septiembre 13, 2026

La restauración de la casa donde se sentenció a Tupaj Katari

Con los auspicios del Ministerio de Culturas y Turismo, el gobierno municipal de Batallas, la subcentral agraria Pajcha Peñas y otras organizaciones e instituciones invitadas, el pasado 11 del presente se entregó la casa restaurada donde estuvo preso y sentenciado a muerte Julián Apaza o Tupaj Katari el 14 de noviembre de 1781. Fue muy emotivo llegar al lugar que guarda la memoria del descuartizamiento del líder aymara Tupaj Katari por los representantes del colonialismo español.

Se dice que la casona restaurada, ubicada en plena esquina de la plaza de Peñas, pertenecía a Joseph de Santa Cruz Villavicencio, padre de Andrés de Santa Cruz y Calahumana, protector de la Confederación Perú-boliviana. Sabemos que Julián Apaza y sus seguidores fueron traicionados por un antiguo aliado Tomas Inga Lipe en cercanías a Peñas. Fue Joseph de Santa Cruz quien lo trasladó a Julián Apaza y sus compañeros a la ciudad de La Paz para que sean juzgados por su rebelión contra la dominación española ¿Para qué restaurar una casa colonial que se desplomaba? Fue la apuesta del Viceministerio de descolonización y sobre todo de su titular Félix Cárdenas. El valor histórico que guarda esta casa es la memoria de que ahí estuvo preso Julián Apaza y luego fue ejecutado en la plaza de Peñas el 14 de noviembre de 1781.

Francisco Tadeo Diez de Medina, que era el auditor de guerra español sentenció condenándole a pena de muerte a Tupaj Katari. Ordenó que fuese sacado de la prisión arrastrado de la cola de un caballo, con soga de esparto al cuello y conducido a la plaza pública de Peñas donde se le había de despedazar por cuatro caballos y que después de muerto se condujese la cabeza a la ciudad de La Paz y se tuviese en la horca por tres días y luego se colocase en el Alto de K’illik’illi (hoy mirador de villa Pabón), para público escarmiento. El brazo derecho se remitiese al pueblo de Achacachi, el izquierdo a Sicasica, la pierna derecha a Caquiaviri y la izquierda Chulumani, para que sea como castigo en los lugares mencionados. Además se ordenó que el tronco del cuerpo se mantuviese en la horca y después se redujese en cenizas y se echase al viento para que no quede ninguna huella física de Julián Apaza. Toda esta ordenanza fue cumplida a cabalidad. Al estar en la casa nos preguntábamos, en ¿qué lugar de la casa estuvo preso? ¿Cómo fue el acontecimiento inhumano ocurrido? En fin.

Toca al ministerio de culturas y particularmente al viceministerio de Turismo montar el circuito de la memoria histórica viva hasta el presente, como fue expresada públicamente por comunarios/as de Peñas. Las alcaldías de Peñas y de Ayoayo (lugar de nacimiento de Julián Apaza, más propiamente fue el ayllu Laqaya), también tienen la responsabilidad de coadyuvar a esa construcción de la memoria de uno de nuestros líderes anticoloniales más claros en su lucha.

Vale la pena saber un poco más sobre algunas acciones del traidor Tomas Inga Lipe. El comandante general de entonces José de Reseguín lo declaro “indio noble y leal vasallo”, concediéndole la “merced de la Real Medalla del rostro de su majestad” y en 1872 fue nombrado alcalde mayor de Achacachi. Construir la memoria histórica de Tupaj Katari es también esclarecer a los traidores, porque hoy en día hay muchos que siguieron ese camino colonial del rey, bajo el nombre de demócratas o amantes de las políticas neoliberales.


*    Es aymara-boliviano. Dr. en Estudios Culturales Latinoamericanos y es Docente en la UMSA.

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