octubre 16, 2021

Agua en Bolivia, como si fuera escasa

El agua es un sector de rentabilidad media, donde la especulación financiera funciona con una lógica un tanto perversa. A mayor vulnerabilidad de las fuentes de agua sobre las cuales se tienen acciones, mayores ganancias. O dicho de otro modo: mientras más escaso el recurso, más rentable. Una lógica que, por lo demás, no es nueva.

El agua es un recurso escaso y valioso. Una tesis simple, que se vuelve más complicada en un contexto de globalización industrial y del transporte, sumada a una tendencia mundial hacia una creciente urbanización. Bolivia lo sabe. El periodo de inestabilidad política atravesado a principios de éste siglo tuvo uno de sus peores hitos con un episodio que muchos recordamos como “la Guerra del Agua”, que arrastró a cientos de personas a las calles para protestar contra una ley del gobierno del entonces presidente Hugo Banzer Suárez que prohibía recoger incluso agua de lluvia luego de que ésta fuera privatizada a favor de la compañía francesa Bechtel. A 15 años de ese episodio aún existen algunas regiones del país donde éste recurso es escaso no físicamente, sino por falta de infraestructura.

El hambre, uno de los problemas que arrastramos como humanidad desde hace siglos pero que sólo hoy es producto no de la escasez sino de la lógica de acumulación capitalista, encuentra una de sus principales causas en la especulación de precios de las materias primas en la bolsa de Wall Street de New York.

Es bueno, entonces, pensar en el agua como un recurso estratégico. Por lo cual el lector debe considerar lo siguiente:

En primer lugar, el agua, como el transporte, las telecomunicaciones, y otros elementos de la economía y el comercio mundial, se está posicionando poco a poco como otro nicho de mercado donde transnacionales estadounidenses y europeas invierten en busca de futuras ganancias. En la economía de red de redes, donde los avances tecnológicos de la especie humana permiten maximizar la dinámica del mercado a niveles que simplemente no eran imaginables, el agua formará una parte vital en los ciclos de acumulación capitalista, integrada a redes de transporte y producción consonantes con la tendencia de construcción del “autómata global”, como llaman algunos a ésta nueva etapa del modo de producción capitalista fuertemente dependiente de las tecnologías de la comunicación y la información.

En segundo lugar, se trata de un sector de rentabilidad media, donde la especulación financiera funciona con una lógica un tanto perversa. A mayor vulnerabilidad de las fuentes de agua sobre las cuales se tienen acciones, mayores ganancias. O dicho de otro modo: mientras más escaso el recurso, más rentable. Una lógica que, por lo demás, no es nueva. El hambre, uno de los problemas que arrastramos como humanidad desde hace siglos pero que sólo hoy es producto no de la escasez sino de la lógica de acumulación capitalista, encuentra una de sus principales causas en la especulación de precios de las materias primas en la bolsa de Wall Street de New York. El precio de muchos alimentos, sobre todo cereales, está indexado al precio del petróleo, lo que influye determinantemente en las situaciones de desnutrición crónica que sufren muchos países del tercer mundo. Una eventual mercantilización del agua, en éste sentido, tendría consecuencias humanitariamente desastrosas en el futuro.

En tercer lugar, debe notarse la situación global y continental de Bolivia en este escenario de consideración sobre nuestros recursos hídricos. Somos un país excepcional en este sentido, con grandes cantidades de recursos hídricos, con poca presión o estrés hídrico y con pocos incentivos para reflexionar sobre este tema tal como la situación mundial lo demanda.

La escasez de agua que se padeció a finales de 2016 es una muestra acerca de la laxitud con la que usualmente se trata éste problema. No obstante, esto no significa que el Estado boliviano no tenga deudas con la sociedad civil al respecto. Un informe del ministerio de Medio Ambiente y Agua publicado en 2017 da cuenta de que la cobertura de agua potable en Bolivia tiene una relación proporcional con la cobertura de otros servicios básicos si se diferencian áreas rurales de áreas urbanas. Así, la cobertura de agua potable en las comunidades de menos de 2.000 habitantes están cubiertas en un 66,3%, las poblaciones de 2.000 a 10.000 habitantes está cubiertas en un 92,2% y las ciudades de más de 10.000 personas están cubiertas en un 93,8%

Tómese en cuenta las siguientes variables:

Nuestro territorio es atravesado por cuatro cuencas del río más grande de todo el hemisferio: hablamos del Río Amazonas.

Nuestro proceso de urbanización sigue la misma dirección que el resto de los países de Latinoamérica, con la peculiaridad: de que aún tenemos una densidad demográfica muy baja y nuestros centros metropolitanos se reducen a tres ciudades: La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

La mayor parte de los recursos hídricos en Bolivia, en consecuencia, son invertidos en usos agropecuarios, con un 91%, mientras que el uso industrial es sólo del 2% y el de consumo o “municipal” del 7%.

Como cuarta constatación, se debe subrayar que el continente latinoamericano contiene un 26% de los recursos hídricos a nivel mundial (por debajo de solamente Asia), y con solamente un 6% de su población. Hecho atribuible, nuevamente, al Amazonas.

La conclusión de todo esto podría llevarnos a un optimismo poco advertido, donde debemos tomar en cuenta que la importancia del agua para nuestro Estado va más allá de intereses logísticos o estratégicos, para ser más una cuestión geopolítica, donde deben considerarse las siguientes cuestiones:

La mayor parte del comercio mundial está inclinado hacia el Pacífico. A falta de rutas hacia este destino, los EE.UU. y las grandes transnacionales, como apunta Ignacio Barreda, hacen uso de redes de transporte sudamericanas. La construcción de redes de transporte a través de la Amazonía, donde está la mayor parte de nuestra agua, debe ser considerada en esta perspectiva estratégica, más allá de consideraciones políticas (o de política interna)

Somos una región con fuertes desigualdades sociales, y aunque la urbanización puede significar una oportunidad en este sentido, las desigualdades intra regionales son igual de alarmantes. Veamos el caso de Pando, donde el 50% de la población está concentrada en su ciudad capital, Cobija, junto con la mayor extensión de servicios básicos, mientras que municipios como Sena o Santos Mercado tienen problemas serios en cuanto a cobertura de saneamiento básico y electricidad.

Las metas de industrialización y soberanía alimentaria planteadas por el gobierno deben seguir esta dirección. Bolivia cuenta con los instrumentos necesarios para ello, desde la consideración de regiones metropolitanas en la Ley Marco de Autonomías, hasta los procesos de integración territorial en curso.


*    Politólogo.

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