| por: Ernesto Sheriff |
El comercio internacional tiene sus fundamentos en la búsqueda de la libertad de comercio y, para tal fin se ha promovido la integración de las naciones y favorecer la libre circulación no sólo de bienes sino también de factores, es decir, mano de obra y capitales. Bajo la insignia del libre comercio, se han promovido procesos de liberalización comercial, integración comercial e incluso integración política. Por otra parte, igual en aras de un libre comercio, se ha normado el comercio internacional abarcando múltiples aspectos comerciales, logísticos y financieros.
Antecedentes: Estados Unidos y China
Estados Unidos y China son, hoy por hoy, las más grandes economías del planeta y su influencia, se extiende a los otros países de manera multidimensional, abarcando lo comercial, financiero, macroeconómico y político. Estas dos economías, especialmente Estados Unidos, tienen una larga tradición de haber eludido las reglas comerciales que promovieron para otros países pero que no aplicaron para sí mismos. Baste decir que hasta la fecha en Estados Unidos no rige el Sistema Internacional de Unidades, dificultando hasta el simple etiquetado de los productos. Estados Unidos promovió una serie de acuerdos regionales y mundiales encaminados a promover el libre comercio, en nombre del mismo incluso intervino militarmente en muchos países latinoamericanos a fin de “hacer respetar” el libre comercio. Atacó duramente la adopción de medidas arancelarias en la década de 1960 cuando los países latinoamericanos “se rebelaron” promoviendo políticas hacia adentro. Tras el fracaso de las políticas intervencionistas en Latinoamérica que derivaron en sendas hiperinflaciones, el Consenso de Washington establecía una agenda de liberalización de las economías incluyendo, claro está, un paquete de medidas comerciales tendiente a una integración con libre comercio. Sin embargo, especialmente su sector agrícola gozaba de una estructura de subsidios que desvirtuaban la competitividad de sus eventuales socios pobres latinoamericanos y de otras latitudes. Fue Estados Unidos que promovió la maquila como herramienta para abaratar la producción de sus compañías y es común encontrar productos americanos manufacturados total o parcialmente en otros países. En las últimas décadas la economía norteamericana tiene un déficit comercial estructural con China y con otros países, sus industrias se han hecho poco competitivas y la generación de empleo es cada vez más difícil, razón por la cual se fueron fortaleciendo posiciones a favor de mirar “hacia adentro” en el plano comercial.
Por otra parte, China no fue abanderada de ningún movimiento liberalizador de la economía pero en cambio sí fue acusada de prácticas desleales especialmente por en lo referido a su tipo de cambio que por su subvaluación era considerado una subvención que promovía los mismos efectos que un dumping. Por eso en los años 1990 esto fue llamado “el dumping chino”. Según el convenio constitutivo del FMI, China tenía el derecho de mantener el régimen de tipo cambio que creyese conveniente, “siempre y cuando evite manipularlo para obtener ventajas competitivas”. China lo mantuvo fijo entre 1995-2005 a pesar de la fuerte ganancia de reservas que venía experimentando año a año. Por un lado esos superávits implicaron compra de bonos de deuda norteamericanos, consiguientemente Estados Unidos se convirtió en deudor neto a China al tiempo que en el plano comercial venía experimentando crecientes déficits. En el plano real los fabricantes americanos de bienes que competían con productos chinos se quejaban constantemente de que China mantenía depreciado su tipo de cambio y de esa manera abaratando sus mercancías y dejando la producción norteamericana americana en franca desventaja. A pesar de que el gobierno chino manipula su tipo de cambio bajo un régimen de flotación sucia, su apreciación desde 8,28 yuanes por dólar al actual 6,80 desde 2008 no eliminó las tensiones y protestas americanas. La devaluación del euro de 1,55 dólares por euro a 1,23 aquietó las aguas en Europa quedando el tema norteamericano pendiente. A su vez, en China existía la sensación de que el yuan había perdido competitividad frente a los europeos postergando indefinidamente nuevos ajustes a su tipo de cambio. La guerra comercial por tanto, era inevitable.
La escalada de amenazas y medidas 2017 – 2018
Miembros del congreso y el senado norteamericano amenazaron a China con aranceles de hasta el 30% en todas sus exportaciones para compensar la depreciación del yuan. China respondió estas amenazas anunciando medidas similares contra Estados Unidos. Esta escalada de amenazas ha alcanzado incluso a Latinoamérica cuando Trump anunció el recorte de la ayuda a estos países si no se involucran en las medidas comerciales contra China. Aparte del tipo de cambio, el reclamo norteamericano se refiere al robo de propiedad intelectual en el que una variedad de patentes americanas tienen su imitación china correspondiente e incluso falsificaciones de origen chino.
En Abril de 2017 Trump anunció la recuperación de empleos y mencionó que el acero chino podría estar vulnerando la seguridad de Estados Unidos anunciando de hecho una escalada arancelaria amparada en dicho concepto. Recordemos que los acuerdos de la OMC prohíben el aumento unilateral e inconsulto de aranceles. La guerra comercial no está permitida en los acuerdos comerciales mundiales. En agosto de dicho año, se incorpora la propiedad intelectual que podría estar siendo afectada desde China costando al país norteamericano hasta 600 mil millones de dólares anuales. En enero de 2018 Estados Unidos anuncia un arancel de 30% sobre los paneles importados e impuestos de 20% a lavadoras grandes, cuyo principal proveedor es China, pero afectando también a México y Corea del Sur. En febrero de 2018 se propone en Estados Unidos aranceles de 24% sobe el acero y 7,7% sobre el aluminio encontrando oposición incluso en los propios empresarios norteamericanos ante el advenimiento de una guerra comercial. Sin embargo, el 9 de marzo se aprueban los aranceles estableciéndolos en 25% y 10% respectivamente y excluyendo a Canadá y México de su alcance.
