Solo días antes de que la Consejo Ejecutivo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAC) llegara a Siria a verificar si en efecto, el gobierno sirio había disparado armas químicas contra su pueblo, EE.UU., Francia y el Reino Unido, lanzaron un masivo ataque armado dirigido contra Homs y Damasco, supuestamente relacionadas con la producción de armas químicas.
Esto nos trae casi meridianamente a la mente la tristemente célebre justificación usada el 2003 por el Embajador de los Estado Unidos ante las Naciones Unidas, Colin Powell, quien incluso usando fotografías, aseguró la presencia de armas de destrucción masiva en Irak, hecho que sirvió de argumento para el posterior bombardeo a ese país sin la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pero si bajo el amparo de la OTAN. Trece años después, el informe Chilcot en Inglaterra, demostraría que tales armas nunca existieron, aunque eso le costó a Irak más de un millón personas muertas, según datos oficiales que pueden ser conservadores y un país en caos, devastado, dividido, completamente destruido, con grandes áreas bajo el control del Ejército Islámico que todavía se encuentra luchando por controlar la violencia desatada por una guerra que ha esparcido el terrorismo por todo el Oriente Medio y más allá
El argumento de las armas químicas en Siria esgrimido ahora por Nikki Haley, tiene el mismo tufillo de “operación de bandera falsa”, clásica estrategia de los EE.UU. para justificar su ingreso en guerras o los famosos actos unilaterales con los que se arroga permiso para bombardear países soberanos, pasándose por alto todos los principios del multilateralismo.
Resulta triste ver cómo desde nuestros países, hay quienes han respaldado esa invasión argumentando que es justa porque se trata de una dictadura. En efecto, el gobierno de Asad, es una dictadura, como lo son todos los gobiernos de oriente medio, como lo es Arabia Saudita y Qatar, grandes aliados de los Estados Unidos y de Franca, sin embargo ninguno de esos países sugiere si quiera una intervención militar en ellos, como tampoco la sugieren en Israel, incluso frente a los atroces actos de terrorismo que ese estado comete diariamente contra el pueblo Palestino, cuya población parece no ser digna de ser defendida por el Consejo de Seguridad.
La pregunta entonces sería saber cuál es la causa de tal discrecionalidad. ¿Por qué unas dictaduras son respaldadas por Estados Unidos y Europa y otras no?, ¿Por qué se hacen la vista gorda con ciertos atentados a los derechos humanos y por qué con otros no? ¿por qué a algunas se las bombardea ya otras no? ¿Por qué con unas se hacen negocios millonarios en armamento y con otras no? Sin duda esto se debe a que, en realidad, los derechos humanos y la democracia es lo que menos importa.
Lo que en realidad ocurre en Siria es una invasión militar motivada por temas geopolíticos. Europa necesita despejar el territorio sirio para dejar pasar el gas de Qatar hacia Europa con el fin de independizarse del gas proveniente de Rusia, del que depende en casi un tercio. Se trata entonces de una guerra por los gasoductos hacia Europa. Siria es entonces el territorio de disputa de interés de las potencias mayores y no creo equivocarme cuando pienso que este conflicto puede convertirse en una crisis aún peor que la crisis de los misiles del año 1962.
Es difícil calcular el número de muertos, refugiados y desaparecidos que las invasiones en Siria han causado. El 2017, conservadoramente, se calculaba medio millón de personas muertas, 5 millones de refugiados, Actualmente Irak y Libia son territorios de nadie, destruidos, sin gobierno, destrozados por el terrorismo. ¿Cuantos más tienen que morir para garantizar la acumulación capitalista de los dueños del mundo? ¿Cuántos cuerpos más de niños destrozados tenemos que ver? ¿Cuántos refugiados más naufragando en el mar? ¿Cuántas Sirias más nos tocará ver en los años siguientes? Por todo eso Siria nos importa.

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