Buenos Aires.- Aún hay conmoción en la calle, muchos piensan que fue un milagro el hallazgo del submarino argentino ARA San Juan tras un año intenso de búsqueda, una de las mayores noticias que impactó a este país en 2018.
Fueron duros meses, sobre todo de los familiares de los 44 oficiales que viajaban en la mole de hierro sumergible desde que el terrible 15 de noviembre de 2017 desapareció en las frías aguas del Atlántico Sur.
Comenzaría entonces una ardua batalla por encontrarlos, una lucha que en un principio involucró a 15 países con su más alta tecnología, entre ellos Rusia, que tampoco con su moderno buque Yantar logró detectarlo.
La mole de hierro sumergible, fabricada en Alemania, fue buscada durante los primeros días en un megaoperativo desplegado con lo más novedoso de la tecnología por aire y mar.
Sobre las posibles hipótesis sólo había trascendido la información de la embajada de Austria en Buenos Aires, que registró un evento anómalo singular, corto, violento y no nuclear consistente con una explosión, tres horas después de que el submarino perdiera el contacto.
Unos 50 buques y aviones pertenecientes a Alemania, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Noruega, Perú, Uruguay y de esta nación austral trabajaron mancomunadamente para rastrear cerca de 482 mil 507 kilómetros, una superficie equivalente a todo el territorio de España, y no lograron encontrar nada. El clima tampoco ayudaba.
Sin rastros, la esperanza se desmoronaba para todo un país y otras naciones del mundo. Meses después se iniciaría otra ardua batalla, la de un grupo de familiares para que el Gobierno contratara una empresa que fuera por sus seres queridos.
Marchas en Mar del Plata y Buenos Aires, fuertes discusiones en el Congreso, en la comisión bicameral destinada a investigar el caso, decenas de testimonios recogidos y la pelea de los familiares porque el Gobierno contratara la empresa, incluso acamparon encadenados frente a la Casa Rosada, marcaron este 2018.
Los padres, hermanos, hijos y sobrinos aferrados a la esperanza de al menos saber qué pudo haber sucedido con sus seres queridos seguían dando la batalla.
En el ARA San Juan viajaban 44 oficiales, muchos de ellos jóvenes, algunos a punto de ser padres por primera vez, y también una mujer de 34 años, la reina de los mares como solían llamarle, Eliana Krawczyk, la primera tripulante de submarino en América Latina.
Tras ir y venir, finalmente se contrató a la compañía estadounidense Ocean Infinity, que desde septiembre pasado reanudó el rastrillaje tras llegar a un contrato con el Ejecutivo del presidente Mauricio Macri, en el cual cobraría por sus servicios solamente si encontraban al ARA San Juan.
Y así lo hizo. La empresa norteamericana, que también estuvo rastreando sin éxito al avión de Malaysia Airlines desaparecido en 2014 sobre el océano Índico, escudriñó en las profundidades con vehículos autónomos sumergibles.
Como un milagro, una luz. Ya en el último día de su trabajo, regresando a Sudáfrica, los expertos volvieron a mapear las imágenes sacadas y encontraron un objeto en el primer punto donde habían explorado y rebuscado.
Exactamente un año y dos días después de su desaparición, en la madrugada del 17 de noviembre pasado, comenzaron a emerger los cintillos de las televisoras dando la sorprendente noticia, el ARA San Juan había aparecido.
El anuncio caló hondo, a muchos familiares se les vio llorar de nuevo, entre ellos a Luis Tagliapietra, padre del oficial Alejandro Damian, quien estuvo codo a codo sobre el buque Seabed Constructor como veedor en la búsqueda.
Argentina conmocionaba y en twitter los mensajes se sucedían por segundos mientras el mandatario Macri declaraba tres días de duelo en honor a los 44.
¿Qué pudo haber ocurrido?
El ARA San Juan está exactamente a 907 metros de profundidad y sus partes están desprendidas en un área de 80 a 100 metros cuadrados. Hoy no se sabe si se podrá o no reflotar pues costaría al país, según trascendidos, cuatro mil millones de dólares y el proceso es riesgoso.
La ubicación exacta es muy próxima del informe que se diera a conocer el año pasado sobre evento anómalo singular, corto, violento y no nuclear consistente con una explosión, tres horas después de que el submarino perdiera el contacto.
Podría haber implosionado cerca del fondo, confirmó Enrique Balbi, exvocero de la Armada, quien fue el encargado de presentar a la prensa las imágenes del sumergible, cuyo casco resistente está en una sola pieza, pero deformado y abollado hacia el interior producto a la presión externa.
Sobre los tubos lanza torpedos explicó que están desprendidos, pero no se ve la sección de proa de libre circulación.
Hoy, al cierre de esta información, las 67 mil imágenes y videos tomados en alta definición desde el buque noruego Seabed Constructor al submarino ya están en Argentina para un proceso que podría durar más de un mes.
Las imágenes viajaron a bordo del buque hasta Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Allí fueron copiadas en discos duros externos y luego se resguardaron en una valija diplomática que porta consigo el Capitán de Navío Gonzalo Prieto, agregado de Defensa de la embajada argentina en esa nación.
Más allá de lo que pudo haber ocurrido con el ARA San Juan, para los familiares la noticia de su hallazgo fue un gran alivio y hoy al menos saben donde están sus seres queridos. Dejan así atrás los meses de incertidumbre de saber o no si aparecerían, pese a que nunca perdieron la esperanza.

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