abril 21, 2024

Erick Rojas (1952 – 2017)

“…Frente a la muerte, debo abrazar de golpe mi propio infortunio / Tú eres tan sólo los escombros de una vieja catedral. / Reina el silencio cuando resuena el misterio de tu nombre. / ¿Se conserva todavía el misterio de tales sílabas? / Ruinas del movimiento, tus ideas sangrando en mi cuerpo. Somos una tribu agónica en el llameante cuerpo de la historia. / Todo está apenas comenzando.” / Floriano Martins

Todos ya han dicho de todo en las redes sociales, en los periódicos y también en sentidas palabras el soleado domingo de tu entierro frente a tu féretro… Se ha dicho mucho sobre el líder político, sobre el dirigente universitario y sobre el profesor. Pero casi nadie habló del hombre, de la pareja, del papá. Del ser humano, más allá de los títulos y de las actuaciones públicas en la vida.

Y eso quiero hacer ahora, rendirle tributo a tu vida, Negro inolvidable. A tu manera particular de amar, a tu forma extraordinaria de persistir cuando te proponías algo; a tu sonrisa seductora que conquistaba a todos… y todas. A tus errores y tus aciertos. A tu ternura meciendo a Lucía Natalia para que duerma; Lucía Natalia tu última hija, llamada Lucía como la canción de Serrat que yo amaba y Natalia, como un homenaje tuyo a Natalia Sedova, esposa y compañera de Trotsky. A tu ceño fruncido cuando te concentrabas en algo. A tu incondicional amor por el chocolate, punto de partida de nuestra relación. A nuestras interminables discusiones de política, de filosofía, de poesía, de arte, de música, frente a un buen whisky o sin él, charlando hasta que amanecía, interrumpidos por el llanto de la niña que demandaba nuestra atención. Más que pareja o padres, fuimos compañeros y aunque haya sido poco tiempo a lo largo, fue un tiempo inmenso a lo hondo…

Decidiste entregarle armas a tu hija, que no fueron las convencionales. Una de ellas, el ajedrez que le enseñaste con tesón, apenas fue a la guardería. Pero también la lectura, pasión que ambos le inculcamos. Recuerdo tu disgusto por los juegos estereotipados de género que siempre evitaste; todo eso dejó honda huella en la vida de Lucía. También fuiste un amigo lejano, que, sin estar todo el tiempo, estabas en los momentos claves y ella lo sabía… Sé que le harás mucha falta.

Tuviste errores, como todos nosotros; a tu manera, siempre intentaste tener a todos conformes y a veces, lo lograbas. Y aunque no era posible la presencia constante, el lazo de amor con tu hija estaba establecido. A veces la vida no es lo que queremos (casi nunca diría yo) y bueno, hay que aprender a vivir con lo que se tiene. Sé que eso hiciste y debo decirte que, haciendo un balance, no lo hiciste nada mal.

Ingrid fue el punto de quiebre porque es muy difícil hallar en el corazón de padre una explicación para la partida anticipada de los hijos. Te vi envejecer desde ese día con bastante más celeridad que de costumbre. Creo que jamás te resignaste y mucho menos, acostumbraste a su ausencia.

La enfermedad te agarró a destiempo; nunca entenderé por qué la muerte se ensaña con los menos indicados. Había mucho por hacer aún y estoy segura que tú tenías un espacio privilegiado en esa construcción colectiva que recién empieza.

Harás falta Negro; desde este balcón donde miro el Illimani que tanto te gustaba, rindo homenaje a tu vida y a todo lo que fuiste en la mía… Gracias por todo, nunca jamás te irás de mi alma.


*    Es médica de profesión.

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