agosto 24, 2026

América Latina en tiempos de Trump: el fraude en Honduras, una enseñanza para México y Nuestra América

Vivimos tiempos interesantes, a la par que confusos. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, afirma [1] que estamos ante el fin de la globalización neoliberal. Sustenta su tesis en dos eventos en los dos países donde se dio inicio al modelo neoliberal (después de que los Chicago Boys utilizan el Chile de Pinochet como laboratorio); el Brexit en el Reino Unido y la victoria de Trump en Estados Unidos. Dichos eventos cuanto menos suponen un frenazo a la globalización de los mercados y un retorno a formas de proteccionismo económico.

Estados Unidos en tiempos de Trump

Es necesario recordar que Obama tiene el dudoso honor de ser el primer presidente en toda la historia de los Estados Unidos que más tiempo [2] ha ejercido su mandato con el país en guerra. No solo mantuvo las operaciones en Irak, Afganistán y Siria, si no que incursionó militarmente en Libia, Pakistán, Yemen y Somalia.

Frente a ello, Trump no ha abierto ningún nuevo frente de guerra, aunque sí ha propuesto [3] incrementar el presupuesto militar un 9%, 54.000 millones para un total de casi un billón de dólares.

El America First de Trump es real. Hay un repliegue hacia el mercado interno, un intento de mantener o reindustrializar el país al mismo tiempo que se sale del TPP (que era el campo más visible de disputa con China en el ámbito comercial).

Si observamos otros indicadores geopolíticos, podemos afirmar que, hasta el momento, no hay un cambio en la política exterior estadounidense, cuando ya se ha cumplido más de una cuarta parte del mandato de Donald Trump.

•    A pesar de pelearse vía Twitter con Corea del Norte y sus bravuconadas nucleares, no se ha dado ningún paso más para materializar un ataque real.

•    No se ha certificado el acuerdo nuclear con Irán, pero este sigue en pie hasta el momento.

•    Se mantiene el statu quo con Rusia, en medio de acercamientos y alejamientos, y tampoco varía la política hacia Ucrania.

•    Se ha calificado de obsoleta la OTAN, pero no se ha variado la participación ni la postura de EE.UU. como miembro principal de la Alianza Atlántica.

•    Se ha decido trasladar la Embajada en Israel a Jerusalén (era una propuesta de campaña debido a la presión del lobby judío) pero nada hace indicar que vaya a haber ningún cambio de postura en la política hacia Palestina, manteniendo a Israel como su principal aliado en Oriente Medio.

Es decir, hasta el momento, y salvo alguna variación más de forma que de fondo, se mantiene la política exterior estadounidense que responde tanto al lobby financiero de Wall Street, como al complejo industrial militar.

América Latina en tiempos de Trump

Para pensar Nuestra América en tiempos de Trump, es necesario hacerse una pregunta:

¿Sabe Trump donde está América Latina?

Vamos a suponer que sí, o al menos que sus asesores del Pentágono y el Comando Sur sí lo saben. Entonces viene una segunda pregunta:

¿Ha cambiado la política exterior estadounidense en lo que respecta a América Latina respecto a la administración Obama?

Todo parece indicar que la respuesta es no. Veamos también algunos indicadores que nos permitan sustentar esta afirmación:

•    Se mantiene y renueva el decreto ejecutivo de Obama declarando a Venezuela un peligro para la seguridad de los Estados Unidos.

•    Se mantiene la política injerencista contra Bolivia y otros gobiernos progresistas. No olvidemos que hay un hilo conductor entre el golpe parlamentario en Paraguay contra Fernando Lugo (2012) y el impeachment contra Dilma (2016), la presencia en ambos países de Liliana Ayalde, exdirectora de USAID y Embajadora en cada uno de esos países. Actualmente, Ayalde es Directora Civil Adjunta para Asuntos de Política Exterior del Comando Sur [4]. Otro hilo conductor lo podemos encontrar en el nombramiento de Philip Goldberg como Encargado de Negocios en Cuba. Goldberg, experto en contrainsurgencia, y exembajador en Kosovo, ya fue expulsado de Bolivia por su rol de buscar la balcanización del país durante el empate catastrófico que se vivía en el país andino-amazónico durante 2007-2008-

•    Respecto a Cuba, y a pesar de bruscas declaraciones y movimientos políticos, parece que hasta el momento los cambios son más de forma que de fondo.

