agosto 15, 2026

Solo quieren reinstalar la violencia


Por Oscar Silva-.


A la oposición, en ninguna de sus expresiones “pseudo democráticas” le interesa llegar a una contienda electoral frente a Evo Morales y Álvaro García, porque sabe que es imposible que junto o revueltos, mucho menos separados, puedan ganarle. Lo único que buscan es desestabilizar el proceso, afectar la economía, generar intranquilidad en la población y todo eso a través de reinstalar la violencia, como lo hicieron hace diez años atrás.

Hace un par de meses, escribí en esta misma columna, hacia donde caminaba la oposición. Dije que esperarían el 8 de diciembre para patear el tablero y con los mismos métodos violentos que el imperio aleccionó a los opositores de Venezuela o Nicaragua, iban a pretender no solo deslegitimar el proceso, sino hacer todo los esfuerzos para crear un ambiente de convulsión interna, acompañado de una fuerte campaña mediática internacional, junto a sus operadores políticos en distintos países, pretender mostrar que Bolivia vive bajo una dictadura.

El tiempo nos dio la razón. Desde la anterior semana, apenas se conoció en el Tribunal Electoral la habilitación de los candidatos, la cual obviamente contemplaba la habilitación de los actuales mandatarios, se puso en marcha la estrategia de desestabilización. La Paz fue solo una muestra con la violencia generada en la Plaza Abaroa, fueron los primeros intentos, globos de ensayo, pero cinco días después ya la maquinaria debía entrar en acción.

Santa Cruz fue el lugar elegido para arrancar, aunque el plan no les salió como quería porque un hábil, aunque poco común, accionar de la policía y las autoridades de gobierno, evitaron que hubiesen enfrentamientos y, desde luego se victimicen, mucho mejor si de por medio se presentaban heridos o muertos como producto de la “antidemocrática represión policial”.

El gobierno autoritario no les dio la oportunidad. Asaltaron instituciones públicas, ocasionaron destrozos, le echaron la culpa al propio gobierno de haber propiciado todo ello, pero su estrategia se les cayó de entrada. Han quedado al descubierto y han optado por lavarse las manos y santificarse y acusarse entre ellos de impulsar la violencia.

Pero esto apenas empieza. No nos vayamos a engañarnos y pensar que se reconducirán democráticamente porque les fallaron sus planes. No son demócratas aunque así quieran mostrarse, no saben actuar en ese plano, o no quieren o no les dejan sus mandantes externos. Las huelgas de hambre, que nunca son tales sino en apariencia, son el preámbulo de una nueva arremetida. Sus objetivos de suspender las elecciones primarias, anular la ley de organizaciones políticas y pedir la renuncia de los vocales del órgano electoral, no buscan mejorar la democracia u optimizar las condiciones electorales o de transparencia como lo señalan, sino única y exclusivamente evitar una confrontación electoral con Evo Morales.

Los violentos no se detendrán, la espiral de violencia irá en ascenso, de las más variadas formas con la complicidad de los medios de comunicación que tienen de su lado, mientras “tuto” o “el zorro” seguirán recaudando fondos y pronunciamientos de los foros de expresidentes corruptos de Latinoamérica en contra de Bolivia y su gobierno. Toda esta estrategia de reinstalar la violencia no es interna, no sale de los bolivianos. No son Mesa, ni Ortiz, menos Cárdenas o Paz Zamora, quienes están detrás de ellos. Ellos apenas cumplen órdenes, el cerebro de la conspiración está en otro lado y todos sabemos bien dónde.

Como sucedió en 2008, hay que volver a derrotarlos política y militarmente. Esa responsabilidad es del gobierno. No respondiendo la violencia con violencia, sino actuando de manera seria y responsable, en el marco de la ley, sancionando a los responsables de la violencia y de los daños a bienes públicos y privados, con todo el peso de esa misma ley, sin contemplaciones.

Hay que desbaratar la conspiración democráticamente, garantizando las elecciones del próximo año y sin volver a cometer el error de pensar que quienes fuera a derrotados pueden ser cooptados por el proceso como arrepentidos, porque aquello será peor que dormir con el enemigo. Solo así se garantizará la continuidad y la profundización del proceso, con el liderazgo de Evo Morales y con los que pudieran venir después. Queda aún un largo camino para consolidar la revolución.

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