agosto 18, 2026

Por la paz y la no intervención

La lucha por la paz y la no intervención en Venezuela se ha convertido en un tema de urgencia para toda América Latina. El fantasma de la guerra, de una cruenta y prolongada, amenaza hoy la paz en la región y todo con el pretexto de la “ayuda humanitaria”, el mismo pretexto que se empleó de parte de Estados Unidos para intervenir anteriormente en otras partes del mundo.

El plan de intervención militar estadounidense está ahí, vivito y coleando como popularmente se dice. Si no se ha activado es por razones ajenas a los deseos imperiales y tiene más bien que ver con que los cálculos de Trump y sus seguidores no se han concretado. Les ha fallado, hasta ahora, su plan de provocar una división de las fuerzas armadas bolivarianas y de desencadenar una implosión en la sociedad venezolana. Les ha fallado los planes de adhesión de otros gobiernos que no sean sus títeres latinoamericanos y algunos europeos.

Eso quiere decir que la lucha por la paz y la no intervención ha sido asumida por la mayor parte de los venezolanos y venezolanas, incluso por quienes no comparten con el gobierno de Nicolás Maduro, pero que no están de acuerdo con que la amenaza o empleo de las armas sea la forma de imponer un presidente o un nuevo tipo de gobierno. Y también quiere decir que en otras partes del mundo tampoco se ve con buenos ojos la salida a la crisis política por la vía de las armas.

Sin embargo, el peligro persiste. Estados Unidos ha puesto todo sobre la mesa y es poco probable que vaya a retroceder. En todos estos años de conspiración contra la Revolución Bolivariana nunca había fabricado un presidente ni mucho menos había chantajeado a otros países para que lo reconocieran. De ahí que el peligro de desatar la guerra aún exista.

La respuesta a los tambores de guerra es hacer sonar los tambores de la paz, tal como se proclamó en el encuentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en La Habana en 2014. Hoy más que nunca se hace necesario levantar las banderas de ese encuentro.

No es muy difícil que EE.UU. desate la furia de las armas, pero lo que será difícil es detener las consecuencias diversas que producirá. La región se convulsionará y nos introduciremos a un contexto de inestabilidad de la mayor parte de los gobiernos, particularmente de los que sumisamente se están prestando a apoyar la locura de Trump.

La lucha por la paz y la no intervención, es una lucha contra la guerra, que debe aglutinar a todos y todas que habitan América Latina y el Caribe, independientemente de las diferencias políticas que se tengan, tal como ha señalado el presidente Evo Morales a través de su cuenta twitter en la mañana del viernes pasado.

Desde este espacio de La Época hacemos un llamado a que nos sumemos a la demanda de paz para Venezuela y América Latina. Apoyamos el pronunciamiento del Capítulo Boliviano de la Red de Intelectuales, Artistas y Activistas en Defensa de la Humanidad. Que los problemas internos de la patria de Bolívar sean encarados y resueltos por los venezolanos y venezolanas, sin ningún tipo de injerencia. Pedir la paz es respaldar todos los esfuerzos que se hacen para encontrar el camino del diálogo y una salida democrática en el marco de la Constitución Bolivariana.

No hay lugar para la duda. Los que no apoyan a la revolución venezolana deben elegir entre disentir a través de las armas de la paz o ser cómplices de los planes intervencionistas y golpistas estadounidenses. Si optan por lo último, serán iguales a los que provocaron muertes, desaparecidos y perseguidos en la década de los 70 a través de la Operación Cóndor.
Desde el campo popular, patriótico y ciudadano no tenemos duda, Hay que hacer sonar los tambores de la paz y la no intervención.

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