octubre 28, 2021

Los límites de la restauración conservadora

A partir del 14 de julio, La Habana, es la sede del XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo. La cita, de los partidos de izquierda, de las más amplias tonalidades, se lleva adelante en medio de una sostenida contraofensiva imperial y oligárquica en la América Latina, cuya finalidad estratégica es la de restablecer un sistema de dominación y explotación sin límites.

¿Pero, es cierto que el proyecto de restauración conservadora no tiene límites? ¿Hemos llegado al fin del ciclo progresista que empezó a fines del siglo XX y que mantuvo el predominio de la izquierda hasta la primera década y media del siglo actual? ¿hay que resignarse?

En realidad, eso es lo que quieren que creamos los defensores del capitalismo salvaje que ahora se visten, con relativo éxito, de trajes de libertad de expresión, justicia, anticorrupción y democracia que durante décadas las violaron sistemáticamente. Hay que admitir que los sujetos constructores del capitalismo –pues este sistema también tiene sujetos- han logrado instalar esos conceptos en la subjetividad de un alto porcentaje de la gente, sobre los errores de la izquierda.

Sin embargo, sin angustias y al mismo tiempo sin existimos, es importante identificar los límites del proyecto restaurador.

El primero, el más importante, es la imposibilidad material de los partidos de derecha y conservadores para dar una respuesta a favor de las mayorías nacionales. El capitalismo es por lo general concentrador de la riqueza y en su versión neoliberal mucho más aún. Concentración de la riqueza y justicia social son dos conceptos que se repelen automáticamente.

En segundo lugar, a pesar de que los procesos de cambio no han generado un alto nivel de conciencia, construyendo más consumidores que protagonistas, no menos cierto es que esa misma población difícilmente aceptará un retroceso en el ejercicio de sus derechos. Puede ser que no lo hagan desde un horizonte poscapitalsta, pero si desde la defensa de una cotidianidad en la que sus condiciones de vida mejoraron a partir de la ampliación de sus derechos que lideraron los gobiernos de izquierda.

Tercero, la respuesta conservadora a los gobiernos y procesos de izquierda y progresistas es la violencia, la persecución, la reprivatización de los recursos naturales y la perdida de la soberanía nacional. Pero lo más importante es el cierre de todos los caminos legales para la causa popular, lo que ciertamente impulsará a su nueva apertura a través de la lucha. Los métodos dependerán de las condiciones objetivos que se vayan dando y de los grados de unidad que se construyan.

La concepción neoliberal de alternancia, que es el paso del gobierno de unos partidos neoliberales a otros, lo que va a provocar es un nivel de rechazo superior al que ya se registró en la década de los 90, cuando la estrategia de la gobernabilidad democrática entró en crisis.

Por eso, el encuentro de la izquierda en La Habana es importante. Es el momento de la rectificación de errores, de consolidar lo bueno que se hizo y de la apertura de “nuevas ventanas de oportunidad”.

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