septiembre 12, 2026

Crisis civilizatoria de la geocultura capitalista liberal moderna


Por Rosario Aquím Chávez-.


Cuando hablamos de ‘liberalismo’, es necesario mencionar que estamos hablando de una tradición que no se resume al trabajo intelectual de un solo autor o sus seguidores o detractores, sino que se trata de una amplia gama de ideas, en muchos casos contradictorias entre sí, “que van desde Locke hasta Tocqueville, de Kant a Stuart Mill y de Dewey a von Hayek” [1]. Según Bobbio, “Como teoría económica, el liberalismo es partidario de la economía de mercado; como teoría política es simpatizante del estado que gobierna lo menos posible o, como se dice hoy, del Estado mínimo (reducido al mínimo indispensable)” [2]. Desde este punto de vista, el límite que el Estado liberal no debe violentar es el libre mercado. Sin embargo, como se puede apreciar empíricamente, no existe sociedad liberal, en la que no haya habido una mayor o menor interferencia del Estado, o donde el Estado no haya desarrollado un gigantesco tamaño.

“Así, cuando digamos que el liberalismo es defensor de la economía de mercado y del estado mínimo, lo que queremos decir es que el liberalismo protege la propiedad privada, incluyendo la propiedad privada de los medios de producción: ergo protege la existencia de un mercado de trabajo: procura un estado de poderes limitados (Estado de derecho o constitucional); y se inclina por un Estado de funciones limitadas (Estado mínimo en la acepción moderna)” [3].

Marx, en su libro Sobre la Cuestión judía, critica los efectos del paradigma liberal, en la relación entre la emancipación política y la emancipación humana. La emancipación política liberal consiste en que el Estado logra librarse de sus límites, pero el humano no. El humano sigue siendo un “sujeto-sujetado” a las premisas de la vida egoísta, que lo obligan a vivir en la dicotomía de sentirse, por un lado, imaginariamente parte de un ser colectivo y, por otro, concreta y realmente un individuo-particular, que se considera a sí mismo y a los otros, como simple medio en manos de poderes extraños. En este contexto, el Estado aparece como una especie de mediador, entre el hombre y su libertad.

La libertad, uno de los grandes utopos de la geocultura capitalista liberal moderna, ha agotado su fuerza discursiva. Esta libertad, absolutamente irrealizable; este gran mito garantizado en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano ha perdido su poder civilizatorio, porque se ha reducido a ser una libertad, constituida en la soledad y el aislamiento del individuo-particular.

“En esta línea de pensamiento, el derecho del hombre a la libertad no se basa en la unión del hombre con el hombre, sino, por el contrario, en la separación del hombre en relación a sus semejantes. La libertad es el derecho a esa separación, ‘el derecho de un individuo delimitado, limitado a sí mismo’. Así, la aplicación práctica del derecho humano a la libertad es el derecho humano a la propiedad privada” [4].

Para Marx, este derecho de propiedad privada es medular en la sociedad liberal, ya que representa el derecho que tiene el individuo a disfrutar y disponer arbitrariamente de su patrimonio, independientemente de la sociedad y sin responsabilidad ante ella. Para la sociedad burguesa, la libertad individualista, ve en el otro, “no la realización de su libertad, sino su límite irrebasable” [5].

Para la geocultura capitalista liberal moderna, el individuo es el soporte de todo el orden social. Entidades como el estado, el mercado y la comunidad, no son más que productos de las interacciones en libertad de este individuo. Esta libertad individual, descansa en la privacidad íntima, “en el interior moral de cada persona física y en el económico de cada persona jurídica. Es justamente este repliegue hacia lo privado el que ha posibilitado el surgimiento de un sujeto que, (…) se satisface excluyendo más que incluyendo a sus congéneres” [6].

Cuando decimos que la fuerza discursiva del mito de la libertad se ha agotado, nos referimos no sólo a las formas cada vez más radicales que ha ido tomando el individualismo, sino y sobre todo a que la libertad del individuo, no se puede entender sin propiedad. La propiedad, es la condición de posibilidad de la libertad o, dicho de otra manera, libertad y propiedad son dos caras de la misma moneda.

“Ciertamente, la condición de propietario para el ejercicio de la libertad es casi tan antigua como la teoría política: aquel que no es dueño de su cuerpo (esclavo) no puede ser libre; quien no puede extender su propiedad más allá de sus manos (siervo) no puede ser libre; quien no puede plasmar su propiedad en una obra acabada y venderla (proletario) no puede ser libre. Y dado que un pueblo libre está formado de hombres libres, éste sólo puede ser formado por aquellos que tengan una igual propiedad y, por ende, una igual libertad” [7].

Lo que visibiliza esta crisis múltiple del sistema-mundo moderno, es el derrumbe del conjunto de creencias económicas, políticas, sociales y culturales que alimentaban la geocultura liberal capitalista. Sin embargo, y pese a la angustia y la incertidumbre en la cual se desenvuelve esta agonía, en las fuerzas de la resistencia y de la inconformidad, aún no hay indicios de cambio y de organización en torno a otro núcleo común de valores o modos de vida alternativos.

Los movimientos antisistémicos en los que se han concentrado las prácticas y el quehacer político, que han venido luchando desde hace más de 150 años por transformar las relaciones de poder, no han tenido la suficiente fuerza inspiradora de la necesidad de pensar los ejes articuladores de un nuevo paradigma civilizatorio. Lo que han conseguido, en la mayoría de los casos, es obtener el poder estatal, para realizar reformas que lo único que han logrado ha sido, reforzar el sistema por la vía de la inclusión, base fundamental de la geocultura liberal y de su definición de sociedad justa. Lo que han hecho es, reproducir la insignificancia de la lógica del poder, en lugar de construir el sueño de una nueva historia.


1 Ibídem. p. 97
2 Citado en Amadeo y Morresi p. 98 Bobbio, Norberto. El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica 1991
3 Ibídem. p. 98
4 Amadeo Javier y Morresi Sergio. Republicanismo y Marxismo. Filosofía Política Contemporánea. Controversias sobre civilización, imperio y ciudadanía. Atilio A. Borón. CLACSO. Buenos Aires, Argentina 2003 p. 99
5 Ibídem. p. 99
6 Ibídem. p. 99
7 Ibídem. p. 100

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