por: Humberto Claros
Hablar de la democracia solamente desde la noción electoral en estos tiempos sería muy anticuado.
Es “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, dijo alguna vez Abraham Lincoln. Evidentemente un principio que siempre debe estar presente, incluso en las formas democráticas propias de los pueblos indígenas. El principio se mantiene, pero los mecanismos varían, unos más legítimos que otros y dependiendo de la regla con la que se mide. No obstante, hasta eso es relativo.
Entonces, el principio de que el pueblo debe elegir a sus gobernantes o administradores del estado es inherente y condición de una democracia. La Democracia no puede ser vista como un fin en sí misma, como no se puede asistir a un acto electoral sólo por asistir. La democracia es, más bien, un camino que se recorre hacia la construcción de sociedades donde la humanidad conviva en plenitud. Por ello, se debe sostener que, “no puede haber democracia sin justicia social” o “No puede haber libertad sin justicia social, ni justicia social sin libertad”.
Algunos ejemplos de la gran variedad democrática y no tan democrática
Lógicamente estos principios no siempre se ejercen bajo un modelo único. En Estados Unidos existe una forma propia de elegir presidentes, iniciando desde las primarias y con dos únicos partidos ¿dónde está la pluralidad? Sin embargo, es el sistema que ellos eligieron. En la última elección de Estados Unidos, el candidato que obtuvo menos votos ganó la presidencia y Hillary Clinton perdió. Al final, son solo 538 personas que definen quien será presidente en un país con más de 500 millones de habitantes.
¿Qué pasa en Latinoamérica? Acá no hay sistemas bipartidistas como en Estados Unidos, sino un espectro amplio de partidos. Se comparte la aplicación de la segunda vuelta en caso de que el ganador no haya alcanzado más del 50% de la votación, aunque muchos países han optado por la simple mayoría.
En el caso boliviano, la anterior constitución de 1967 estipulaba que si ningún partido llegaba a la mayoría absoluta en la votación, entonces era el congreso quien elegía al presidente y de hecho durante todo el periodo neoliberal (1985 – 2005) fue así: el congreso definió a todos los presidentes, con la excepción ocurrida el 2005. Evo Morales obtuvo más del 50% de votación aquel entonces y a través de la nueva Carta Magna se cambió ese sistema percibido como uno de corrupción y cuoteo político.
España tiene un sistema parlamentarista de elección presidencial, pero donde también influye la Monarquía ¿Cómo pueden ser compatibles democracia y monarquía? La población en España no elige a su presidente, sino que delega esta función al Parlamento, que recibe una propuesta del Rey y en base a ello se elige a un único candidato. Si en el plazo de dos meses el candidato no obtuviere la confianza del congreso, entonces el Rey puede disolver el Congreso y llamar a nuevas elecciones legislativas. Difícil de entender desde una lógica liberal de “un ciudadano, un voto”, pero la población lo acepta.
El sistema electoral alemán es considerado por muchos como un modelo para el mundo. Existe un presidente y un canciller. Las funciones del presidente son básicamente representativas y protocolares, en tanto que el canciller federal es quien ejerce la jefatura del gobierno y, junto a su gabinete, toma las decisiones. Ambas autoridades son electas de manera indirecta, es decir hay un sistema parlamentario al que la población delega esta función. El presidente es elegido por la Asamblea Federal, constituida por representantes del Parlamento Federal (diputados), así como representantes de los 16 parlamentos de los estados que conforman Alemania; en este espacio los representantes no pueden ser diputados parlamentarios.
La elección del canciller se realiza en el parlamento federal y su nombramiento es llevado a cabo por el presidente federal, previa proposición suya. Si el candidato propuesto no obtiene la mayoría absoluta, entonces el Parlamento propone uno o varios candidatos. Al final, el ganador tendrá que obtener la mayoría absoluta y si esto no ocurre se opta por una tercera fase en la que el ganador se corona como canciller por simple mayoría.
La evolución de la democracia en Bolivia
Como se verá un sistema de elecciones o una democracia tienen sus variantes, pero mantienen un principio un patrón: El pueblo interviene directa o indirectamente en este proceso como factor de legitimación.
Bolivia ha dado un salto cuantitativo en este aspecto. Su actual Constitución reconoce cuatro tipos de democracia: directa, representativa, participativa y comunitaria. La democracia se ejerce de formas distintas, pero se mantiene el principio de que es el pueblo quien elige.
Existe pues una diferencia estructural entre la constitución boliviana de 1967 y la del 2009. La anterior solamente adoptaba la forma democrática representativa y participativa y aunque indicaba que la soberanía reside en el pueblo, esta se ejercía a través de los tres poderes del estado. La población no podía ejercerla de manera directa.