•    Se mantiene la misma política de bases militares y ejercicios militares conjuntos, como la reciente operación AmazonLog [5] en la Amazonía entre las fuerzas armadas de Estados Unidos, Brasil, Colombia y Perú.

•    Se mantiene el rol de la OEA como policía cipaya del imperialismo para golpear a los gobiernos progresistas.

•    Otra de las principales promesas de campaña, el famoso muro de Trump, es una realidad en buena parte de la frontera con México, donde ya existen más de 1.000 kilómetros [6] de muro y vallas sobre los 3.000 km de frontera conjunta.

Relaciones Estados Unidos-América Latina

Partiendo de la premisa de que hasta ahora no ha cambiado mucho entre Estados Unidos y América Latina, nos hacemos entonces otra pregunta:

¿Va a cambiar la política exterior estadounidense hacia Nuestra América con Trump en el poder?

Entrando en el terreno de la prospectiva política, la gira del Secretario de Estado Rex Tillerson, ex CEO de Exxon, por varios países de América Latina, permitió subrayar 2 elementos estratégicos para los Estados Unidos en su mirada a la región; los recursos naturales en suelo latinoamericano, e intentar frenar la presencia cada vez mayor de China, manteniendo un control político sobre los gobiernos de derecha latinoamericanos.

En base a estos dos elementos, son 2 los procesos políticos, que pueden modificar la política estadounidense hacia América Latina.

El primero de ellos es Venezuela. La revolución bolivariana y chavista sufre desde 2014 un recrudecimiento de la guerra económica, política y mediática, y si bien la administración Trump no ha variado sus posiciones, la no participación de la mayor parte de partidos que componen la Mesa de Unidad (MUD) en las elecciones presidenciales del 22 de abril allanan el camino a que Nicolás Maduro revalide la presidencia, pero también a una posible intervención militar impulsada por Estados Unidos y operada desde algún país vecino.

El segundo escenario es México. La frontera sur de EE.UU. podría pasar de tener un gobierno lacayo del Departamento de Estado a tener un gobierno progresista en la figura de López Obrador que, sin traer una segunda revolución política a la tierra de Zapata y Pancho Villa, sí desde luego va a recuperar la soberanía en política exterior, generando un movimiento del tablero geopolítico y de la integración latinoamericana y caribeña nada favorable a los intereses estadounidenses.

Este último escenario está en desarrollo, con una campaña electoral que comienza oficialmente el 30 de marzo, y unas elecciones presidenciales el 1 de julio, sin segunda vuelta.

En ese sentido, es importante analizar lo sucedido en las últimas elecciones de 2017 en América Latina, las de Honduras, donde podemos extraer algunas enseñanzas del fraude cometido, para evitar que se reproduzca en México, algo de suma importancia no solo para el país norteamericano, sino para toda Nuestra América.

El espejo hondureño

Hegel decía que todos los grandes hechos (y personajes) de la historia universal, aparecen dos veces. Marx le complementó añadiendo que una vez como tragedia y otra como farsa.

Lo sucedido en Honduras nos confirma la tesis de los viejos filósofos de que la historia siempre se repite dos veces: el golpe de Estado a Mel Zelaya en 2009 como tragedia y el fraude electoral de 2017 como farsa.

