julio 24, 2021

Evo deja huella en Cumbre Iberoamericana

A contrapartida del rumbo emprendido por Estados Unidos, agravado desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, para imponer el unilateralismo en el mundo, el presidente de Bolivia, Evo Morales, volvió a reivindicar, con la fuerza que le da su incuestionable liderazgo, en la necesidad de mantener un sistema multilateral para enfrentar “los problemas globales” que están poniendo en peligro al ser humano y al planeta. Tan categórico como eso.

La intervención del primer presidente indígena de América Latina en la XXVI Cumbre Iberoamericana, celebrada ayer en Antigua, Guatemala, fue seguida con especial atención por todos los mandatarios y jefes de Estado que se dieron cita en el encuentro internacional. Ahí estaba Morales, con la firmeza y los principios que desde dirigente sindical, primero; diputado, después, y ahora presidente de un Estado Plurinacional, ha mantenido en alto aún en las circunstancias más adversas para las ideas emancipadoras.

Y por eso, sin complejos ni dubitaciones, no se limitó a identificar los efectos de un orden mundial injusto sobre los seres humanos y la naturaleza. Ese no sería el Evo que se conoce en el mundo, en particular América Latina. La línea que cruzó transversalmente todo su discurso fue de la crítica radical, sin maquillajes, del capitalismo, como sistema de organización de la vida social.

De ahí que apuntó con su dedo acusador al capitalismo, como el principal responsable de un cambio climático que amenaza a todas las formas de vida. Y si de multilateralismo se trata, levantó las banderas del Acuerdo de París que, aunque de manera insuficiente, marcó un avance en el nivel de conciencia mundial frente a este gran problema. Por tanto, la crítica del Jefe de Estado indígena salió al paso de la situación de riesgo provocada por la decisión de Estados Unidos de abandonar ese acuerdo.

Morales no le dio vueltas a la responsabilidad de los países ante el problema del medio ambiente. Debe ser “común y compartido”, enfatizó. Es decir, todos, absolutamente todos, debemos colaborar con políticas de Estado y prácticas sociales para enfrentar el cambio climático, pero les corresponde a los países desarrollados que más contaminan el planeta con los gases de efecto invernadero, producto de una irracional sobreproducción y consumismo, ser los que más aporten para disminuir los riesgos que se tienen.

Multilateralismo, sí, también para resolver las causas y los efectos de la migración. Sin detenerse explícitamente en la situación delicada que ha sido abierta por la marcha masiva hacia Estados Unidos de parte de miles de hombres y mujeres, a los que Trump responde con desprecio y amenaza del uso de la fuerza, Evo nuevamente colocó el dedo en la llaga.

La migración no se combate con represión, ni tampoco abriendo fronteras para la libre circulación del capital y restringiendo el libre movimiento de los seres humanos. La migración se la aborda desde la perspectiva del derecho de las personas y la integración de los pueblos. Es decir, ciudadanía universal, como concepto político y humano que salió de la Conferencia por un Mundo sin Muros, realizada en el central municipio de Tiquipaya, Bolivia, en junio de 2017.

Y finalmente, en apego a la esencia pacifista de la Constitución Política del Estado y el espíritu de diálogo del Gobierno, el Presidente boliviano se apoyó en el fallo de la Corte Internacional de Justicia del 1 de octubre, para pedir a Chile “explorar soluciones mutuamente beneficiosas” para ambos países a partir del reconocimiento de que Bolivia nació a la vida independiente con una costa de más de 400 kilómetros sobre el océano Pacífico.

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