noviembre 29, 2021

Frida no se fue, vive en nosotras


Por Anahí Alurralde Molina * -.


Espero alegre la salida y espero no volver jamás” fue una de las últimas frases en el diario de Frida Kahlo, con la que se iba despidiendo de la vida. El 13 de julio de 1954 a las 6 de la mañana, con los ojos abiertos y sin pulso la encontraron en su habitación en la casa azul. Su última aparición pública fue el 2 de julio, cuando salió a una manifestación política en apoyo a Guatemala, donde había tomado el poder un gobierno reaccionario y funcional a Estados Unidos mediante su agencia de inteligencia CIA.

Asiste en una silla de ruedas, con un pañuelo en la cabeza; llevaba en una mano una pancarta con una paloma pintada y levantaba la otra con el puño cerrado. Acababa de salir de una bronconeumonía, tenía prohibido salir, pero insolente como fue siempre, desobedeció, no podía dejar de poner el cuerpo en las causas sociales. Frida debió morir treinta años antes en el trágico accidente del tranvía, pero su cuerpo roto, mutilado, fraccionado se mantuvo unido el tiempo suficiente para fundar una leyenda y un repertorio de obras que la resucitarían muchos años más tarde.

Por eso, aún en éste mes de julio quiero hablar de las obras de Frida porque considero que su pintura es un poco como la biografía de un alma, porque siento que todas tenemos a dos Fridas en nuestro interior. Quiero hablar de las pinturas que más me han permitido conocerla, entenderla y sentirla.

El pincel de la sinceridad: Frida en 5 obras.-

A 64 años de su partida física escogí 5 obras de Frida para recuperar históricamente lo que se le debe a la Paloma, porque aún escucho comentarios que se refieren a ella como la “esposa” del gran muralista Rivera, desconociendo abismalmente que ella fue la primera mujer en la historia del arte que ha expresado con franqueza inquebrantable y tranquilamente feroz los hechos particulares que conciernen exclusivamente el ser mujer. Fue una mujer que desafió sus roles, y una artista que ganó espacio por espacio uno de los lugares más importantes en la historia de México y del mundo.

Escogí estas 5 obras de las que hablaré porque cada una guarda una historia de Frida y quizá de cada una de nosotras en algún momento de nuestras vidas. Lo haré de acuerdo a un orden cronológico

Las dos Fridas, 1939

Esta una de las mejores obras de Frida, para mí y para muchos críticos de arte, el museo de Bellas Artes de México compró la obra en 1947.

Y ¿qué quiso expresar Frida en esta pintura? Definitivamente su estado emocional actual, ella había empezado el cuadro tiempo atrás, pero lo termina en 1939 que es el año donde se divorcia legalmente de Diego.

Lo primero que vemos en este cuadro es un doble autorretrato, en donde las dos Fridas están sentadas sobre un banco de madera con paja, se puede ver por encima de su ropa el corazón, el cual está conectado mediante una arteria con el corazón de la segunda Frida, a su vez se encuentran unidas porque están tomadas de las manos.

Se puede ver la dualidad de una mujer, es la doble visión que Frida tiene en ese momento sobre ella misma, que por un lado se encuentra fuerte y enamorada y por el otro tiene el corazón completamente roto, en esta Frida se da a notar el dolor y el sufrimiento que esto le causa ya que su vestido blanco se encuentra manchado de sangre.

La Frida de la derecha viste este traje mexicano pero también es ella quien sostiene en sus manos el retrato del joven Diego Rivera. La presencia de la oposición entre poder y sumisión muestra de forma lúcida el aspecto dicotómico sobre la represión de la mujer.

La Frida del lado izquierdo del cuadro está vestida con un traje blanco estilo europeo que contrasta con la Frida mexicana. A pesar de esta diferencia, Frida muestra que están unidas tanto emocional (a través del corazón), como racionalmente (a través del acto de las manos tomadas).

Auto retrato con pelo corto, 1940

Este es uno de los auto retratos que conocí recién hace unos años y al buscar su historia entendí que Frida se iba a resignificando en cada pintura, en cada acto. Este es el primer auto retrato después de la separación con Diego, Frida se corta el pelo, guarda los vestidos y se repiensa, yo interpreto a esta pintura como una manifestación para empezar a construir su independencia y replantearse desde la libertad.

Se ha cortado el largo pelo que Diego tanto admiraba. En su mano izquierda sostiene un mechón del pelo cortado, como un emblema del sacrificio. En su mano derecha sostiene las tijeras con las que se ha martirizado su pelo, símbolo de su feminidad. Los mechones de pelo están por todos lados, como si tuvieran vida propia. Rodeada por la evidencia de su acto, Frida se sienta en medio de un amplio espacio vacío que sugiere la profundidad de su desesperación y soledad.

