abril 16, 2021

El servilismo de la oposición

La oposición boliviana se frota las manos cuando deposita todas sus esperanzas de volver al gobierno con el apoyo de los factores externos de poder, llámese OEA, Grupo de Lima, Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y obviamente los Estados Unidos.

Tal como viene ocurriendo con Venezuela, donde existe un presidente 2.0 impuesto por los Estados Unidos y reconocido por los países que aplican un modelo neoliberal que está acrecentando los niveles de desigualdad social, todos los candidatos de la oposición pretenden ingresar a una competencia electoral previa venia de EE.UU. y sin la participación del binomio Evo Morales-Álvaro García Linera.

Con ese objetivo, violando los más elementales criterios de soberanía política y además faltando a la verdad histórica, la derecha busca apoyarse en dos instrumentos: una activación de la Carta Democrática Interamericana sobre el supuesto quiebre del orden democrático en Bolivia y un informe de la CIDH que establezca que la reelección no es un derecho humano.

En el primer caso, el punto de partida es una verdadera falacia que la pone de manifiesto hasta la propia derecha, pues se han registrado ocho partidos para las elecciones (pluralismo político), lo que implica asumir que la gente irá a sufragar en octubre próximo (elecciones periódicas), cuenta con medios de comunicación y en las redes dice lo que se les antoja (libertad de expresión), entre otros de los requisitos para calificar de democrático a un país.

En el segundo, es evidente que el informe de la Comisión de Venecia, encargada por el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, para fundamentar su rechazo a la figura de la reelección indefinida, va en sentido contrario a lo que establece la Convención Americana en sus artículos 23 y 24 que sirvió de fundamento de la sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional del 28 de noviembre de 2017.

Pero, bueno, de eso ya se ha debatido bastante en el país y está visto que los argumentos jurídicos no sirven pues se está ante una disputa política que va más allá del campo electoral y legal.

En realidad, la posición de la oposición es funcional, cuando no, al proyecto estadounidense de recuperar el control de América Latina y el Caribe, como una condición fundamental en su disputa geopolítica mundial con China y Rusia, pero también con Turquía, Irán y la India. En el caso hipotético de que la derecha volviese, la factura será demasiado lesiva para Bolivia.

Y ese afán estadounidense de recuperar la región está relacionada, como no podía ser de otra manera, con el acceso a los recursos naturales y su explotación de parte de las transnacionales. Y conecta con los intereses de la derecha que históricamente siempre se ha beneficiado de la administración del Estado con fines privados. De ahí que no es ideologizado afirmar que la derecha boliviana forma parte del proyecto de reprivatización y de concentración de la riqueza en pocas manos, como bien se encarga de comprobar lo que Macri hace en la Argentina.

Por eso hay que subrayar que son intereses imperiales, desde dentro y fuera, lo que alimenta a la oposición a pedir el auxilio de EE.UU. y sus instituciones para querer ganar desde afuera lo que no pueden desde adentro.

Be the first to comment

Deja un comentario