Los derechos humanos representan una doctrina universal por la que las naciones del mundo se comprometen a poner freno al abuso de poder de los gobiernos, significando al mismo tiempo un mecanismo de protección de la ciudadanía en relación a los derechos positivados en un conjunto de instrumentos.
Pero para la concepción neoliberal, los derechos humanos se reducen a los derechos civiles y políticos. Al ser estos autoejecutables, para su vigencia y realización, el estado NO debe intervenir, sino en su reconocimiento como normas dejando a los ciudadanos el derecho de ejercerlos y demandarlos.
No olvidemos que para el neoliberalismo rige el Estado Mínimo, dejando en manos de la sociedad civil o mejor expresado en manos del sector privado la iniciativa que debía ser responsabilidad del estado.
En este contexto, el neoliberalismo le pone absoluto énfasis a los derechos a la propiedad y las libertades, pues considera que la igualdad ante las leyes y ante el mercado, son las reglas del juego del mundo moderno.
Entonces, en que quedan los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) como por ejemplo: la educación, la salud, el empleo y trabajo, la seguridad social para señalar sólo algunos de ellos.
Para el neoliberalismo, estos derechos humanos son sólo aspiraciones. Argumentan que no constituyen derechos por no ser autoejecutables. Entonces queda claro y al desnudo, la visión sesgada, incompleta e instrumentalizada que hace la derecha y el neoliberalismo de los derechos humanos.
Y es desde esa plataforma doctrinal que la derecha se atreve a cuestionar a los regímenes que le dan preeminencia a los DESC, que generalmente son estados que son resultado de revoluciones sociales.
Resulta curioso que los “llamados dictadores” han sacado de la situación de extrema pobreza en muy poco tiempo, a millones de personas, generando intensa movilidad en sus estructuras sociales. Más curioso resulta que los países de las “mal llamadas dictaduras” han eliminado el analfabetismo. También resulta notable que “las dictaduras” han producido el seguro universal y gratuito de la salud y tienen sistemas de seguridad social cada vez mayores y con mejores coberturas.
Entonces ¿los “dictadores” son violadores de los derechos colectivos o derechos de los pueblos, reconocidos por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y su protocolo facultativo? Definitivamente no. Son los gobiernos populares los que mejor protegen los DESC.
Para evitar la consolidación de este tipo de gobiernos revolucionarios y de transición, los EE.UU. a través de sus partidos políticos aliados, los medios de comunicación y las castas de intelectuales liberales que actúan en nombre de la ciudadanía, pretenden subvertir el orden, haciendo campañas basadas en la lectura instrumentalizada de los derechos humanos, entendidos –reiteramos- como derechos a la libertad y la propiedad.
Cuando el MAS a través de sus asambleístas plurinacionales plantea el recurso abstracto de inconstitucionalidad, dado el carácter supraconstitucional que tienen los instrumentos de derechos humanos, lo hacen en el marco de absoluta legalidad ya que este principio sostiene que “si existiera una norma de derechos humanos que proteja más efectivamente algún derecho de un ciudadano, esta norma deberá ser aplicada aún por encima de la norma constitucional.”
Entonces el recurso no es solamente legal sino también legítimo, porque las normas de derechos humanos lo prevén y el sentir de la mitad de la población lo reclama, para seguir profundizando las políticas públicas que amplían progresivamente la vigencia y realización de los DESC.
Es más, incluso deberíamos plantearnos una nueva Asamblea Constituyente que evalúe la calidad del actual texto constitucional a la luz del que debió ser el texto constitucional emanado de la Asamblea Constituyente: el texto constitucional de Oruro.
Si las constituciones son perfectibles, perfeccionamos también la nuestra y realicemos todos nuestros derechos humanos, armónica y complementariamente.
* Sociólogo. Militante Guevarista.

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