octubre 23, 2026

Las tácticas de la geopolítica norteamericana se van develando


Fernando Rodríguez Ureña *-.


El año transcurrido ha resultado positivo para el proceso de cambio. Pese a los anuncios agoreros de los portavoces de los intereses antibolivianos, el proceso de cambio avanza. El 2018 concluye demostrando al mundo que gobierno de Evo Morales ha sido el que ha producido las mayores transformaciones desde la fundación de Bolivia. Ya no se pueden obviar la cantidad y la calidad de los proyectos en beneficio de las mayorías nacionales, tanto rurales como urbanas. Nunca antes fuimos tan iguales como ahora.

Se han cerrado las brechas de las diferencias entre ricos y pobres, hombres y mujeres, campesinos y citadinos. Nunca en la vida republicana fuimos tan iguales, pese a que aún falta mucho por hacer.

Sin ser liberal, el gobierno de Evo se ha acercado como pocos a los principios de los ideales que produjo la revolución francesa en sus principios de igualdad, libertad y fraternidad. Estos principios se han enriquecido con los valores colectivos del Estado Plurinacional.

Los avances son notables y sin embargo no deja de ser cierto que pudieron haber sido mayores. Sin negar las debilidades del propio proceso, es innegable que existen varios factores que conspiraron en favor de las limitaciones. Y estos factores son parte de una muy bien montada estrategia de conservación del status quo, del permitir todos los cambios para que nada cambie, siendo las siguientes algunas de sus variables.

La corrupción: desprestigio y desencanto

Se ha convertido en un arma muy bien usada por el sistema capitalista. No debe sorprendernos, pues el capitalismo es esencialmente corrupto. Para reproducirse necesita de fetichizar la mercancía y la fetichización implica corrupción es decir, enajenación pues esta ritualiza la riqueza convirtiendo al dinero y la propiedad en un nuevo culto. Y el enriquecimiento, aun sea en el marco de las reglas del juego capitalista, es robo, es usurpación, es acumulación de plusvalía: es corrupción.
En nuestro caso, y sin que esto resulte una excusa, es un mal heredado de gestiones de gobierno anteriores, donde la misma estaba institucionalizada, comenzando en proyectos de inversión de organismos internacionales y pasando por todos los organismos financieros del sistema que reconocían un 10% del costo total de cualquier proyecto, concebido como costo de operaciones, el mismo que iba en beneficio de los gestores y decisores de la aprobación los proyectos.

Además de este “beneficio”, las autoridades jerárquicas, tenían el beneficio de los “plus”, también institucionalizados y que se pagaban por planilla separada, normalmente inscrita en la planilla de gastos reservados.

Si el plus mensual de un viceministro eran 6.000 dólares, bien podríamos imaginarnos cuanto podría haber sido el de los ministros y más aún de las primeras autoridades.

Y esta funcionó sin excepción en las dictaduras como en los gobiernos democráticos, por lo que la corrupción puede ser catalogada como un mal endémico, que debe ser tratado como tal.

Es curioso, pero el capitalismo ha sido el impulsor de una doctrina anticorrupción, con instituciones como la Fundación Carter o Transparencia Internacional que despliegan programas destinados a producir normas nacionales que luchan contra ella, desplegando a través de los medios masivos de comunicación y las redes sociales operaciones psicológicas ligadas a generar complejos psicológicos masivos y nocivos destinados a producir complejos de culpa colectivos.

La lucha contra la corrupción en lugar de ser una acción revolucionaria anticapitalista, hoy es un arma para perseguir a quienes luchan por transformar las estructuras de dominación económica.
Derechos humanos, democracia y dictadura: la judicialización de la política
Lo mismo ocurre con los derechos humanos, que hoy aparecen como una consigna de los grupos más conservadores y reaccionarios que los usan como un bastión que defiende la propiedad y las libertades individuales.

Curiosamente quienes propiciaron dictaduras hoy son sus principales defensores generando campañas nacionales y usando mecanismos internacionales de protección de los mismos.

