diciembre 3, 2020

Déficit fiscal – la realidad y el romance de la inversión


Por Daniel Villarroel-.


Si hablamos de déficit fiscal en la actualidad, varios opinadores económicos establecieron, como es normal en un escenario de economía simple y pura, que este es resultado de una mala administración de los recursos del estado, dejando de lado la articulación real de los mercados y de cómo funcionan otros países o empresas. Esta forma de entender la economía nacional deja de lado los avances que se tuvieron durante los últimos años, tales como la promoción de la inversión pública que se convirtió en el principal motor de crecimiento y desarrollo.

La importancia de entender cómo funciona el déficit radica en la necesidad de poder determinar la cantidad de recursos necesarios para afrontar proyectos futuros o en todo caso cuantificar los recursos que permitirán afrontar las obligaciones a corto plazo, ya sean operativas o de inversión. Para esto es importante distinguir dos tipos de déficit: el corriente y el de inversión.

Hablar de un déficit corriente conlleva a entender que una empresa, un gobierno o una unidad familiar no logra conseguir los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas, gastos de operación o los gastos que comúnmente se realizan para el sostenimiento y normal funcionamiento de una unidad de negocio. Esta condición es aplicable a cualquier agente económico ya que los gastos de funcionamiento o de consumo estarán ligados a la capacidad de generación de ingresos para afrontar los mismos, siendo que al finalizar el ejercicio si este genera excedentes (superávit) podrá realizar la compra de algún activo ya sea una casa, una maquinaria o el establecimiento de una empresa.

En caso de que se decida por la compra de un activo fijo, si el superávit generado no es suficiente, el agente económico recurre a financiamiento por medio de un crédito bancario, el cual podrá ser cubierto en mensualidades toda vez que el superávit corriente permitirá el repago de la deuda, pudiendo inferir que tanto una empresa como una familia presenta un déficit el cual es cubierto por medio de deuda.

En base a los establecido, un déficit fiscal el cual es atribuible estrictamente a la política fiscal que lleva adelante el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP), conlleva los mismo supuestos que una empresa o un agente económico con la complejidad de adicionar aspectos relacionados a trasferencias corrientes y de capital que realiza a los distintos sectores de la economía.

Según datos publicados en la página web del MEFP, el déficit fiscal reportado al mes de septiembre de la gestión 2018 fue de Bs9.380 millones; sin embargo, se tuvo un superávit corriente de Bs16.077 millones, que representa un 20,6% de los ingresos generados.

Si bien, algunos analistas económicos persisten en que un déficit no puede diferenciarse como bueno o malo, en cierto grado es lógico ya que gastar mas de lo que se gana es contraproducente para cualquier economía, pero si se analiza cual la fuente y el destino del déficit podremos encontrar que los beneficios podrían superar a los obtenidos en el caso de generar superávit y limitarse a invertir en el orden de su disponibilidad; es decir, el rendimiento del capital es mayor al obtener un déficit fiscal por inversión que mantener un superávit corriente sin la posibilidad de que este pueda generar rendimientos.

Hablar de un déficit de inversión es hablar de un financiamiento a largo plazo que estará materializado en la formación bruta de capital, cuyo repago de la deuda estará garantizado por el superávit corriente generado durante el período que dure el préstamo.

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