agosto 22, 2026

Los americanos pasan hambre

Una reciente edición de la revista conservadora National Geographic publica un revelador artículo titulado “New Face of Hunger” (Nueva cara del hambre). En el mismo se describe detalladamente una situación que podría parecerle inverosímil a muchos: en Estados Unidos 48 millones de personas pasan hambre diariamente.

A diferencia de lo que podríamos anticipar, se admite en el citado artículo que más de la mitad de esos 48 millones de hambrientos — “food insecure”, les definen cínicamente los documentos oficiales— son blancos y más de la mitad viven fuera de las grandes ciudades.

Significativamente, se nos indica que el distrito congresional más pobre de Estados Unidos es el Bronx y que el nivel de pobreza asciende al 37 por ciento, el más alto de la ciudad de Nueva York. Lo que no nos dice el artículo es que en el Bronx residen cientos de miles de puertorriqueños y otros latinoamericanos y caribeños y que muchos de ellos viven en la miseria y la marginalidad.

La cifra de hambrientos en Estados Unidos ha crecido dramáticamente durante el pasado medio siglo, aumentando en más de un 57 por ciento desde finales de 1990. Al punto de que, según National Geographic uno de cada seis ciudadanos de ese país reconoce haberse quedado sin alimentos por lo menos una vez al año.

Están en franca dependencia de la beneficencia pública. Antes recurrían a los cupones de alimentos, programa implantado en la década de 1970 para enfrentar la insolvencia alimentaria. Conforme fue creciendo el número de hambrientos en Estados Unidos se fue transformando esa forma institucional de mendicidad, a la que hoy se le conoce como Programa de Asistencia Nutricional (PAN), o “Supplemental Nutrition Assistence Program (SNAP)” …del cual, por cierto, dependen también cientos de miles de puertorriqueños para poder alimentarse.

Esos 48 millones de estadounidenses hambrientos reciben algo así como $us 1,50 para cada comida diaria.

El hambre asume un rostro en Estados Unidos distinto a la imagen de miseria que encontrábamos en la Depresión de los 1920’s. Es el hambre de la modernidad, que coexiste con televisores, automóviles y hornos de microonda. El hambre de la obesidad, de la mala alimentación. Pero es el hambre.

Que información como ésta la hubiera reseñado National Geographic sobre algún país africano, asiático o incluso latinoamericano o caribeño, no hubiera sido extraño. Después de todo, el enfoque de esa revista es marcadamente el de una suerte de antropología social del Tercer Mundo vista con los ojos privilegiados del Primer Mundo. De su lado, la abundancia; de nuestro lado las carencias, esto visto como la cosa más normal.

Pero que National Geographic dedique más de veinte páginas que incluyen, además del texto, elocuentes fotografías, diagramas e imágenes, para hacernos saber que decenas de millones de ciudadanos pasan hambre, a las alturas del siglo veintiuno, en el país más rico y poderoso del planeta, es algo que merece nuestra atención.

Ese es el mismo país que en este momento está gastando miles de millones de dólares promoviendo la guerra en Irak, Afganistán, Siria, Libia y Palestina. El mismo país que pretende ser ejemplo para la humanidad.

¿A manos de qué puñado de privilegiados va a parar la inmensa riqueza que se acumula en Estados Unidos, que permite una situación tan bochornosa como esa: cuarenta y ocho millones de hambrientos?


*    Catedrático Universidad de Puerto Rico, Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.

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