El 2 de abril de 2018, China impone aranceles de 15% a 120 productos estadounidenses frutas, frutos secos, vinos y tubos de acero, y aplica un impuesto del 25% a ocho productos más, tales como el aluminio reciclado y la carne de cerdo. El 3 de abril de 2018 Estados Unidos anuncia aranceles por 25% a productos chinos de sectores como el aeroespacial, de maquinaria y médico bajo la justificación del robo a propiedad intelectual denunciado el año pasado.
En todos los casos la reacción china fue más específica e intencional políticamente hablando. De esa manera, al día siguiente, el Ministerio de Comercio de China anunció que planea imponer un arancel de 25% sobre 106 productos norteamericanos cuyas exportaciones alcanzan un valor de 50.000 millones de dólares. Los 106 productos afectados incluyen aviones, automóviles, soja y productos químicos. Destacan los autos eléctricos de Tesla, los modelos Lincoln de Ford, los aviones Gulfstream de General Dynamics y el whiskey Jack Daniel’s de Brown-Forman Corp. A diferencia del listado de de la administración Trump, el listado chino incluye exportaciones referenciales estadounidenses, como la soya, la carne de vacuno congelada, el algodón y otras materias primas agrícolas procedentes de estados como Iowa o Texas, que en las últimas elecciones presidenciales votaron por Trump.
Perspectivas y potenciales consecuencias
Los mercados mundiales inmediatamente reaccionaron de manera negativa a esta escalada de medidas y anuncios. Tras el último anuncio chino, al igual que los productos de la lista y las empresas que los fabrican. Boeing, el fabricante de aviones, cayó más del 6% en las operaciones previas a la apertura de los mercados, mientras que las acciones de General Motors y el precio del frijol de soya cayó casi 4% en ambos casos. China también fue afectada. Después de la respuesta china, el índice de referencia Hang Seng de Hong Kong se desplomó, cerrando más del 2%. Los futuros de acciones de Estados Unidos también apuntaban a pérdidas, con el Índice Dow Jones más del 2%.
Dado que estas medidas transgreden los principios del comercio internacional y varios acuerdos suscritos por ambos países, es muy posible que no se llegue a una guerra comercial abierta. S estima que el último anuncio chino podría mas bien ser un esfuerzo para presionar a Estados Unidos a negociar un acuerdo para desactivar la disputa comercial. Todavía no está claro cuándo las nuevas medidas arancelarias podrían entrar en vigencia, o si se diluirán. Se estima que al menos podrían demorar unos dos meses, periodo en el cual se desarrollarían las conversaciones.
Una recesión mundial casi es inevitable si la guerra comercial se hace efectiva. Además muchos acuerdos regulatorios y de protección al comercio serían violados lo que alteraría las reglas del juego de los demás países sirviendo de antecedente par futuras guerras comerciales.
En una guerra entre “elefantes borrachos” es difícil hacer conjeturas sobre los efectos positivos que esta podría tener en Latinoamérica, tradicional aliada de Estados Unidos por su dependencia política. Dado el excedente de capitales chinos, las inversiones chinas podrían efectivizarse en Latinoamérica (especialmente México) para eludir los controles norteamericanos. Sin embargo, tanto productos chinos como norteamericanos se encarecerían para Latinoamérica en el corto plazo.
Sin embargo, una recesión mundial echaría por tierra cualquier expectativa de posibles beneficios ya que inversiones sin mercado serían postergadas indefinidamente. Por ello es que se estima que los anuncios de ambos países obliguen a una negociación agresiva pero seria para facilitar un comercio mundial más fluido. Es sabido de la influencia negativa de china sobe las industrias mundiales, en Bolivia por ejemplo la cuasi desaparición de sus textiles y cueros, y también es sabido del proteccionismo norteamericano. También es conocida la dificultad para tratar el tema de la propiedad intelectual. Por lo tanto, las negociaciones no serán fáciles pero el daño a la estructura mundial de regulación y protección al comercio ya está hecho, a pesar de que lo peor no ha llegado.
Bolivia pude verse beneficiada también con inversiones chinas pero su lejanía de Estados Unidos y su mala relación con ese país hace que productos bolivianos con tecnología china tampoco sean recibidos en Estados Unidos. China preferirá atacar Estados Unidos con productos mexicanos o e el peor de los casos centroamericanos. Por ello es que Trump está empezando a presionar a Latinoamérica para que apoye a Estados Unidos a cambio de mantener la ayuda que proporciona. Bolivia no recibe ayuda norteamericana por lo que estas amenazas no afectan en lo mínimo a Bolivia. Par inversiones con mayor valor agregado para sustituir productos norteamericanos en el entorno regional, Bolivia puede ser atractiva para capitales chinos. Es decir, par que productos chinos reemplacen a productos norteamericanos que se exportaba a las regiones fronterizas de Bolivia con Argentina, Brasil, Chile y Perú.
Una recesión mundial y un colapso del sistema de comercio abierto basado en las reglas y la responsabilidad compartida podrán traer efectos negativos a todos. Por ello, se espera que las negociaciones puedan dar lugar a una salida consensuada aún cuando la misma no reporte mayores beneficios ni a Latinoamérica ni a Bolivia.
La posible recesión mundial empezaría con el desplome de las cotizaciones de las empresas norteamericanas afincadas en estados republicanos y expuestas de manera directa a las medidas arancelarias. Al mismo tiempo, los productos chinos se encarecerían instantáneamente arrastrando a la inflación hacia arriba; a su vez la Reserva Federal tendría que elevar las tasas de interés para esterilizar las presiones inflacionarias dando como resultado el inicio de la crisis mundial, con dinero ingresando a Estados Unidos.
* Economista.

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