Varios medios de comunicación internacionales advierten que la Argentina, presidida por Mauricio Macri, está al borde del colapso económico a pesar del rescate financiero de 50.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI).
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) explica que la grave crisis se debe a su nivel de endeudamiento, que aumentó 20 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) entre 2017 y el segundo trimestre de 2018, alcanzando una deuda pública de 77,4% del PIB.
Uno de los sectores más golpeados es el de los pequeños y medianos comerciantes. En los últimos tres años se cerraron 28 mil quioscos en todo el país, pero principalmente en la ciudad de Buenos Aires, como consecuencia de los alquileres altos, el aumento de tarifas de servicios e impuestos y la fuerte caída del consumo. Pero el golpe también alcanza a grandes empresarios, que piden la intervención del Estado para solucionar sus problemas.
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El rostro más preocupante es la pobreza que llega al 33,6% de la población, al que se suma que un 6,1% está en la indigencia. En términos numéricos, 13,2 millones de personas viven en la pobreza y 2,4 millones en la indigencia. Estos números reflejan que millones no tienen empleo y carecen de dinero para sostener a sus familias, lo que representa un severo retroceso en relación al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Recordemos que el anterior Gobierno privilegió las medidas de alcance social y el subsidio de las tarifas de luz, gas, agua, transporte y combustible, cuyos beneficiarios ahora no pueden soportar las duras medidas económicas dictadas por Macri. Ahora, un tercio de los salarios se va al pago de los servicios.
Como parte de la cotidianidad, miles de ciudadanos salen a las calles a protestar en Buenos Aires y otras ciudades por “tierra, techo y trabajo”, contra el hambre, los tarifazos y para que sea declarada la emergencia alimentaria ante la dramática situación social del pueblo que no tiene recursos para sostenerse. Los comedores populares no se dan abasto ante el creciente número de pobres que buscan comida.
Los bonaerenses volvieron a recurrir al trueque, tal como ocurrió durante la grave crisis del período 2001-2002, debido a la falta de fuentes de empleo y la inflación galopante. Una estrategia muy argentina en los tiempos de crisis.
El Gobierno no puede enfrentar la desvalorización del peso, la inflación, devaluación y la recesión fulminante que está provocando quiebras de empresas, convocatorias de acreedores, cierre de locales comerciales y despidos.
El Ejecutivo, conformado por tecnócratas graduados en universidades del exterior, se ocupó de endeudar la Argentina, de velar por las ganancias de los empresarios, principalmente de la banca; se ocupó de pagar las acreencias a los fondos buitres y de retornar a los dictados de organismos internacionales.
Para controlar la inflación y mantener la divisa estable, Macri designó al profesor de Harvard Federico Sturzenegger como presidente del Banco Central, pero este renunció luego de que los números le fueron adversos. Después nombró a Luis Caputo, “el Messi de los mercados cambiarios”, que se fue dando un portazo por los magros resultados.
Los números se estancaron en rojo y los que más sufren estos efectos son los que no tienen lo suficiente para comprar lo que se necesita. ¿Dónde quedó la promesa presidencial de Macri de alcanzar una pobreza cero en la Argentina? ¿Dónde quedó el ofrecimiento electoral de poner orden en las cuentas públicas y encauzarlas hacia un crecimiento sostenido? El experimento neoliberal está llevando a la destrucción de la economía, el masivo cierre de empresas y el crecimiento imparable de la pobreza.
¿Quo vadis Argentina?

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