febrero 24, 2021

Nuevos aires desde México para toda América Latina

México tiene un nuevo Jefe de Estado. Con la presencia de Evo Morales Ayma y de otros altos dignatarios de varios países del mundo, Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como presidente de México, el primer país en hacer una revolución social en América Latina en el siglo XX, y el último que se incorpora al cambio de época y al ciclo progresista en el siglo XXI.

López Obrador hizo campaña con una bandera, la lucha contra la corrupción, estructural en la clase política mexicana, y contra el modelo económico neoliberal, que además en México adopta formas criminales al estar bajo el control del narcotráfico.

Y con esa reivindicación llegó ayer a la Cámara de Diputados de San Lázaro, donde —en presencia de mandatarios de varios países, incluido el nuestro, a quien llamó amigo— repitió el lema de su primera campaña: “primero los pobres”.

AMLO tiene claro el horizonte de su gobierno. Un combate sin tregua contra la corrupción y el neoliberalismo, que sólo genera desigualdad económica y social, además de inseguridad. Si tuviera que definir en una sola frase sus objetivos, dijo en la toma de posesión, ésta sería: “acabar con la corrupción y la impunidad”.

Las luchas sociales también estuvieron presentes cuando los diputados y senadores de Morena contaban del 1 al 43 para recordar a los normalistas de Ayotzinapa, víctimas de la doctrina del shock neoliberal.

El Presidente mexicano tiene claro que necesita redistribuir la riqueza, subir el salario mínimo de uno de los países más ricos y a la vez con mayor desigualdad de América Latina, y necesita retomar el control sobre su petróleo. En el discurso de la toma de posesión dejó claro que se necesitan tres cosas para lograr la transformación de México, y que dos ya se tienen: un pueblo trabajador y suficientes riquezas naturales. La tercera es un buen gobierno, que sin duda alguna ya se tiene desde el 1 de diciembre.

Es evidente que la administración entrante va a ser un gobierno en disputa y que llegar a la Presidencia, como bien sabemos en Bolivia, no significa tener el poder. La pelea con los poderes fácticos, económicos y mediáticos no va a ser fácil, pero López Obrador tiene una ventaja, la mayoría de más de 30 millones de votos y el respaldo de todo un pueblo que ya no podía ni quería seguir viviendo bajo el modelo neoliberal.

Se viene, en palabras del nuevo Presidente de México, una sociedad más justa, democrática, fraterna y alegre. Un México que recupera su soberanía política, económica, territorial y en política exterior, que debe servir como referente para América Latina, dando un nuevo impulso al ciclo progresista.

Bolivia necesita de un México soberano en política exterior para dejar a un lado los intereses de Estados Unidos en la región, y México puede aprender mucho de una Bolivia plurinacional y pluricultural.

Porque como le dijo un ciclista mientras AMLO iba en su auto a su toma de posesión, y el propio mandatario recordó en su discurso, no tiene derecho a fallarles. México, Bolivia y América Latina entera así lo esperan.

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