Por Carla Espósito Guevara *-.
El año 2015 circuló en redes un video en el que Sánchez Berzaín, desde Estados Unidos, instruía dejar de llamar presidente a Evo Morales y pedía llamarlo dictador. En aquel momento me resultó tan ofensivo como ridículo que lo dijera justamente él, que había salido de Bolivia huyendo de su responsabilidad en una de las peores masacres que este país sufriera en el último medio siglo, hecho que, de democrático, no tuvo nada.
Pero dos años después, viendo los resultados de las marchas de la semana pasada, creo que lejos de un comentario descabellado, se trataba de la construcción de una línea discursiva muy bien armada y articulada mediáticamente que al final logró imponer los términos del debate y posesionar la falsa dicotomía democracia-dictadora como el campo fundamental del debate político en Bolivia y no se puede negar que éste es un logro político de la derecha.
Esto requiere de una capacidad muy grande desimplificación de los términos del debate político, por eso, parte importante del mismo se alimenta de un sentido común muy básico y de consignas falsas, elementales pero eficaces.
Antes de continuar, es fundamental caracterizar lo que es una dictadura, para los que todavía no lo saben o para los que decidieron olvidarlo. Una dictadura se caracteriza por la suspensión de todas las libertades civiles y políticas, incluso las más básicas como el derecho a conservar la integridad física, lo que en Bolivia no ocurre pues los derechos civiles y políticos están garantizados; en una dictadura se suspende la libertad de asociación que en Bolivia está plenamente vigente; en una dictadura se suspenden las manifestaciones públicas que en Bolivia se realizan todos lo días; en una dictadura se proscriben los partidos políticos de oposición que en Bolivia están vigentes; en una dictadura se suspende toda actividad sindical que el Bolivia está garantizada; en una dictadura se elimina físicamente al contrincante político, se lo tortura o se lo exilia, lo que en Bolivia no ocurre.
Entonces la pregunta que resta es ¿cuáles son los argumentos que la derecha usa para calificar como dictadura al actual gobierno? son dos y, en efecto, forman parte de los elementos que hacen una democracia, aunque no definen la democracia en su totalidad.
El primero, es el desconocimiento de un referéndum vinculante y el segundo, la falta de alternancia. En el primer caso ciertamente se dañó la confianza en el voto y la misma utilidad de la consulta popular como un instrumento que, hasta ese momento, había sido fundamental para la ampliación de la participación democrática en Bolivia, pero el segundo, merece muchas consideraciones y matices en la medida en que la alternancia no define por sí misma un régimen como democrático, pues varios países que sí tienen formas de alternancia no pueden ser calificados precisamente como democráticos.
Pongo dos ejemplos, Colombia y México antes de AMLO. Ambos se conocen como gobiernos democráticos bajo criterios estrictamente liberales. Llaman a elecciones cada cinco años, no permiten la reelección de sus mandatarios por dos periodos continuos, aunque lograron la continuidad del mismo partido en el gobierno por casi dos décadas, —16 años del Uribismo en Colombia y 18 del PAN en México—, en ambos países el estado de derecho fue prácticamente suspendido, en Colombia el asesinato y desaparición física, tanto de líderes de oposición como de dirigentes indígenas y sindicales, es pan de cada día, así como el descubrimiento de fosas comunes en México. No existe, por tanto, ninguna garantía que asegure siquiera la vida de los dirigentes sindicales, la criminalización de la protesta ha llegado a tal punto que los asesinatos promovidos por el Estado han cobrado formas escabrosas como degollamientos públicos y masivos o asesinatos con motosierras en un clima de total impunidad, sobre todo en Colombia que, extrañamente, nunca llamaron la atención de Insulza.
Estos dos ejemplos ponen en tela de juicio la idea, que se ha hecho dominante, de que la alternancia garantiza la democracia. En efecto éste sí es un elemento de la democracia liberal, pero no se puede decir que un gobierno es democrático solo porque tiene alternancia. La alternancia puede convivir con regímenes totalmente antidemocráticos, de hecho, durante el neoliberalismo tuvimos una alternancia relativa en Bolivia, pues tres partidos con el mismo contenido de clase se rotaban en el poder, y dudo de que por eso este fuera un país más democrático. Por tanto, para una discusión seria sobre la cualidad de la democracia en Bolivia y para combatir las simplificaciones de la derecha, creo que es importante poner en debate y desmitificar el peso desproporcionado que se le ha dado al elemento de la alternancia en este país.
* Socióloga.

Cualquiera escribe y de paso, nos hacen quedar mal, porque ahora parecemos ineptos que no entendemos el argumento de la rotación de cargos publico.
Buena aclaración !