agosto 18, 2026

La agenda imperialista

América Latina vive momentos cruciales. La ofensiva de Estados Unidos se ha traducido en hechos concretos, que desde luego no son nuevos. Al sabotaje económico y el chantaje político sostenido —a lo que en su momento se llamó guerra de baja intensidad—, se han sumado ahora acciones directas que colocan a la administración de Donald Trump como la protagonista central de las acciones más oprobiosas y detestables.

El pueblo venezolano ha vuelto a vivir el jueves una intensa jornada de movilizaciones denunciando el sabotaje y la barbarie de EEUU, que pretende repetir —como lo han señalado distintos analistas— el “modelo libio” para acabar con el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro. Los trabajadores de PDVSA han salido a defender sus recursos naturales y a denunciar ante el mundo la agresión imperial.

La conspiración interna, la desestabilización del gobierno legalmente constituido, la creación de un gobierno paralelo, la intervención y finalmente la apropiación de los recursos naturales, es la síntesis de la fórmula que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN impulsaron para derrocar, de la manera más cobarde y ruin, al gobierno de Muamar el Gadafi. Allí, como en Venezuela, la ambición de las grandes empresas norteamericanas por el petróleo se impuso por la fuerza de las balas y la intervención de fuerzas extranjeras. Tras esto último y la masacre vino el saqueo inmisericorde.

Libia era un país tranquilo y próspero que se animó a enfrentarse al imperio y sus aliados en distintos escenarios. El mundo supo entonces del Presidente libio como un amigo seguro de los países en desarrollo, de las revoluciones liberadoras y de las auténticas democracias progresistas en el mundo, suficientes razones para incomodar a los gendarmes del planeta: los EEUU de Norteamérica.

Los indicadores políticos muestran que Washington decidió emprender una ofensiva en América Latina, como lo destaca la propia prensa estadounidense. La decisión de Trump de poner nuevamente sus ojos sobre Latinoamérica deja en evidencia —no sólo en el caso venezolano, sino también cubano— que intensificó sus acciones para sabotear la Revolución de los hombres libres. Después de Cuba viene Nicaragua y quienes se pongan al frente, han señalado fuentes de la Casa Blanca.

“El intento de la administración Trump de sacar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, del poder marcan un nuevo paso en la implementación del plan para reforzar el control sobre América Latina y frenar la influencia de Rusia y China en la región”, escribió The Wall Street Journal (WSJ), según la agencia rusa Sputnik, que ayer tituló: “El intento de EEUU de sacar a Maduro del poder es parte del plan para remodelar América Latina”.

La ruta crítica planteada por Trump pasa por Caracas, donde espera tener éxito a partir de las grandes cantidades de dinero que ha comenzado a “invertir” en un presidente impostor, Juan Guaidó, y en acciones de amedrentamiento militar que desata con la ayuda del Gobierno colombiano en la región. Las acciones de seguidismo a Estados Unidos no se han dejado esperar por parte de la ultraderecha europea expresada en el Parlamento del viejo mundo, que no ha dudado en hacerle coro a Trump y exigir elecciones en Venezuela. Olvidan Trump y sus aliados que la Revolución bolivariana se asienta en una base social con alta conciencia política, antiimperialista y patriótica.

El mundo democrático y progresista no sólo clama por el diálogo y la paz, sino por el respeto a la dignidad y la soberanía del pueblo de Chávez.

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