agosto 26, 2026

Todo lo que da el Estado siempre es poco, si no se ha luchado por conquistarlo

En este período de gobiernos de izquierda y progresistas en América Latina, grandes capas de la sociedad pasaron de la pobreza a vivir en condiciones de “clase media”, y paradójicamente, buena parte de ellos no volvieron a votar por las fuerzas políticas y candidatos de esos gobiernos. Este fenómeno supuestamente ilógico, se ha presentado con distintos matices en Brasil, Argentina y Venezuela, y la explicación que se da es que, quienes salieron de la pobreza gracias a gobiernos que buscan garantizar condiciones de vida digna, hoy actúan como clase media conservadora que desconoce el origen de la mejora en sus condiciones de vida. Se la trata de arribista e ingrata, pero no se explica la razón de esa supuesta irracionalidad.

Este comportamiento corresponde sociológicamente con lo que se ha llamado el pequeñoburgués, que mezcla sus deseos de ascender en la escala social, con miedos, oportunismos, fidelidades políticas variables y muy baja solidaridad con los demás. Se centra en el C.V.Y., el “cómo voy yo”, y en tanto su ascenso social y económico no fue producto de un accionar colectivo, sigue creyendo que él o ella llegaron a donde están, gracias a su propio esfuerzo y sin ayuda de nadie.

La propia lógica popular es la que nos puede ayudar a resolver este acertijo. Nos enseña que todo lo que “papá” Estado concede en forma paternalista, no sólo se considera por lo general insuficiente, sino también inseguro, pues así como te lo dan te lo quitan, de lo cual existen muchos ejemplos en el pasado. Es decir, que luego que se nos ha garantizado un derecho humano por decisión unilateral de los gobernantes y sin que lo hayamos exigido previamente con un accionar colectivo, se genera un cierto agradecimiento inicial que, con el tiempo, se transformará en un miedo a perderlo. Miedos que se aumenta cuando los recursos a disposición del gobierno disminuyen, y el mensaje que nos llega es que nos los pueden quitar para dárselos a otros más necesitados que se movilizan y exigen.

La responsabilidad de estas conductas individualistas no es de quienes las reproducen sino de los gobernantes que las crean desde arriba, los que, también por miedos, no promueven el fortalecimiento de las organizaciones sociales para que puedan exigir sus demandas en forma colectiva y por medio de movilizaciones y luchas que generan solidaridad. Todo derecho que se conquista luego de un proceso colectivo y formativo de lucha, genera confianza, solidaridades a futuro y autoestima social. Lo correcto es combinar las garantías de derechos y las oportunidades laborales y de negocios por cuenta propia, con procesos de formación, de planeación participativa, de acciones colectivas que exijan democráticamente esos derechos y organicen a las comunidades alrededor de propuestas, para que luego el gobierno, como reconocimiento a esa formas de acción participativa directa, pase a aceptar y transformarlas en conquistas. Así se demuestra que la movilización organizada que incluye a toda comunidad necesitada, obtiene sus resultados cuando las organizaciones sociales y el gobierno que las representa, comparten los mismos valores e intereses políticos.

Si se los impulsa a convertirse en pequeñoburguesía con ánimos de continuar ascendiendo según lo determinan sus intereses individuales, o en comerciantes que hacen buenos negocios pero no importa con quién ni para qué, se está reproduciendo la misma ilusión de escalar en la pirámide social de clases, que las oligarquías prometieron y nunca pudieron ni quisieron concretar. El gran objetivo no es tener más personas que asciendan de clase social, sino que todos, como un gran colectivo societal con igualdad de oportunidades, puedan sentir que son capaces de vivir dignamente de su propio trabajo.


*    Columnista invitado del periódico “El Espectador” de Colombia, y panelista de opinión en radio y televisión. Doctor en Filosofía, consultor y profesor universitario.

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