado documento concluye con el infaltable grito ¡Vivan los mártires!… al que le sigue un incómodo silencio. ¿Mártires de qué? estarían preguntándose muchos. ¡Hay, parece que no tienen mártires!
Podría, decir más, pero aquí me quedo por falta de espacio, pero invito a mis lectores a ver personalmente la grabación en línea de tan memorable presentación y a juzgar por sí mismos.
* Socióloga.

Leave a Reply