enero 9, 2022

Santos Marka T’ula y Tupaj Katari

El pasado 13 de noviembre se recordó 78 años de la muerte del líder aymara del movimiento de los caciques apoderados Santos Marka T’ula, acaecida en la ciudad de La Paz en 1939 después de una enfermedad, como producto de persecuciones, encarcelamientos y varios intentos de asesinato. La más impactante fue en 1918 cuando lo arrojaron al “rio cajón” en los Yungas de la que sobrevivió con la ayuda de los pueblos amazónicos. Sus enemigos fueron los latifundistas de la época, que estaban asociados con curas/monjas, militares y muchas autoridades del Estado. Desde 1914 hasta su muerte fue el representante más importante de los ayllus y comunidades de la región andina del país y que luchó contra todas las formas de usurpación de tierras de los potentados. Este movimiento indígena desarrolló, sobre todo, la defensa legal de los ayllus y comunidades, cimentados en las pocas concesiones formulados en documentos coloniales y republicanos. Aunque en determinados momentos ante la imposibilidad de ser oídos en sus justas demandas, no descartaban las rebeliones masivas frente a sus opresores. Santos Marka T’ula viajaba a pie por las comunidades andinas explicando a sus hermanos/as el porqué se tenía que defender las tierras ancestrales. En este peregrinaje invocaba diciendo: Pasakalli, pasarpayitatawa; q’anasillas, q’anarpayitatawa; jararankhu, jararpayitatawa. La traducción aproximada es: Gusanillo, me dejarás pasar; escarabajo, me desenredarás; lagarto, me desatarás. ¡Honor y gloria a este insigne defensor del ayllu y la comunidad andina, junto con otros líderes como Rufino Willka, Santos Cornejo, Faustino Llanque, Feliciano Condori, Feliciano Marasa y muchos otros!

El 14 de noviembre de 1781, Julián Apaza o Tupaj Katari, nacido en el ayllu Laqaya de la Marka Ayo Ayo, fue sometido a una horrenda muerte en la plaza del pueblo de Peñas (hoy perteneciente al departamento de La Paz). El día 13, el oidor Francisco Tadeo Diez de Medina, había pronunciado la sentencia de su ejecución señalando que Julián Apaza debía ser sacado de la prisión arrastrado de la cola de un caballo, con una soga de esparto al cuello y conducido a la plaza pública donde se le debía despedazar por cuatro caballos; y que después de muerto, su cabeza debía ser conducido a la ciudad de La Paz y se tuviese en la horca durante tres días, para luego ser colocado en el alto de k’illi k’illi (Hoy es parte de la Villa Pabón), para público escarmiento. Que su brazo derecho debía ser remitido al pueblo de Achacachi, el izquierdo al de Sicasica, la pierna derecha al de Caquiaviri (provincia Pacajes) y la izquierda a Chulumani (los Yungas), para que sean expuestas en los caminos públicos. El tronco de su cuerpo, debía ser mantenido en la horca y después ser reducido a cenizas para que no quede nada. Toda esta horrible sentencia se cumplió a cabalidad.

A 236 años del descuartizamiento de Julián Apaza o Tupaj Katari, por los colonizadores españoles, los grandes ideales anticoloniales de Apaza no se han cristalizado, razón por la que su pensamiento sigue vigente. Esta emancipación fue parte del gran levantamiento de Tupaj Amaru (hoy Perú) y de Tomas Katari en Chayanta, entre 1780 y 1781. Además, es importante destacar que no sólo indios se rebelaron contra el yugo colonial, sino también participaron activamente los afros, los lecos del norte de La Paz, además de algunos sectores mestizos que abrazaron la causa de Tupaj Katari y Bartolina Sisa.


*    Es aymara-boliviano. Dr. en Estudios Culturales Latinoamericanos y es Docente en la UMSA.

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