diciembre 2, 2020

Almagro o cómo convertir un organismo en un circo


Por Carla Espósito Guevara *-.


La OEA tiene un largo y oscuro historial de intervencionismo en la región y de apoyo a golpes de Estado. Fue siempre un Organismo al servicio de la doctrina Monroe, esa es su naturaleza, se creó para mantener el patio trasero e los EE.UU., pero nunca en su historia atravesó por una crisis institucional como la que hoy vive. La gestión del actual Secretario General, Luis Almagro, pasará a la historia por haber conducido a esta Organización al peor desprestigio de toda su historia.

El 9 de abril pasado el Consejo Permanente de la OEA, con el respaldo de 18 votos de 33 países votantes, reconoció a Gustavo Tarre, el enviado de la Asamblea Nacional Venezolana, como representante ante este Organismo.

Aunque el nombramiento de Embajadores es atribución exclusiva de los Ministerios de Relaciones Exteriores de los países, la Asamblea legislativa venezolana se atribuyó la tarea de “designar” a su representante ante este organismo, pasando por alto su propia Cancillería y las convenciones internacionales sobre derecho diplomático. Esta es la primera vez en la historia de la OEA en que su Consejo Permanente vota para reconocer a un representante sin el visto bueno del servicio exterior de su país.

Lejos de colaborar a resolver el conflicto venezolano, que debería ser la tarea de Almagro, el reconocimiento de Tarre como representante ante la OEA lo que está creando es una crisis institucional muy grave, pues sienta un precedente nefasto para la región de irrespeto a los acuerdos internacionales. Ahora cualquier poder del estado puede nombrar embajadores y los organismos podrán reconocerlos. Lo que significa que tendremos dos embajadores venezolanos ante el organismo, uno nombrado por el servicio exterior, Samuel Moncada, y otro nombrado por el poder legislativo venezolano, Gustavo Tarre. ¿A cuál escucharan los países? pues unos escucharan a Moncada y los otros a Tarre, según la conveniencia ideológica.

La actuación de Almagro, secundada por los países del grupo de Lima, está convirtiendo a la OEA en un verdadero circo, su parcialidad, las violaciones a la propia carta de la OEA, ahora la violación a las reglas mínimas del derecho internacional y del principio de no intervención, está haciendo de la OEA todo, menos un organismo creíble.

El escenario regional se trona entonces preocupante. Por un lado los países del grupo de Lima, se han ocupado de debilitar todos los organismos existentes en la región (UNASUR, CELAC, ahora la OEA) que mal, que mal, con fortalezas y debilidades, con luces y con sombras, sostenían el equilibrio democrático y la integración regional, mientras están creando otros foros como PROSUR, débiles, que no gozan de la legitimidad de todos los países e incapaces de resolver los conflictos regionales por la vía de dialogo, la paz y de los canales democráticos existentes en la región y esto tendrá consecuencias importantes para la región.

Con el retorno de la doctrina Monroe a la primera plana de agenda de la política exterior los Estados Unidos, la OEA está regresando también a su naturaleza geopolítica intervencionista y, parafraseando la famosa frase de Marx del 18 Brumario, antes lo hizo como tragedia y ahora lo hace como parodia.


* Socióloga.

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