septiembre 27, 2021

Cuba, Colombia y el apego a lo acordado para diálogo de paz

La Habana-. Por estos días el tema de la paz en Colombia vuelve a acaparar titulares, tras la decisión del presidente Iván Duque de romper las conversaciones pactadas en esta capital con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que reivindicó un letal atentado con bomba.

Duque reactivó las órdenes de captura contra los miembros de la delegación de paz que se encuentran en Cuba, país sede alternativa y garante del proceso, e insiste en que la isla extradite a los negociadores del ELN, lo cual representaría dejar a un lado los protocolos firmados por las partes antes de sentarse a la mesa de conversaciones.

La pasada semana, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba apeló en una declaración al gobierno de Colombia y la guerrilla para que adopten las acciones pertinentes que permitan aplicar el procedimiento del retorno de la delegación del ELN en apego a la letra de dicho protocolo.

En ese sentido, dirigió a la Cancillería del país sudamericano una nota verbal en la cual recuerda los compromisos adquiridos por los actores de las pláticas, y envió copia a los demás países garantes (Noruega, Venezuela, Chile y Brasil).

También Noruega se manifestó a favor del cumplimiento de los protocolos, que establecen que de romperse los diálogos de paz, las partes contarán con 15 días a partir de su anuncio para planear y concretar el regreso a Colombia de los miembros representantes de la delegación insurgente.

EL CONTEXTO

Cuba aceptó ser uno de los garantes del proceso a solicitud del gobierno y de la guerrilla en unas negociaciones que iniciaron en Quito, Ecuador, y en mayo de 2018 respondió positivamente al pedido de convertirse en sede para la continuación del quinto ciclo de diálogo, tras la decisión ecuatoriana de no seguir haciéndolo.

De cara al objetivo de acoger las pláticas, la isla accedió a la presencia del ELN en su territorio, viaje que fue coordinado en detalle con el gobierno de Colombia, entonces encabezado por Juan Manuel Santos.

Las autoridades cubanas expresamente establecieron como condición a la delegación del ELN que se atuviera estrictamente al único propósito de su presencia en la mayor de las Antillas: negociar la paz en Colombia.

A fines de mayo de 2018, ambas partes trasladaron a Cuba el interés de que el sexto ciclo de conversaciones se efectuara en La Habana entre el 20 de junio y el 1 agosto de 2018, lo cual fue anunciado en un comunicado conjunto.

A raíz del atentado del 17 de enero contra la Escuela de Cadetes de la Policía General Francisco de Paula Santander, con saldo de más de una veintena de muertos y casi 70 heridos, el presidente Miguel Díaz-Canel manifestó las condolencias a Duque y ratificó que la mayor de las Antillas rechaza los actos, métodos y prácticas terroristas en todas sus formas y manifestaciones.

Un mensaje similar fue emitido por el canciller Bruno Rodríguez en su cuenta en la red social Twitter.

Al anunciarse la decisión de Duque de romper las conversaciones, Cuba respetó la postura del mandatario, y a la vez reiteró que actuaría con estricto apego a los protocolos.

REACCIONES

Más allá de posiciones políticas, resulta difícil encontrar voces que aboguen con argumentos sólidos por el desconocimiento de los acuerdos, por lo que significaría desde el punto de vista del Derecho Internacional y los principios aceptados a escala global de solución pacífica de controversias.

Los Protocolos de ruptura tienen una fundamentación jurídica y reflejan los pasos a seguir ante la posibilidad de que no funcione la negociación, representando en este caso un compromiso asumido por el Estado colombiano, al margen de si fueron suscritos por uno u otro gobierno.

Ayer, el investigador y profesor universitario colombiano Rodrigo Uprimny publicó en el periódico El Espectador el artículo Una diplomacia sin protocolo, en el que llamó a respetar lo pactado.

El jurista condenó el atentado reivindicado por el ELN, pero advirtió que ese atroz hecho no justifica que el gobierno de Duque pretenda que Cuba capture y entregue a los negociadores de la guerrilla, pues eso incumple el protocolo firmado.

Sin los mismos ningún proceso de paz es posible, ni ningún tercer país aceptaría ser garante o sede de unas negociaciones de paz, insistió.

Uprimny recordó el respeto de anteriores gobiernos de Colombia a tales documentos, incluyendo a Álvaro Uribe, quien ‘adelantó con el ELN varias rondas de negociación en La Habana y en Caracas’.

‘Cuando las conversaciones terminaron aplicó un protocolo para el traslado con garantías de los comandantes del ELN a Colombia. ¿Por qué en ese momento eso fue posible y ahora parece imposible?’, cuestionó.

Para el autor del artículo, debe resultar sencillo comprender que aunque el acuerdo fue firmado por el gobierno de Santos, es el Estado colombiano como un todo responsable de respetarlo.

Otras voces dentro de Colombia se han sumado al reclamo de total apego a los acuerdos que en su momento hicieron posible el comienzo de las pláticas para poner fin a décadas de conflicto.

También el excomisionado de Paz y exministro de Defensa y de Trabajo Rafael Pardo se refirió a la importancia de que la Casa de Nariño no desconozca los pactos y tratados internacionales suscritos por anteriores ejecutivos.

Por su parte, Frank Pearl, otrora negociador del gobierno con la guerrilla, consideró respetable la decisión de Duque de levantarse de la mesa tras el atentado, sin embargo, alertó acerca de la necesidad de cumplir los protocolos.

Pearl recordó que en todos los procesos de paz se definen mecanismos para actuar en caso de ruptura, entre ellos el de Tlaxcala en México y el del Caguán, en la propia Colombia.

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