octubre 23, 2021

La audacia de los Doctores de Charcas


Por Luis Oporto Ordóñez* -.


El último León de Iberia

Bolívar había conminado al general Pedro Antonio de Olañeta, que deponga las armas y deje a “los pueblos la libertad de pronunciarse respecto de su gobierno”. La respuesta fue la invasión de Puno, lo que forzó a instruir a Sucre a cruzar el Desaguadero. Casimiro Olañeta, Secretario Privado de su tío, el general realista, junto a Manuel María Urcullo, Manuel José Asín y Mariano Enrique Calvo, conocidos como “doctores altoperuanos, sinónimo de engaño, insinceridad, tendencia perversa hacia la intriga y las disensiones”, formó una intelligentsia criolla que proporcionó valiosa información al joven mariscal, ganándose su simpatía. Sucre escribe a Bolívar, el 3 de febrero: “lo trataré [a Olañeta] con toda distinción, pues, además que lo merece, me dicen que tiene un grande influjo en todas las provincias”.

Vuelve a escribir entusiasta desde Ilave, el 5 de febrero: “el Dr. Urcullo y el Dr. Asín, ambos muy patriotas, lo han abandonado ya [al Gral. Olañeta] el uno en Oruro y el otro puesto a la cabeza de la revolución que se tramaba en Potosí y que se cree haya reventado”. Olañeta ocupa, a sus 29 años, el cargo de Auditor General del Ejército “que es el más grande rango que hay en esa época”. Sucre toma la decisión de “entregar al país a sí propio, para organizarse a la sombra del Libertador y del Ejército Unido, considerando que cinco provincias con más de un millón de habitantes era bien digna de formar una Asamblea propia”. Algunos califican de “blasfemia histórica” la influencia de Olañeta sobre el Mariscal (Vásquez Machicado), otros afirman que participó en la redacción del decreto del 9 de febrero (Condarco, Roca) y hay quien cree que se sirvió del país, afirmando que se embolsilló dos veces los dineros que su tío le entregó para adquirir armas, primero en Salta y luego en Arica (Arnade). Roca afirma que si algo se le puede reclamar es haber actuado clandestinamente y con malas artes por la independencia de Bolivia “de haberse servido del país, no; pues murió pobre”. Lo cierto es que el 9 de febrero de 1825 Sucre promulga el Decreto que convocando a una Asamblea de Representantes del Alto Perú.

Un parto difícil

José Mariano Serrano (Presidente), José María Mendizábal (Vicepresidente), Ángel Mariano Moscoso y José Ignacio de Sanjinés (Secretarios), integraban el primer cuerpo legislativo. Como prueba de legitimidad, Serrano afirmó que “un millón de hombres ha fiado su destino a nuestra probidad y débiles luces”. Una comisión de cinco diputados, “acompañado de todas las corporaciones pasó a la Iglesia Catedral del Espíritu Santo donde se celebró una solemne misa y cantó el Te Deum de acción de gracias. El Doctor Pedro Brito pronunció una oración, en medio de salvas de artillería y repique general de campanas”. Fue un parto difícil, dadas las circunstancias políticas, económicas y sociales, adversas de la época, ante la objeción del general simón Bolívar. El ánimo general de los 39 representantes se expresa en el silogismo: “Ni con el Bajo Perú ni con el Rio de La Plata”. Inició sus sesiones el 10 de julio de 1825. Paulatinamente se incorporan los diputados Dalence (Charcas), García y Vargas (Potosí), Pinedo, Aparicio y Velarde (La Paz). Tras ocho sesiones preparatorias, se inició el debate de fondo que era el destino del país, sobre tres posibles alternativas: la unión con la Argentina, la reintegración al “bajo Perú” (con una variante bajo la figura de “federalización”) y la independencia. Mendizábal y Gutiérrez, partidarios de aliarse al bajo Perú, señalan las debilidades: fronteras desguarnecidas, falta de líderes, posible ataque de España, falta de recursos económicos, inexistencia de una Marina y puertos, debilidades de las fuerzas armadas, por lo que buscan el amparo y protección del Ejercito Libertador y la protección de Bolívar y Sucre ante la amenaza del Ejército de Veteranos del Cuzco. Olañeta, Moscoso, Serrano y Enríquez abanderados de la independencia, exaltan la riqueza natural y suficiencia del territorio, el valor y genio guerrero de sus habitantes, sus costumbres, aptitud en artes, ciencias y comercio, el amor a la patria, su valor, abnegación e intrepidez en el combate, “bajo la protección del Ejército Libertador, porque siempre era preciso que hubiese una fuerza para evitar las guerras civiles y los desórdenes de una anarquía”, afirmó Enríquez. Centeno y Pallares dudan del bajo Perú y de la Argentina advirtiendo que “solo hay que fiarse en Bolívar y Sucre para constituir la nueva república”, que debía ser el equilibrio entre los tres Estados. Para ello era vital buscar la alianza con Argentina. Otros proponen la Federación con otros Estados y la negociación con Inglaterra y Europa. Todos exhortan a la unidad nacional. El 28 de julio se declaró suficiente discusión. La ausencia de diputados de Santa Cruz forzó dos cuartos intermedios “para no exponerse a reclamos”. Después de zanjar el tema de fondo, la Asamblea analizó asuntos (como el sueldo de los diputados), pero no podía emitir leyes, prohibida por decreto de Bolívar de 16 de mayo, dictado en Arequipa. El 1° de agosto de 1825 el Mariscal envió su célebre Mensaje a la Asamblea, explicando su actuación. En la sesión del 3 de agosto se incorporó Francisco Palazuelos de Oruro y se señaló el día 6 para la declaración de la independencia, “dejando lugar a los diputados de Santa Cruz para expresar sus opiniones”.

