noviembre 26, 2020

La respuesta que EE.UU. y la derecha boliviana merece

Editorial La Época-.

El senado de Estados Unidos ha aprobado una resolución por la que le pide al presidente Evo Morales respetar el resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando la propuesta de modificar el artículo 168 de la Constitución Política del Estado fue rechazada por un 51 por ciento.

La resolución de los senadores estadounidenses, impulsada por dos demócratas y un republicano, acompaña ese pedido específico con consideraciones políticas basadas en ideales democráticos liberales universalmente incorporados en las plataformas de organizaciones de derecha y centro, pero borradas en el campo de las prácticas que, en definitiva, es donde se contrasta la teoría con la realidad y se construyen relaciones de fuerza.

Es evidente que los senadores de ese país desconocen la Constitución de Bolivia y la propia Convención Americana que, hace décadas, no la quisieron suscribir por tener contenidos que en los hechos cuestionan la vigencia de los derechos humanos en un país que se presenta como su mayor defensor, pero que como muestran las torturas en la base ilegal de Guantánamo y el pedido de extradición de Julian Assange, de democrático no tiene nada. Los legisladores estadounidenses actúan bajo consigna de operadores de la oposición boliviana que apuestan a retomar el gobierno el siguiente año, para lo que deben tener a Evo Morales fuera de las elecciones de octubre de este año.

Como ya se había advertido desde las páginas de La Época, en un artículo escrito por Hugo Moldiz con el título ¿Estados Unidos intervendrá en las elecciones de Bolivia? (domingo 17 de marzo), la resolución plena del Senado se la veía venir luego que el 17 de enero pasado esos tres senadores —todos vinculados a la Fundación Cubano-Americana— la presentaran al Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de ese país. Lo demás era cumplir con el simple formalismo.

Como señala ese artículo, si bien Venezuela, Cuba y Nicaragua están en la primera línea de prioridad de ataque para la administración Trump, eso no significa que Bolivia se libre de recibir distintas formas de agresión de los Estados Unidos, en una línea de histórica intromisión en los asuntos internos de los países de América Latina.

La respuesta no puede ser solo la indignación. Eso ya se lo cuenta como algo obvio. La reacción de las organizaciones sociales, primero, y del gobierno, después, debe ser volcar una poderosa movilización que haga temblar los cimientos de la embajada de ese país, como señal de que Bolivia no es aquella sumisa y de baja autoestima que las autoridades estadounidenses conocieron antes de la llegada de Evo Morales, junto a lo que él representa, al gobierno en ese histórico 22 de enero de 2006. Esta agresión más que contra el gobierno de Evo Morales es contra el pueblo boliviano, que hace 14 años decidió seguir otro destino distinto al dictado desde EE.UU.

Esa respuesta a la Casa Blanca, categórica y contundente, será también una respuesta a la derecha boliviana, que pretende ganar las elecciones desde afuera, para lo cual de manera indigna ha dirigido una carta a Donald Trump, para que tome cartas contra Bolivia. Esa sumisión y dependencia de los Estados Unidos es parte de su gen constitutivo y no hay nada que pueda evitarlo. Es tal el odio de la derecha al presidente indígena que no le interesa acabar con la estabilidad del país con este tipo de solicitudes.

EE.UU. está haciendo lo que históricamente hizo. La derecha boliviana lo propio. No es a ellos sino a los bolivianos dignos, que estén a favor o no de Evo Morales, que les corresponde la tarea de levantar las banderas de defensa de nuestra soberanía política e independencia económica.

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