diciembre 3, 2020

La Policía en su hora crítica ¿Es posible aún una terapia reparadora?


Por Oscar Silva-.


No es historia nueva en nuestro país que dentro del efectivo policial se encuentren oficiales de diversa graduación involucrados en hechos delictivos. El pasado registra eventos como el atraco de Calamarca, o la banda de Blas, que junto a la cotidianidad denunciada sobre coimas exigidas por el agente de parada u otros hechos siempre relacionados con uniformados del verde olivo, ya forman parte del folklore institucional de la institución del orden.

Sin embargo, durante el último periodo, se han ido sumando las denuncias de manera alarmante, ya no solamente, al parecer como hechos aislados, sino que empieza a generarse la percepción que esta situación va más allá de la casualidad y que podría llegar a considerarse como una conducta cuasi institucional.

Poniendo en contexto, podremos señalar que la institución se encuentra en una hora crítica, puesto que se encuentra en entredicho ante la sociedad en su conjunto. Era sabido desde hace muchos años atrás que para ingresar a la Academia de Policías, no solo se necesitaba cumplir los requisitos formalmente exigidos, sino además un “empujoncito” de alguien con influencias o una suma de dinero seguramente considerable que garantice el ingreso.

Pero de ahí a imaginar que casi la totalidad de quienes habían logrado aprobar en la selección de postulantes de la última gestión habían pagado una cuota extraordinaria, totalmente ilegal, para garantizar su ingreso, hay una buena distancia que cuestiona la esencia misma de la carrera policial y, por tanto, de la propia institución. Si se inicia una carrera profesional de esa forma es previsible que el desarrollo de la misma tenga un desenlace de similares características, es decir, lo que mal empieza mal acaba.

El tema ya no pasa por realizar más diagnósticos de la institución, ni menos por justificaciones baladíes como la de señalar que los policías están mal pagados y por eso son presas fáciles de la corrupción, entre otras razones o causas para el actual descredito de la Policía.

La Policía es víctima de un cáncer que la está destruyendo por dentro y requiere de una cirugía mayor y un tratamiento intensivo sino se la quiere ver morir más pronto de lo que todos se imaginan. No solo porque ha perdido crédito en la ciudadanía en general, sino porque en su propio interior la lucha de poderes, los clanes internos, las familias y su relación con grupos delincuenciales civiles, la ha colocado en una situación de agonía, rumbo a su propia autodestrucción.

Los cambios de mando o los procesos de investigación internos, si bien pueden ser necesarios y justificados, no son suficientes en absoluto.
El gobierno ha intentado en los últimos años implementar acciones normativas y de otro orden con la finalidad de remediar los problemas por los que atraviesa la institución del orden, sin embargo, los m ismos no han sido suficientes, en algunos casos por que fueron intentos muy tímidos y, en otros, porque desde dentro de la propia institución se sabotearon estos intentos y se lograron que los mismos fuesen abortados antes de llegar a tocar la estructura corrupta de la institución.

No son malos ni corruptos todos los policías ni cosa parecida. Sería absurdo e irresponsable afirmar algo semejante. Existen oficiales y clases con un alto nivel de profesionalismo y con enormes valores éticos y morales, pero lamentablemente todo parece indicar que éstos han sido postergados y arrinconados dentro de su propia institución por una maraña cada vez más fuerte que articula desde dentro de la misma.

Nunca es tarde para hacer algo y, en este caso, el Estado a través de sus instancias correspondientes tiene la obligación de encarar de manera responsable y seria, pero a la vez urgente, este problema. Cerrar los ojos y afirmar que se trata de casos aislados es contribuir de manera irresponsable a que la institución se vaya destruyendo de manera irreversible.

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