En un escenario de ‘diagnóstico reservado’ para las fuerzas de izquierda, producto de la división de sus listas, tuvieron lugar las elecciones parlamentarias en Colombia, a las que se agregaron dos consultas presidenciales: una entre los candidatos más regresivos frente a la construcción de paz, y otra entre los únicos dos candidatos progresistas que optaron por esa alternativa para construir unidad.
El contexto en que se realizaron fue de una fuerte campaña de polarización ideológica, provocada por la extrema derecha y dirigida a generar miedos en la población con abiertas agresiones, no penalizadas, contra los miembros de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, FARC, y de la precandidatura del exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Se acompañó de una ola sistemática de asesinatos que en 16 meses costaron la vida de más de 200 líderes sociales y defensores de derechos humanos, y de 80 excombatientes y familiares de miembros del partido FARC; un nivel de intensidad no registrado en los últimos años de guerra. El resultado es la más alta abstención de los últimos 28 años (51%), y notables cifras de votos en blanco, nulos y no marcados, que llegaron al 15%.
Primarias presidenciales versus votación a senado
Las dos encuestas se convirtieron en un escenario más de la polarización existente alrededor de los acuerdos de paz, así como en un choque derecha-izquierda -que no necesariamente traslada sus resultados al campo legislativo y menos aún a las próximas presidenciales. Quedando por definir a quién apoyan a presidencia los partidos que no tienen candidato, se ha denunciado un sistemático fraude a favor del candidato del uribismo y contra la consulta progresista.
Es de destacar que la votación de Petro en la consulta fue la más alta alcanzada por un candidato presidencial progresista en la historia de Colombia. Y que las diferencias de los votos de Duque y Petro con los de sus senadores electos, se explican por el carácter abierto y de voto cruzado de estas consultas, que no necesariamente repetirán resultados en la primera vuelta presidencial, si bien marcan tendencias.
El candidato Vargas Lleras, sin entrar a consultas, se coloca cerca de la segunda vuelta junto al candidato de Centro Democrático, dependiendo esto de a quién de estos dos apoyen el Partido Conservador y el Partido de la U. En la franja de los centristas, hoy llamados “tibios”, quedan Humberto de La Calle, negociador de los Acuerdos de Fin del Conflicto, y Sergio Fajardo, al que se deberían sumar los votos de izquierda del Polo Democrático Alternativo.
Todo depende de cómo se agrupan las fichas de este rompecabezas, marcado en las fuerzas de derecha por las alianzas que realicen y el potencial clientelista de compra de votos, y en las fuerzas progresistas y de izquierda determinado por acuerdos de unificación de campañas, Fajardo-De La Calle, o de acuerdos programáticos entre los tres, como propone Gustavo Petro. Es muy posible que las encuestas de último momento orienten el voto de opinión mayoritariamente urbano, y así se definirán los dos candidatos que pasen a segunda vuelta.
El balance parlamentario indica que para la derecha -en casi todas sus variantes y con la excepción de Cambio Radical que aumentó su bancada a senado-, el resultado implicó que todos perdieran curules con respecto a su representación actual. Puestos que en su mayoría pasaron a manos de los partidos de centro izquierda, con una bancada de 24 que, con fuerzas indígenas y de otros grupos con cierta independencia de los tradicionales pueden sumar 30-32 senadores, entre los 108 que lo componen; cifras que doblan lo alcanzado en toda la historia electoral colombiana, y que se obtienen a pesar de su dificultad para construir, en los últimos años, alianzas y frentes únicos en el marco antineoliberal.
¿Qué pasó con la FARC?
Las encuestas indicaban que los sectores de izquierda tendrían muchas dificultades para alcanzar el umbral electoral, considerando que una parte de sus votos iría hacia la FARC. Ese era el riesgo para el Polo Democrático Alternativo, para la alianza de Decentes, y para el Partido Verde. Sin embargo, las 3 fuerzas logran superar con holgura el umbral del 3% de los votos, mientras que la FARC apenas supera los 50.000 mil votos. Reafirmando aquello de que los pueblos aprenden más rápido que sus dirigentes, el sector de la población urbana inicialmente dispuesto a votar por la FARC en reconocimiento a su decisión de pactar la paz, asumió que el principal problema era el riesgo para el resto de la izquierda de perder su representación parlamentaria, mientras que el partido FARC ya tenía sus 5 senadores y 5 representantes asegurados por los Acuerdos. A lo que habría que agregar que los territorios rurales de base social de la exinsurgencia hoy están ocupados por paramilitares y fuerza pública, por lo cual votar en ellos por la FARC puede costar la vida.
Es necesario considerar que las discusiones al interior del nuevo partido, en cierto sentido esperables para una organización en la que durante 50 años su estrategia principal era militar y secundariamente política, no les permitieron entender que el espíritu de la época, su imagen y percepción por gran parte de la población urbana, ya no era la del guerrillero heroico que simbolizó el “Che”, sino que estaba fuertemente afectada por la campaña mediática de desprestigio, que hoy continúa con mayor agresividad. Y si hubo un error por parte de las FARC, para otros una ingenuidad, es haber mantenido su palabra de participar en unas elecciones marcadas por el descarado incumplimiento de las garantías y libertades mínimas para adelantar su campaña. Para una insurgencia de raíz campesina, la palabra empeñada vale más que los papeles firmados, y a ese referente ético apostaron, a pesar de tener conciencia de que una parte de lo acordado nunca se cumpliría, sin una presión social que lo impusiera, algo que no se logró generar por quienes defendían los Acuerdos. De todo lo acordado para su participación política, sólo les asignaron una cuenta bancaria sin fondos y faltando sólo 4 días para las elecciones, ya sin posibilidad de realizar actividades en espacios abiertos. Con el agravante de que allí donde intentaron realizar su campaña electoral, les agredieron grupos violentos y organizados, permitidos por la fuerza pública, lo que podía costarles la vida.
Escenarios posibles
Los escenarios posibles para la primera vuelta presidencial del 27 de mayo son: 1-un alineamiento de las fuerzas de derecha que les permita ganar en primera vuelta, 2- el paso de dos candidatos de derecha a la segunda vuelta, y 3- que pase uno de la derecha y otro del centro izquierda, y que éstos consigan despertar el voto en blanco y sus afines, así como el de la abstención. Para lograrlo se requiere mostrar la construcción de un frente social y político estratégico, que más allá de lo electoral defienda los acuerdos y priorice un programa antineoliberal, de defensa de los derechos humanos, de la naturaleza y de la soberanía nacional y popular.
Paralelamente, se retoma la negociación con la guerrilla del ELN, y unos días después la Fiscalía abre investigación a dos senadores electos por la izquierda, bajo la presunción de vínculos con esa organización. La escalada jurídico política contra las fuerzas de izquierda continúa, y así como la paz de Colombia será la paz de América Latina, sólo la democracia de América Latina podrá garantizar la democracia de Colombia.

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