La artista había matado a “la esposa de Diego Rivera” para convertirse en una mujer independiente, de mirada desafiante, que está dispuesta a reclamar su lugar en una sociedad dominada todavía por los hombres.

La Columna Rota, 1944

Frida pinta este cuadro en el tiempo donde su salud se había deteriorado profundamente y tenía que llevar un corsé de acero para sostener la columna vertebral durante 5 meses. En este cuadro Frida está sola, en un espacio árido, bajo un cielo tormentoso. Era tal vez una manera de recordarse así misma que su dolor físico y emocional lo tenía que manejar sólo ella.

Abre su torso en canal, del cuello a la pelvis, y sustituye sus vértebras por una columna jónica rota en varios pedazos que se mantiene en pie gracias a las cinchas del corsé, un elemento extraño a su cuerpo sin el cual toda la estructura se vendría abajo. Los clavos en su cuerpo y las lágrimas que le brotan por los ojos nos hablan de su profundo dolor, los clavos más grandes simbolizan donde más le dolía, uno de ellos está en el corazón.

Esta pintura nos recuerda que podeos rompernos física, pero sobre todo emocionalmente y que romperse no significa rendirse, Frida nunca lo hizo, soportó más de 30 operaciones en su vida y aunque en este cuadro expresa un profundo dolor también nos recuerda que romperse no está mal porque te permite rearmarte.

Árbol de la esperanza, mantente firme, 1946

Esta pintura es una de las pinturas de Frida con las que más me conecto, fue una de las primeras que conocí y desde ese momento supe que también hablaba un poco de mí.

La pintó después de una cirugía quirúrgica frustrada en Nueva York que le tendría que haber recompuesto de las secuelas del accidente de tráfico que sufrió a los 16 años dejándola aún peor de como se encontraba con unas terribles cicatrices de las cuales ella misma decía “esos cirujanos, hijos de perra, mira como me han dejado”.

Sin embargo aunque en la mayoría de sus pinturas resalte la crudeza de sus sufrimientos ella nunca dejó a un lado el optimismo que la hacía mantenerse en pie. Y un ejemplo de esto es justamente esta obra donde se entremezcla agonía con esperanza.

Con la frase que aparece en la banderita que sujeta en sus manos: “Árbol de la esperanza mantente firme” Frida parece querer darse fuerzas a sí misma. A su cuerpo herido y debilitado se opone la Frida fuerte con mirada penetrante. El dualismo de su personalidad, de su ser, se refleja otra vez en esta obra, en las dos mitades del cuadro, dividido en día y noche. El sol que según la mitología azteca se alimenta de la sangre de las víctimas humanas, corresponde al cuerpo mutilado. Dos profundos desgarramientos en la espalda encuentran su correspondencia en el agrietado paisaje de fondo. La luna, en cambio, símbolo de feminidad, conecta con la Frida fortalecida, llena de esperanza.

Venado Herido, 1946

Esta obra refleja una de las más profundas depresiones de Frida, atormentada por el dolor físico de su columna decide pintarse con el cuerpo de un venado que tiene clavadas diez flechas en su cuerpo sangrante. Está protegido o encerrado por un bosque de árboles secos. En el horizonte se visualiza una especie de mar cubierto por un cielo tormentoso.

Las flechas clavadas en su cuerpo, la sangre que brota a partir de ellas y su mirada adolorida pero serena como de quien ya conoce el dolor, de quien se siente abatida por el mismo, pero ya sabe como dialogar con él.

Algunos han interpretado este cuadro como la incapacidad de Frida de cambiar su propio destino, otras piensan que quería reflejar la profunda frustración por la operación fallida y los intensos dolores que le causaron y que por más que pasaba el tiempo no se iban.

Para mí es una de sus obras más intensas respecto al dolor, que sin duda es tema clave en todas sus creaciones, en esta a través del venado habla de cómo la vida, la va hiriendo de muerte, por esto las flechas y la sangre.

Sus enseñanzas la mantienen con nosotras.-

Quise hacer este recuento de las obras que más me conectan con la paloma a 64 años de su partida física para posicionar que a través de cada una de sus obras ella está, siempre está. Porque en ellas nos dejó mensajes sobre la belleza y la amargura de la vida, sobre lo tormentoso del desamor y lo mágico de amar y amarse, sobre la deconstrucción de la que tanto hablamos hoy, porque ella desde el dolor y la resistencia supe re y de-construirse las veces que le fueron necesarias.

*         Politóloga.

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