Nace la “República de Bolívar”

El 6 de agosto el presidente Serrano leyó el proyecto de creación del nuevo Estado: “Por uniformidad de sufragios se acuerda que el Alto Perú, no se una con la Argentina” y “se aprueba la proposición de que el Alto Perú, no se una al Estado bajo peruano”, por tanto “por plenitud de votos, se acuerda que el Alto Perú es Estado soberano e independiente de toda otra nación”. En el ínterin llegó el diputado Vicente Serrano de Santa Cruz, expresando su apoyo. El Diputado Moscoso leyó el Acta de la Independencia en la tribuna. Los diputados Mendizábal y Olañeta reciben la comisión de aproximar una copia –Sucre mediante—y negociar con Bolívar. Llegó el último Diputado de Santa Cruz, Vicente Caballero, quien suscribió de inmediato el Acta.

Pese a la prohibición de sancionar leyes, la Asamblea discute la importancia del puerto de Cobija, crea el Tesoro Público, niega indulto a viejos enemigos realistas. El 13 presenta un borrador sobre la forma de gobierno, el 17 aprueba los proyectos de creación de la bandera, escudo y moneda nacionales, pero pospuso el intenso debate sobre la capital del Estado. El 18 ordena al Tesoro de Potosí erogar los gastos para la medalla acordada al Mariscal Sucre; pide fondos para erigir estatuas a Bolívar y Sucre y organiza el censo de las fincas.

Ante los hechos consumados, el Libertador afirmó que era necesario “negociar el reconocimiento del nuevo Estado con el Congreso del Perú” y era indispensable que “la República Argentina (la) reconociese de modo expreso y solemne”, ordena que “la declaración de la Independencia circule en el país y se comunique al Perú y Colombia” y anuncia su viaje a Charcas. La Asamblea prepara el detalle de gastos para recibirlo. Llueven pedidos de certificados de “comportación y servicios a la patria”. Se pide un informe al antiguo guerrillero, Diputado Gral. José Miguel Lanza, “sobre los archivos del Departamento de La Paz que le entregó el Mariscal Sucre el 10 de agosto de 1825”. El 15 de septiembre los diputados exponen su primer reclamo republicano: ¡sus dietas! La Asamblea ordena que los beneficios acordados a los Vencedores de Junín y Ayacucho alcancen a los “prisioneros de la Isla de Puno y a los que hayan combatido desde 1809”. El 3 de octubre la Asamblea encarga al Mariscal Sucre el Gobierno en ausencia del Libertador, nombró emisarios a Argentina, Perú, Colombia y Panamá, aprobó el proyecto para la permanencia de 2.000 hombres de Colombia; y el 5 nombró la diputación permanente. El 26 e instruyó “que los libros y demás papeles se entregasen bajo formal inventario al Secretario” de la Junta Permanente, con lo que se disolvió.


*            Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas. Jefe de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Presidente del Comité Regional de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la Unesco-Mowlac.


 

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