septiembre 10, 2026

México y Brasil: las dos caras de América Latina


Por Eduardo Paz Rada *-.


No deja de sorprender cómo el “mapa político” de América Latina y el Caribe, la Patria Grande de los Libertadores de la Primera Guerra de la Independencia en el siglo XIX, se va modificando cíclicamente a lo largo de la historia y en estas dos primeras décadas del siglo XIX se han avizorado esperanzas y frustraciones de la unidad y la integración emancipadora de manera tan nítida que los dos países con mayor influencia regional, como son Brasil y México, se encuentran como símbolos de la dialéctica histórica con la ascensión de Manuel López Obrador y de Jair Bolsonaro.

Si bien el flamante presidente mexicano no ha dado un mensaje radical sobre su adhesión al ideal latinoamericanista, ha manifestado con claridad que “México no dejará de pensar en Simón Bolívar y José Martí que, junto a Benito Juárez, siguen guiando, con sus ejemplos de patriotismo, el camino a ser seguido por pueblos y dirigentes políticos” e invitó a su posesión el pasado 1 de diciembre, en medio de la crítica de los poderosos consorcios mediáticos, a los presidentes de Cuba, Miguel Diaz-Canel, Venezuela, Nicolás Maduro y Bolivia, Evo Morales.

Tanto la potencia de la Revolución Mexicana (1910-1917) para proyectarse hacia los pueblos de nuestra región, como la nacionalización de los ferrocarriles y el petróleo, la solidaridad y apoyo a los procesos de liberación nacional y la lucha contra las invasiones y agresiones del imperialismo norteamericano están en la memoria y hoy están presentes cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desde el momento mismo de su posesión hace dos años, fustigó y descalificó a los mexicanos como causantes de la crisis en su país.

López Obrador ha anunciado que sus políticas darán prioridad a los sectores sociales más pobres y afectados por las políticas neoliberales que le antecedieron en los treinta pasados años, a la lucha contra la inseguridad, el narcotráfico y la corrupción para diferenciarse de sus predecesores, al esclarecimiento de la matanza de los 43 de Ayotzinapa, a frenar la reforma educativa neoliberal y a la recuperación de la soberanía y desarrollo de las refinerías petroleras, aunque aún no ha definido una política en relación al control estratégico de los hidrocarburos.

En contrapartida, el otro país con un poderoso peso político y económico regional y mundial, como lo es Brasil, tendrá, desde el próximo 1 de enero, como presidente a Jair Bolsonaro, un exmilitar conservador y representante de los sectores más radicales de la derecha pronorteamericana. Ganó con el respaldo de las iglesias pentecostales, las poderosas redes de televisión O’Globo y Record y el manipulado uso de las redes y el WhatsApp, después de que las oligarquías políticas, judiciales y militares ejecutaron el Golpe de Estado a Dilma Rousseff y el Golpe Político a Lula Da Silva.

La invitación a Donald Trump y al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, a su posesión, así como la organización de la Cumbre Conservadora de las Américas el 8 de enero con el respaldo de los grandes terratenientes y ganaderos, de las iglesias neo-pentecostales y de los impulsores de la posesión y uso libre de armas de fuego, así como los anuncios de sus colaboradores de paralizar los esfuerzos integracionistas de MERCOSUR, UNASUR y CELAC, señalan los alcances de su regresivo proyecto.

Las dos caras de la medalla latinoamericana con los gobiernos de López Obrador y Bolsonaro serán las que tensionarán las tendencias estratégicas de la economía y la política regional marcando los polos de la emancipación o de la dependencia y mundial donde los jugadores más influyentes, Estados Unidos, China, Rusia, Unión Europea, India, buscarán sentar sus bases de influencia y apoyo.

* Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

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