En principio estoy de acuerdo con que una persona pueda candidatear las veces que considere y pueda ser reelegida siempre y cuando cuente con el caudal de votos para hacerlo, al final en una democracia es el pueblo el que decide, pero el problema en Bolivia es que el Gobierno convocó a un referéndum para consultar si eso era posible y perdió y el Tribunal Constitucional, obviando el resultado de ese referéndum, lanzó un fallo contrario. Quisiera poder decir otra cosa, pero considero, que ese fallo es uno de los errores más graves cometidos en este proceso, por tres razones fundamentales:
La primera, es que si bien no creo como otros, que este hecho conduzca a una autocracia, ni que entierre la democracia en Bolivia, sí considero que destruye la credibilidad y la confianza de la población en el voto, elemento fundamental, aunque no el único, para que una democracia funcione. Frente a ese hecho resulta poco creíble decirle al país que la decisión del 2019 está en el pueblo. Cómo creer en eso, si el mensaje es claro: que el Gobierno está dispuesto a respetar el voto siempre y cuando le sea favorable y está dispuesto a ignorarlo si está en su contra.
No es especulativo pensar que semejante hecho nos conducirá sin consideración al terreno de la fuerza, pues es en las calles donde el conflicto tendrá que dirimirse y lo más probable es que se haga a través de la violencia que la derecha buscará. Veremos nuevamente tomas de instituciones, grupos neofascistas y el reflote del racismo, ya que mucho del antievismo se sustenta en posiciones viscerales que no encontraba un cauce para expresarse y hoy lo tiene.
La segunda razón, es que el dictamen polariza nuevamente el país. Parecería que el gobierno no aprendió nada de las lecciones que dejo el 21F, una de ellas fue que en la polarización el MAS pierde, porque todos los descontentos se aglutinan en un solo bloque. En vez de buscar otras salidas que debiliten o dividan su oposición, apuntó nuevamente a la polarización y el resultado se evidenció claramente en la votación por la magistratura.
La tercera, es que el TCP logró que finalmente la derecha recuperara algo que había perdido desde octubre del 2003, un discurso articulador, ahora por fin lo tiene y con él puede movilizar y cohesionar a muchos sectores sin la necesidad de discutir un programa, apelando solo al sentido común más básico. A partir de los resultados de las elecciones judiciales, es posible especular incluso que se aventure a pedir también el acortamiento del mandato de presidente Morales o una intervención extranjera.
El MAS no estaría en esta situación si hubiese comprendido algo fundamental para la sobrevivencia de los procesos políticos a largo plazo, y es que éstos no deben concentrarse en la figura de un solo líder, sino en una ideología y en un proyecto que vaya más allá de las personas. Eso lo comprendió Chávez, lo comprendió Fidel y en nuestro país, aunque con fines distintos, lo comprendió también el MNR, que gracias a eso pudo gobernar con varios rostros por más de cuatro décadas sin que nadie reclamara alternancia.
El origen de este error vienen de muy atrás, del propio nacimiento del MAS, cuando las posiciones seudoanarquistas de aquella época buscaban diferenciar al MAS de la izquierda leninista y lo definieron como un movimiento laxo y poroso, que impidió su consolidación en un partido, pero el problema con los movimientos laxos y porosos es que solo pueden perpetuarse a través de su líder, en cambio, la ventaja de los movimientos que se consolidan en partidos y que logran construir un verdadero instrumento político, es que eso les permite su renovación ideológica, y lo más importante, les permite la formación de cuadros y nuevos líderes. Cosa que el MAS no puede hacer, esto ha socavado cualquier posibilidad de un liderazgo nuevo en su interior, por tanto, está condenado a depender de la imagen del presidente Morales para continuar.
La pregunta que surge ahora es si en estas nuevas circunstancias y con el deterioro que todo esto significa, ¿el MAS podrá ganar las elecciones del 2019? y si lo hace ¿podrá sostener un gobierno de cinco años?
* Socióloga.

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