El pluralismo es el principal aporte de Bolivia, pero no en términos de partidos políticos, sino en cuanto a identidad, cultura, ideología, etc. Los bolivianos asumieron el partidismo como sólo un cambio de nombre de los mismos actores de las elites, con la misma visión ideológica.
Alternancia y democracia
Se ha hablado bastante sobre la idea de que la alternancia es una garantía para la democracia y que la limitación del mandato evitaría los totalitarismos. Pero puede que la alternancia no sea un logro tan trascendental, sino más bien el pluralismo en términos ideológicos, de clase, o de pueblo. Alternancia de sectores sociales, pueblos indígenas, obreros, diversidades sexuales, ahí radica la verdadera pluralidad.
La alternancia política en Bolivia se dio, al menos en forma, durante el neoliberalismo, donde se alternaban el poder partidos políticos de una misma línea, una misma casta o elite política, pero con nombres diferentes. La alternancia no era real, sino nominal.
La aparición de gobiernos progresistas y de izquierda en Latinoamérica ha motivado a los grupos de derecha a embanderar la alternancia. Pero la población ha visto con mucha simpatía a estos gobiernos de corte izquierdista por las transformaciones sociales que han impulsado. Surge entonces el discurso de que la alternancia es democracia, olvidando dimensiones como la mencionada justicia social. Se articula un discurso que acusa a los gobiernos progresistas con etiquetas como dictadura o corrupción.
En Bolivia la oposición sostiene que la alternancia es propia de los pueblos indígenas y que el gobierno del MAS-IPSP estaría pisoteando sus propios principios. Vaya ironía, cuando para ellos los indígenas jamás fueron sujetos políticos, sino sólo una masa votante. La oposición piensa que la práctica de rotación de autoridades en las comunidades indígenas originarias campesinas es como la alternancia o el pasanaku de poder que ellos hicieron.
En las comunidades hacer la rotación tiene que ver con la obligación y el deber de cada comunario para trabajar por el bienestar de toda colectividad. No existen candidatos u ofrecidos, sino que llega el turno. “Te toca, aunque no quieras”. No es pues rotación por rotación. En las comunidades no se rota por miedo a un totalitarismo o dictadura como se desprende de la ideología liberal, sino porque todos los individuos deben servir a la comunidad.
Hoy, en Bolivia, una gran parte de la población relaciona a la democracia con estabilidad y justicia social. Se rompe la creencia de que la mera alternancia, aunque nominal, sea una condición democrática. No se debe olvidar, la otra mitad del país no consideraba la alternancia como un principio rector de la democracia.
Algunos ejemplos de continuidad y democracia
Brasil con Lula Da Silva. 30 millones de brasileños salieron de la pobreza, redujo la deuda externa de un 80% a un 20%, tanto así que logró pagar toda deuda externa que se debía al FMI (16.000 millones de dólares); mantuvo un crecimiento sostenido anual de 4,1%; logro la estabilidad macroeconómica y la hizo sostenible; bajó la tasa de desempleo de 10,5% a 5,7%; pero no solo se preocupó del crecimiento, sino de distribuir la riqueza a los más pobres. Fue así así que creo el subsidio familiar “Bolsa Familia” y distribuyo a 12,7 de millones de pobres una renta mensual de 80 dólares y muchos otros programas sociales. El propio expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha dicho que Lula es “el político más popular del planeta”.
Argentina con los Kirchners. Se logró sacar en una sola gestión a Argentina de la terrible depresión económica, redujo el desempleo del 17% a 7,9%, redujo la pobreza de un 54% a un 4,7% y logró que el 45% de la población alcance la clase media; incrementó el PIB de -10,8% a 8,4%; nacionalizó aeropuertos y servicios de correos básicos que fueron privatizados, nacionalizó los hidrocarburos; logró reducir la deuda externa de 138% a 40% en lo que se llamó el ataque al Default; aumentó las reservas internacionales de 10 mil 476 millones a 52 mil 200 millones de dólares; en cuanto a justicia social, ha impulsado varios programas sociales dando prioridad a la educación, vivienda y Derechos Humanos.
Ecuador con Rafael Correa. El Ecuador, abatido por la inestabilidad política y económica, inició cambios con la Revolución Constitucional y después la “Revolución ciudadana”, transformando totalmente el Estado, con más garantías sociales a todos los ciudadanos, reorganización del poder, reconocimiento de la participación ciudadana y los Derechos del Buen Vivir; Recuperó las facultades del Estado para conducir el desarrollo y redujo la pobreza de un 36,7% a 23,3%, la pobreza extrema se logró reducir hasta el 8,5%; se redujo la brecha entre ricos y pobres de un 42 a 25 por ciento. Durante este periodo, Ecuador fue el país que más redujo la desigualdad.