El discurso de los derechos humanos, es hoy una arena en disputa pues habiendo sido siempre un escenario desde el cual se luchaba por la liberación de los pueblos ahora sirve para fundamentar el individualismo extremo, el nacionalismo y el racismo encubierto. Para estos, todos los líderes revolucionarios son dictadores, sus gobiernos masivamente apoyados son considerados regímenes anticonstitucionales y sus políticas que privilegian lo colectivo ante lo individual son consideradas autoritarias.
Al haber judicializado la política, quieren a los líderes revolucionarios juzgados en tribunales nacionales o internacionales. Lula y Cristina resultan un ejemplo de lo que buscan. Ahora van tras de Correa y sin duda pretenden hacer lo mismo con Evo.

El uso de los procesos democráticos para entronizar gobiernos que tienen perfil fascista como el de Bolsonaro en el Brasil, es también otra de sus tácticas develadas y confirmadas en su uso en este 2018.

La infiltración y la conspiración interna: la implosión como táctica
El caso de Lenin Moreno en el Ecuador resulta paradigmático en este rubro. Hombres como él han sido infiltrados en todos los procesos de transformaciones en nuestro continente. Ganándose la confianza de los líderes revolucionarios, escalan, ascienden y terminan ocupando cargos de extrema confianza desde donde conspiran internamente en secreta pero eficiente relación con los Estados Unidos que los promocionan, encubran y protegen.

La lógica es la conspiración interna, están hechos para dividir los procesos, generar implosión, enfrentar a indios contra indios, obreros contra obreros, cocaleros contra cocaleros, mujeres contra mujeres, jóvenes contra jóvenes, sustentándose fuertemente en las clases medias, que por su carácter diletante, se acerca y aleja de los procesos de transformaciones sociales.

En Bolivia ya tuvimos esa experiencia en el proceso del 52. ¿Por qué no habría de ser posible que un Walter Guevara Arce, un Rene Barrientos Ortuño o peor aún, un Alfredo Ovando Candia estén gestándose al interior de la revolución democrática y cultural? La cultura política del Estado del 52, aún se encuentra fuertemente enraizada.

El golpe militar: la entronización de una dictadura cívico militar de corte fascista como última carta alternativa

Esta posibilidad con Obama era imposible. Con Trump sus condiciones de materialización son muy altas. Es que el carácter nacionalista del proteccionismo impulsado por el actual huésped de la Casa Blanca, puede orientarse muy fácilmente a salidas por la vía de la violencia militar, expresada en gobiernos con discurso ultraconservador, fundamentalista en valores occidentales y católicos y con altas posibilidades de prohijar gobiernos con mentalidad neofascista.

Este tipo de gobiernos buscaran su sustento en las clases medias tocadas en sus intereses por los procesos de cambio y en aquellos sectores de las Fuerzas Armadas que nunca abandonaron la doctrina de seguridad nacional y siguieron cultivándose en su posición anticomunista y el enemigo interno.
En este contexto, el magnicidio puede ser una de sus variables.
Habrá que tener presentes las amenazas expresadas en discursos de este corte que empiezan a desplegarse en boca de exoficiales de las fuerzas armadas y militares en retiro, que ya se atreven a hacer públicos los documentos de sus cónclaves.

Aprendiendo a leer los signos de los tiempos

Estas variables se van produciendo en el continente, en procesos que se atrevieron a actuar con soberanía rompiendo la hegemonía norteamericana. Las recetas que usan siguen teniendo los mismos ingredientes. Debemos saber leer los signos de los tiempos. Si el aire se pone húmedo y se ven nubes cargadas en el horizonte, muy probablemente llueva. Si algunos elementos de los arriba enunciados se van desarrollando, muy probablemente tengamos en camino un proceso contrarevolucionario. Y en ese camino, sólo las masas movilizadas y la patria organizada desde sus bases, podrá enfrentar a las fuerzas reaccionarias que pretenden volver a un pasado que les fue económica y políticamente muy fructífero y rentable pues tenían como socios y patrones a los administradores de los intereses imperialistas. Revolución que no se profundiza termina siempre retrocediendo. No hay alternativa: Revolución o caricatura de revolución.


* Sociólogo. Militante guevarista.


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