El 28 de junio de 2009 militares encapuchados sacan en pijama al presidente Zelaya y lo deportan ilegalmente, tras pasar por una base militar conjunta entre Honduras y Estados Unidos [7], a Costa Rica. Zelaya era acusado de intentar realizar un plebiscito para consultar la posible convocatoria de una Asamblea Constituyente, aunque su verdadero delito fue un viraje desde los postulados que le habían llevado al Gobierno como representante del Partido Liberal en 2006, para girar en 2008 y promover el ingreso de Honduras primero en Petrocaribe y después en el ALBA, lo que le permitió ese mismo año elevar el salario mínimo un 60%.

El ataque no era solo contra un gobierno progresista, sino contra el eslabón más débil del ALBA, después de una década de ascenso de los gobiernos de izquierda en la región. Honduras además tiene una posición geopolítica clave en Centroamérica, siendo utilizada por la CIA en los años 80 como plataforma para entrenar a la contra nicaragüense, y convirtiéndose en 2009 en un laboratorio del smart power que defendía Hillary Clinton, en aquel entonces Secretaria de Estado; la combinación de hard power (golpe de estilo clásico, uso de las Fuerzas Armadas) con el soft power (impulso político desde el Poder Judicial junto a manipulación mediática y apagón informativo).

Ocho años después, Libre se presentaba a las elecciones en una Alianza de Oposición junto al Partido Innovación y Unidad (PINU) y el Partido Anticorrupción (PAC), llevando al líder de este último partido, el conocido presentador de televisión Salvador Nasralla, como candidato a presidente. Enfrente, Juan Orlando Hernández, candidato del Partido Nacional y presidente desde 2013, que se presentaba a una reelección que prohíbe la Constitución hondureña en su artículo 239 [8] Por mucho menos que eso Mel Zelaya fue objeto de un golpe de Estado.

EL 27 de noviembre, un día después de las elecciones, el Tribunal Supremo Electoral hace público un informe de resultados donde al 57% del recuento realizado, Nasralla y la Alianza de Oposición obtienen una ventaja de más de 5 puntos sobre JOH. En la mayor parte de sistemas electorales del mundo, una ventaja de 5 puntos con más del 50% del recuento realizado se considera tendencia irreversible. Pero no en Honduras, donde tras una más que sospechosa caída del sistema informático, donde se dejan de retransmitir 5000 actas, se ofrece un nuevo recuento donde JOH supera por 1,6 puntos a Nasralla. El fraude se consolida el 18 de diciembre cuando el TSE ofrece los resultados finales otorgando la victoria a JOH por 42,95% frente al 41,5% de Nasralla. Todo ello en medio de un toque de queda decretado el 1 de diciembre, que ha dejado hasta el momento más de 30 personas muertas por disparos de las fuerzas de seguridad.

El fraude fue tan descarado que incluso la propia OEA, nada sospechosa de simpatías por los gobiernos progresistas, cuyo Jefe de Misión Electoral era el boliviano Tuto Quiroga, exvicepresidente del dictador Banzer (menos sospechoso aún), se ve obligada a emitir un informe [9] el 17 de diciembre, respaldado por un comunicado de prensa de su Secretaría General que señala: Intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático, eliminación intencional de rastros digitales, imposibilidad de conocer el número de oportunidades en que el sistema fue vulnerado, valijas de votos abiertas o sin actas, improbabilidad estadística extrema respecto a los niveles de participación dentro del mismo departamento, papeletas de voto en estado de reciente impresión e irregularidades adicionales, sumadas a la estrecha diferencia de votos entre los dos candidatos más votados, hacen imposible determinar con la necesaria certeza al ganador.

Pero no solo eso. Existe un informe [10] de respaldo encargado por la misma OEA al profesor de la prestigiosa universidad estadounidense de Georgetown, Irfan Nooruddin, que analiza estadísticamente los resultados del procesamiento de actas, y que resalta como en varios departamentos se produce un aumento brusco de la carga de votos a partir de la caída del sistema, aumento que favorece a Juan Orlando Hernández frente a la Alianza de Oposición. Por ejemplo, en el Departamento de La Paz, en el último tercio de carga de votos, que pasa del 68% al 73%, y ese “aumento” en la participación coincide con un aumento de los votos a favor de JOH de 44% a 56%, mientras que los de Nasralla descienden del 32% al 16%.