Venezuela con Hugo Chávez. Como se lee en un artículo publicado en TeleSur: “entre 2002 y 2010 la pobreza disminuyó en 20,8 por ciento al pasar de 48,6 por ciento a 27,8 por ciento, mientras que la pobreza extrema de 22,2 por ciento se situó en 10,7 por ciento (un descenso de 11,5 por ciento). (…) De 1999 a 2010 fue el segundo país que experimentó una reducción de 21,6 por ciento en sus niveles de pobreza al pasar de 49,4 por ciento a 27,8 por ciento”
Bolivia con Evo Morales y los movimientos sociales. Con solamente citar los informes del propio Banco Mundial o el FMI, los superávits, el crecimiento anual sostenido por encima del 4% superando a todos los países latinoamericanos, la transformación social en un país que nació con racismo, políticas destinadas a sectores vulnerables como madres, niños o ancianos, recuperación de la soberanía y la dignidad del Estado boliviano. Incrementos salariales que incrementaron a la clase media a más del 30% de la población económicamente activa. Se sacó a más de tres millones de bolivianos de la pobreza extrema. Se redujo el índice de Gini (que mide la desigualdad) de 0,64 a 0,48 y más.
Más allá de Latinoamérica
Todos los países donde llegaron a la presidencia gobiernos progresistas tienen una cosa en común: cada uno de estos países estaba sumido en inflación, desigualdad social, inestabilidad política y económica. Pero no es sólo América Latina.
En Alemania, por ejemplo, está Ángela Merkel, reelegida por un cuarto mandato. No se puede negar que Alemania se sitúa hoy como la primera potencia económica de la Unión Europea
Rusia es hoy otro eje de poder a nivel mundial con Vladimir Putin, que salió victorioso con el 75% en su última elección, manteniendo un crecimiento sostenido de más del 4% durante sus dos primeros mandatos y convirtiendo a Rusia en una potencia militar y diplomática con alcance geopolítico capaz de equilibrar la balanza del poder global, antes dominada exclusivamente por EE.UU. No olvidemos la penosa situación de Rusia una vez acabada la Unión Soviética, atrapada en las manos de una clase política tan dependiente de los EE.UU. como corrupta. El pueblo ruso también dijo basta.
China, el gigante asiático que está por situarse como la primera economía mundial tiene un órgano legislativo que acaba de aprobar la reelección indefinida y ratificó nuevamente a Xi Jinping al mando de la Gran China.
La clave de estos gobiernos no es solo el crecimiento económico, sino la redistribución económica a través de bonos, programas y políticas de educación, salud, etc. Derechos básicos por los que la población se siente satisfecha. Los presidentes progresistas dejaron la presidencia en sus países con altos porcentajes de aprobación social, algunos porque sentían que debían respirar un poco y otros porque constitucionalmente no podían re postular, pero algunos como Zelaya en Honduras o Dilma en Brasil, fueron derrocados producto de golpes de estado.
Pero mientras el mundo va construyendo y asimilando la visión de que las democracias, tienen que estar ligados por el crecimiento y la estabilidad económica, la justicia social, los Derechos Humanos, etc., las elites conservadoras se han aferrado a la idea de que la alternancia es democracia y que la reelección es totalitarismo y dictadura.
La democracia no es la doctrina sesgada y dogmática del derecho que se impone. Conforme nuestras sociedades han ido evolucionando, el derecho ha ido reinventándose, generando nuevos conceptos y visiones. La reelección por tanto no es una tendencia solo en Bolivia, sino que ya es un fenómeno mundial que está rompiendo creencias y prejuicios clásicos sobre la democracia.
La alternancia no es mala ni buena, es básicamente un mecanismo democrático que puede ser usado de forma interesada o como un verdadero medio para servir al país. Veamos a Perú. Desde Fujimori hasta kuczynski, todos sus presidentes han tenido problemas con la justicia, problemas de corrupción. No existe un solo expresidente peruano que a la fecha no arrastre causas pendientes con la justicia. Pero evidentemente en otros países la alternancia tiene buenos resultados.
Así también, la reelección no es mala ni buena en sí misma, sino que es también un mecanismo para que los gobiernos que hayan llevado gestiones sostenibles y beneficios para la población tengan entonces la posibilidad de seguir haciéndolo bien.
El Informe de la “Comisión de Venecia” que concluye que la reelección no es un Derecho Humano puede ser aceptada, pero es claro que está siendo superado por esta nueva noción de democracia donde la reelección es un mecanismo aceptable en la medida en que permita construir sociedades justas y estados sólidos.
* Comunicador quechua.

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