La manipulación de Página Siete ya no tiene límites. El jueves pasado publica en su página digital un artículo presentado bajo la forma de noticia en Erbol -igualmente especializado en poner de cabeza lo que debería estar de pies-, que tomó como fuente al vicepresidente Álvaro García Linera, quien se refirió única y exclusivamente al tema del racismo.
Lo que menos presenta Erbol y ese matutino es el desarrollo conceptual que hizo el segundo hombre del país sobre el tema del racismo y la discriminación, ni mucho menos sobre cómo esos conceptos eran empleados para referirse al racismo y la violencia verbal de la que fue víctima una señora de pollera en la ciudad de Santa Cruz hace unos días. Tampoco, como es obvio, Página Siete y Erbol hicieron referencia a la aparición en las redes sociales de un personaje creado con el nombre de la mujer que ejerció racismo –Ramona-, para descargar improperios contra los indígenas y campesinos del país.
Lo que hace ese matutino, cada día más alejado de los más elementales principios de la ética periodística, es lo mal que la pasó García Linera cuando le recordaron algunos hechos de discriminación protagonizados por algunas autoridades del gobierno, como el que hizo el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas, el 21 de febrero pasado, cuando la oposición llevó adelante una movilización que nunca llegó a ser el paro nacional que esperaba.
Y es ahí donde viene la manipulación. La pretendida intención de “voltear la tortilla” se queda en una vulgar tergiversación de los hechos, pues confunde hechos particulares con la vigencia de una filosofía del racismo y la discriminación antes del gobierno de Evo Morales. Para nadie es desconocido, ni siquiera para los periodistas y columnistas de los medios opositores al proceso de cambio, que antes del actual gobierno de izquierda lo que había en el país era una filosofía y una práctica recurrente de racismo. Era algo generalizado y asumido como “normal” en el conjunto de la sociedad. Negar ese pasado es una hipocresía.
Esa adulteración de la realidad no es casual. Estos medios tratan de mostrar como racista y discriminador al gobierno, con lo cual en realidad no solo ocultan deliberadamente los hechos de la historia, sino que protegen y defienden la filosofía colonial de la caricatura republicana que defienden. Esa manipulación no es ingenua, pues en realidad los nostálgicos del pasado pretenden apropiarse de las banderas del cambio.
Sería ceguera o acto de tolerancia cómplice negar que hay prácticas de racismo y discriminación en alguna gente vinculada al gobierno, y ciertamente son actos que deben ser criticados, reprochados y sancionados con energía. Pero no se trata –y ahí viene la manipulación de estos medios-, de una filosofía. Se trata de prácticas particulares y no la expresión de una política de gobierno. Es el Estado Plurinacional el que ha posibilitado la promulgación de una ley contra el racismo y la discriminación, como instrumento jurídico que sintetiza la lucha contra la colonialidad que durante siglos llevaron adelante nuestros pueblos.
El Estado homogeneizador y los gobiernos de la democracia de pactos, para no ir más lejos, al igual que los medios que defienden el viejo orden, son los que organizaron la vida social sobre la base del racismo. No podrán ocultar jamás ese dato de la realidad.

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