Nooruddin afirma que “Las diferencias son demasiado grandes como para haber sido generadas por casualidad y no son fácilmente explicables, lo que desata dudas sobre la veracidad del resultado”.

Sin embargo, y a pesar de todas estas pruebas evidentes, el fraude se consumó, y sería bueno detenerse un momento a analizar las razones de este hecho. Podemos encontrar 3 elementos para el análisis:

•    El control territorial de las casillas. En cualquier elección es vital la defensa del voto en el lugar que se produce el mismo. Para eso es necesario construir organización en el territorio, y donde no se alcance, generar alianzas que te permitan ese control. Es posible que esto explique la alianza de Morena en México con el PES, partido evangélico que garantiza no solo 3 millones de votos, si no la presencia en una parte del norte de México donde Morena es débil territorialmente.

•    El no control de las instituciones estatales. Este parece ser el mayor punto débil y donde el fraude se perpetró en Honduras. Al ser la mayor parte de los miembros del Tribunal Supremo Electoral de Honduras designados por el Partido Nacional, se formó una barrera invisible pero tan eficiente como antidemocrática, que permitió consumar el fraude al no tener presencia en los diferentes momentos del recuento electoral, tanto físico como informático. Este también es un punto débil en México, en un Estado controlado por el PRI donde el menor problema no va a ser la compra de voto en sectores populares por medio de expensas o el pago de 500 pesos, si no un posible fraude informático, estilo 1988 recargado. De ahí que la movilización popular vaya a ser determinante en las horas y días siguientes a las elecciones presidenciales.

•    Una mala política comunicativa hacia dentro, y hacia afuera. Si bien en Honduras se consiguió informar y movilizar al país con cierto éxito, fuera de Honduras, de manera similar a lo que ocurrió tras el golpe de 2009 o las elecciones de 2013, no se sabía con certeza lo que estaba pasando, no se transmitían las pruebas existentes del fraude, y mucho menos ninguna información de como apoyar y presionar desde fuera del país. Es por eso que este se convierte también en uno de los principales desafíos para la alianza electoral Juntos Haremos Historia, conformada por Morena, PT y PES. El plan A es ganar con un control férreo y territorial de todas las casillas, pero el Plan B siempre debe ser la defensa del voto mediante la movilización y la presión internacional. Se debe aprender de las experiencias de 1988 y 2006.


1    La globalización ha muerto http://www.jornada.unam.mx/2016/12/28/opinion/013a1pol

2    El inesperado legado de Obama: ocho años de guerra continua https://www.nytimes.com/es/2016/05/18/el-inesperado-legado-de-obama-ocho-anos-de-guerra

3    Trump propone aumento de 54 mil mdd en presupuesto militar http://www.elfinanciero.com.mx/mundo/trump-propone-aumento-de-54-mmdd-en-presupuesto-militar.html

4    http://www.miamidiario.com/politica/miami/florida/comando-sur/comando-sur-de-los-estados-unidos/liliana-ayalde/371948

5    https://www.alainet.org/es/articulo/189101

6    http://www.bbc.com/mundo/media-37850439

7    Honduras tiene un acuerdo con Estados Unidos desde los años 50 por el que este último país puede utilizar libremente cualquier base militar o aeropuerto hondureño. Tan solo en la base militar de Palmerola se calcula que hay alrededor de 500 marines.

8    El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser presidente o vicepresidente de la República. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez (10) años para el ejercicio de toda función pública.

9    http://www.oas.org/fpdb/press/segundo-informe-preliminar-moe-honduras-18dic-final.pdf

10  https://www.oas.org/fpdb/press/Nooruddin-Analysis-for-OAS-Honduras-2017.pdf

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*