Pocos en América Latina y el Caribe como el Pueblo puertorriqueño, han sentido tan de cerca el impacto del bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba hace más de medio siglo. Pocos han tenido que enfrentarlo tan amenazadoramente.
Aun antes de imponerse el bloqueo, ya Puerto Rico había sido seleccionado por Washington para convertirse en plaza principal del anticomunismo, el terrorismo y la contrarrevolución.
Al triunfar la Revolución Cubana, el primero de enero de 1959, habían pasado apenas seis años y medio de la fundación del llamado Estado Libre Asociado (ELA), fachada para encubrir la condición colonial del País. Cuando Estados Unidos impuso la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1962, se anunció la creación de la Alianza para el Progreso, instrumento de dominación y control político, económico y militar para la región. La persona que el entonces presidente estadounidense John F. Kennedy seleccionó para dirigirla no fue otra que el líder colonialista puertorriqueño Teodoro Moscoso. La intención era promover la “puertorriqueñización” de las economías latinoamericanas y caribeñas para contrarrestar la influencia de la Revolución Cubana.
Miles de compatriotas han enfrentado con éxito durante más de cincuenta años el bloqueo económico y comercial contra Cuba, que además ha pretendido ser un bloqueo cultural, social y humano. Viajan a Cuba, relacionándose y compartiendo con el pueblo cubano e incluso desarrollando una sólida relación política.
Los puertorriqueños y las puertorriqueñas somos ciudadanos estadounidenses por imposición (Ley Jones de 1917). Ello implica que se impone sobre nosotros la legalidad que se genera en el Norte, incluyendo la ley Helms Burton y otras leyes anticubanas.
Ha sido tan contundente y exitoso el enfrentamiento de nuestro Pueblo al bloqueo, que al gobierno estadounidense ha optado por “mirar hacia el otro lado”. En algunos casos han amenazado, o han detenido a algún viajero por algunas horas en migración. Pero nunca en todo este tiempo han radicado una acusación formal contra algún boricua que haya viajado a Cuba.
La Misión de Puerto Rico
La expresión más contundente de esa voluntad solidaria entre cubanos y puertorriqueños, ha sido la Misión de Puerto Rico en Cuba. Fundada en 1966, la Misión es, desde todo punto de vista, la embajada de la lucha por la autodeterminación e independencia de Puerto Rico. Desde allí se desarrolla un importante trabajo patriótico, hacia Cuba y hacia toda Nuestra América.
La existencia de la Misión es una muestra inequívoca del respaldo que desde siempre ha ofrecido la Revolución Cubana a la causa de la independencia de Puerto Rico y es, al mismo tiempo, una muestra contundente del respaldo que desde siempre ha ofrecido el movimiento independentista puertorriqueño a la Revolución Cubana.
El porvenir
Al iniciarse el proceso de reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, se abre la posibilidad del fortalecimiento de la relación entre Cuba y Puerto Rico. La condición colonial de nuestra Patria será aún una limitación para alcanzar la plenitud de esas relaciones. La intención de Washington de atentar contra la Revolución Cubana por otros medios se mantiene. Deberá continuar fortaleciéndose la solidaridad recíproca de nuestras luchas libertarias.
Somos conscientes de que con la reanudación de relaciones diplomáticas algunas cosas importantes podrán cambiar, pero otras igualmente importantes se mantendrán. Sabemos que no podemos bajar la guardia, que el enemigo de la independencia de Puerto Rico y de la Revolución Cubana no ha cejado en su empeño de imponer su voluntad. Que, como decía el Che, en el imperialismo no se puede confiar ni tantito así.
* Catedrático Universidad de Puerto Rico, Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.

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